Por Aleksandar Vuksanovic*

El objetivo fundamental de esta edición es, por un lado, el de agrupar la mayoría de los textos relevantes sobre el tema que durante años hemos ido publicando, y por el otro de estimular el distanciamiento de la política y la propaganda con la creación de un marco contextual imparcial (en la medida de lo posible) de la tragedia de Srebrenica que podría servir como una verdadera contribución a la futura paz, reconciliación y convivencia entre los serbios y musulmanes bosnios.

En una clara violación de leyes y costumbres de guerra, en julio de 1995 en Srebrenica y sus alrededores fueron fusilados centenares de prisioneros musulmanes. Nos desmarcamos y condenamos enérgicamente esta terrible masacre, solidarizándonos con todas las víctimas y sus familias, cualquiera que fuese su nacionalidad, religión o ideología política. Nosotros no cuestionamos el crimen cometido por un grupo de serbios sino pretendemos situarlo en su adecuado marco histórico, político y militar, añadiéndole una justa dimensión legal y moral.

En este contexto consideramos necesario expresar nuestro rechazo hacia la cualificación de “genocida” cuando se habla del pueblo serbio y de Republika Srpska (República Serbia de Bosnia) que fue fundada mucho antes del julio de 1995 y que es el único cobijo seguro para los serbios al oeste del río Drina.

Los Acuerdos de Dayton de 1995, reconociendo explícitamente Republika Srpska, reconocen internacionalmente la justa y exitosa lucha del pueblo serbio, negando cualquier dimensión criminal que podría haber contribuido a su creación.

Aparte de la intención de plantear un nuevo debate sobre Srebrenica donde participarían todas las partes implicadas, volviendo a examinar las circunstancias que lo rodearon, nuestro objetivo es también abrir el debate sobre las victimas serbias, completamente ignoradas aunque no menos numerosas que las musulmanas y cuyas aldeas que rodeaban el enclave “protegido y desmilitarizado” siguen siendo hoy, 17 años después de los trágicos acontecimientos en buena medida destruidas a pesar de toda la ayuda, tanto estatal como internacional, destinada a la zona de Srebrenica.

Únicamente admitiendo esta, hasta ahora ignorada dimensión del crimen, podremos ubicar los terribles acontecimientos de julio de 1995 en su justa dimensión moral y psicológica. Aunque no lo apoyamos y lo consideramos un acto de venganza también rechazamos frontalmente la existencia de un plan de exterminio de la comunidad musulmana en Bosnia y Herzegovina.

Además, al debate que pretendemos abrir sobre la tragedia ocurrida en Srebrenica, queremos añadir una dimensión más, la mediática.

Buscando únicamente su propio beneficio, los que supuestamente trajeron paz a Bosnia, continuamente silencian cualquier voz discordante calificándolo de “negacionista”, dando así alas a la parte más radical del pueblo musulmán que rechaza plenamente cualquier postura sobre Srebrenica que no acepta el uso del término “genocidio” o la que hace mención a las victimas serbias.

Este es el marco en el que nos encontramos hoy y el que pretendemos ampliar con esta edición, esperando que el fruto de este esfuerzo fuera la apertura del camino del diálogo, así como de reconciliación y convivencia pacífica entre los serbios y musulmanes bosnios.

SREBRENICA. CIUDAD SIN DIOS

*Aleksandar Vuksanovic es director de Semanarioserbio.com