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Cuando se va a “tocar los cojones” a un país soberano y solo se consigue hacer el ridículo

El ridículo hecho por el jefe de la diplomacia de la UE, Josep Borrell, en su vista a Moscú ha sido antológico. Tanto que ha provocado el berreo de toda la gusanera mediática, indignadísima por la “dureza” del Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, un auténtico primer espada de la política internacional: “Encerrona a Borrell en Moscú”, “Lavrov humilla a Borrell”, etc. dicen los titulares mediáticos...

Nada de eso es verdad, por supuesto, pero algo tendría que hacer el aparato de propaganda occidental para tapar que los rusos no se achantan ante la arrogancia y supremacismo moral de los charlatanes de la UE.

Las cosas son mucho más sencillas de lo que parecen, pero esa sencillez es lo que nos oculta la gusanera mediática que conforman los medios “libres” y sus amos de las castas oligárquicas políticas y económicas europeas.

A pesar de los grandes temas políticos, comerciales, culturales y geopolíticos que la UE debería discutir y acordar con la Federación de Rusia, el señor Borrell viajó a Moscú, todo presuntuoso y altivo a “tocar los cojones” al gobierno de Putin en su propia casa. ¿Cómo? Haciendo un disparatado viaje para defender a un delincuente como el presunto “opositor” Navalny, condenado por malversación, que incumple reiteradamente las normas de su libertad condicional, acostumbrado a fabricar toda clase de montajes (desde su envenenamiento hasta el fantasmagórico “palacio de Putin”) para desprestigiar al gobierno de su país, un personajillo sin oficio ni beneficio, un vago que no ha currado en su p… vida, que vive de la financiación de los servicios occidentales (ahí está la reunión de uno de sus cómplices con el MI6 británico para pedir “10 o 20 millones de libras” para conspirar contra el gobierno legítimo ruso) y responsable de convocar concentraciones sin pedir autorización intencionadamente para provocar disturbios, detenciones y división en la sociedad rusa.

El Sr. Borrell, representante de ese siniestro cenáculo con sede en Bruselas que es la UE, se “olvida” de la dramática situación en prisión del fundador de Wikileaks en el Reino Unido Julian Assange, del penoso vía crucis del pueblo saharaui ocupado por la tiranía de Rabat, mira para otro lado ante el genocidio del pueblo palestino o las agresiones de la entidad sionista a sus vecinos, mantiene un silencio culpable sobre la matanza de inocentes en Yemen, la destrucción de Libia, calla el apoyo a la dictadura corrupta de la junta de Kiev tras alimentar el golpe de Estado de 2014 o se olvida de las permanentes provocaciones a Rusia, rodeándola con tropas de la OTAN e intentando dañar su economía con una catarata creciente y sin fin de sanciones unilaterales, entre otros muchos ejemplos. Pues ese mismo Borrell se va a Moscú a decirle al gobierno ruso lo que tiene que hacer, y sin el más mínimo respeto a la legislación del país que le recibe, despreciando sus resoluciones judiciales, creyéndose que está por encima del Bien y del Mal, como buen supremacista occidental, exige a su contraparte en su casa que tiene que “liberar” al delincuente y a todos los que han violado las leyes porque así lo decide la UE… Dijo el enviado de la UE: "Mi visita coincide con el arresto y la condena de Alexei Navalny y de miles de manifestantes. Le he trasladado al ministro Lavrov nuestra profunda preocupación y he reiterado nuestro llamamiento para que sea puesto en libertad y se lance una investigación imparcial sobre su envenenamiento". Incluso pretendía visitar en la cárcel al delincuente opositor.

Hagan el ejercicio mental de ponerse en el lugar de Lavrov… ¿Qué otra cosa se merecía Borrell sino una buena cantidad de “tortazos” diplomáticos para bajar los humos de los chulos prepotente de Bruselas? Y eso es lo que ha pasado.

En una combativa rueda de prensa conjunta, el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, acusó a la UE de ser un "socio poco fiable" y de utilizar una doble vara de medir cuando critica la “vulneración” de los derechos humanos en Rusia y no ver esas mismas vulneraciones en sus países aliados o en la propia UE. El ministro ruso comentó las posibles sanciones de la UE por el caso del opositor ruso: "Tratamos esto como un asunto interno de la UE. Estamos acostumbrados a que la UE, recurra cada vez más a restricciones unilaterales que carecen de base legítima. Partimos de que la UE no es un socio fiable, por lo menos, en esta etapa". Lavrov representa a un país soberano y la UE no tiene ningún derecho a entrometerse en sus asuntos internos. Y como Borrell es catalán, Lavrov lo tenía fácil. Puso como ejemplo a los políticos separatistas catalanes, juzgados y condenados, o en rebeldía refugiados en otros países de la UE. Estas son las palabras del ministro ruso:

"Hay muchas situaciones en Europa en las que se sospecha de que los tribunales adoptan decisiones motivadas políticamente… las autoridades judiciales en Bélgica y Alemania pidieron a las autoridades españolas que cancelaran estas decisiones políticamente motivadas. Las autoridades españolas replicaron que tenían su propio sistema judicial y que no había que dudar de las decisiones que éste tomaba. Ante esto, España ha defendido su sistema judicial y ha pedido no dudar de sus decisiones. Eso es lo que queremos de Occidente en términos de reciprocidad".

Lo normal. Además, Lavrov se quejó de que se acusara a Rusia "sin base" de estar implicada de alguna forma en el referéndum ilegal catalán.

Borrell se quedó mudo y no intentó rebatir su argumentación. Después, Lavrov recordó como los países de la UE usan la violencia policial recordando la salvaje represión en Francia, Holanda, Bélgica o Alemania en recientes manifestaciones por las consecuencias sociales de la pandemia.

Para colmo, el jefe de la diplomacia de la UE se ha visto obligado a felicitar a Rusia por el éxito de su vacuna Sputnik V contra la Covid-19. "Ahora espero que la Agencia Europea del Medicamento pueda certificar la eficacia de esta vacuna para que se pueda usar también en los Estados miembros. Será una buena noticia porque nos enfrentamos a una escasez de vacunas y si hay otra fuente de suministro será bienvenida", ha dicho.

Más aún, para demostrar la fortaleza rusa, Moscú ha enviado un mensaje más drástico todavía. Coincidiendo con la vista de Borrell Rusia expulsó a tres diplomáticos de Alemania, Polonia y Suecia que, en su chulería supremacista, asistieron a las movilizaciones en apoyo de Alexei Navalny de los últimos días, que no tenían el permiso de las autoridades. La Cancillería rusa convocó a la embajadora sueca, el encargado de negocios de Polonia y el enviado de la Embajada alemana, a los que presentó una protesta en relación con el registró de la participación de sus subordinados en manifestaciones en Moscú y San Petersburgo el pasado 23 de enero en una clara injerencia en los asuntos internos de Rusia. "De acuerdo con la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, del 18 de abril de 1961, los diplomáticos que participaron en acciones ilegales fueron declarados personas no gratas" y "se les ordenó abandonar el territorio de la Federación de Rusia en un futuro próximo". El Ministerio de Exteriores de Rusia considera que esas acciones fueron "inaceptables" e "inapropiadas para su estatus diplomático" y espera que, en el futuro, los representantes de esos tres países de la UE respeten "estrictamente las normas del derecho internacional".

En fin, lastimoso el espectáculo que ha dado Josep Borrell y la UE, demostrándose, una vez más, que las instituciones de Bruselas no son más que un cadáver insepulto, cuyo hedor se hace cada vez más insoportable. Pero si el ridículo de Borrell ha sido antológico, no tardó en llegar el eco de ultratumba de la ministra de Asuntos Exteriores del gobierno español, Arancha González Laya, “respondiendo al ministro ruso”: "Recuerdo al ministro Lavrov que España es una de las 23 democracias plenas del mundo. Rusia está en el puesto 124 de 167 países". De nuevo, una hilarante muestra de supremacismo moral de las élites occidentales. Ellos hacen la lista de “democracias plenas”, se colocan en los primeros puestos y luego la van enseñando como si eso fuera prueba de algo. ¿Se lo creen o nos toman a todos por imbéciles?

Dijo la ministra: "En España no hay presos políticos. Hay políticos presos. Y espero que Alexei Navalny tenga la oportunidad de participar y hacer campaña en las próximas elecciones rusas como lo están haciendo los líderes independentistas catalanes que cumplen condena en España". Dicho esto, nos surgen preguntas…

  • Si los dirigentes separatistas catalanes no son presos políticos… es porque son presos comunes. Entonces ¿por qué se les permite participar en campañas electorales, ser electores y elegibles? ¿A qué otros presos comunes se les permite esto? Es decir, ¿por qué se les trata como presos políticos?
  • Si los dirigentes separatistas catalanes no son presos políticos… ¿Por qué Navalny, condenado por fraude y malversación de fondos, sí tiene que ser considerado preso político y no como preso común? ¿Por qué se opone a Putin?
  • ¿Por qué, por ejemplo, Julian Assange no puede ser considerado preso político?

¿Este es el rigor de quien dirige la diplomacia española? ¿Es maldad o es estulticia? No lo sabemos. Lo que sí es evidente es que es de un ridículo espantoso.

La imagen de arriba es bastante expresiva. Creo que no merece más comentarios. Cualquier lector sabrá interpretar lo que se ve… No sabemos que da más, si pena o risa.

El sentido figurado y coloquial de la palabra diplomacia nos remite a esas personas que poseen gran habilidad, sagacidad y cortesía interesada para conseguir un objetivo. A lo que hemos asistido en este hilarante episodio protagonizado por Borrell, acompañado después por los corifeos políticos de la UE y los gruñidos rabiosos de una prensa mendicante, no ha sido precisamente a un ejercicio de diplomacia, si no al ridículo espectáculo de unos chulos envalentonados a “tocar los cojones” y que tienen que huir con el rabo entre las piernas ante una lección de dignidad.

Entre lágrimas y risas, no dejan de retumbar por los rincones de Europa aquellas palabras del gran Groucho Marx: “Es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente”.

Por Juan Antonio Aguilar

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