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“La salida de la crisis: cómo y cuándo”. Éste es el título de la conferencia que Jesús Fernández-Villaverde, catedrático de Economía en la Universidad de Pensilvania, pronunció el pasado 21 de septiembre durante un encuentro de comunicación organizado en Madrid por el Club Empresarial ICADE y patrocinado por la Fundación Wellington.

El profesor Fernández-Villaverde, licenciado en Derecho y en Ciencias Económicas y Empresariales por ICADE (promoción de 1996), es, además, doctor en Economía por la Universidad de Minnesota y miembro de FEDEA (Fundación de Estudios de Economía Aplicada), de la NBER (The National Bureau of Economic Research), del denominado “Grupo de los Cien” y del consejo editorial de varias publicaciones acreditadas en el ámbito de la economía.

En su intervención, Fernández-Villaverde hizo una diagnosis perfecta de la crisis, tanto desde la perspectiva socioeconómica como desde la financiera y, en el fondo, más o menos similar a la que en los últimos tiempos han venido haciendo otros profesores y analistas especializados, proponiendo aplicar recetas de política económica “clásicas” y técnicamente contrastadas (por ejemplo, la reforma de la estructura institucional y  la reactivación de la economía productiva). Algo que, sin embargo, no parece estar de momento al alcance del Gobierno español.

Pero ante tan interesante exposición (se adjunta el documento original), que, como decimos, no deja de converger con la opinión de un gran número de profesionales independientes de reconocido prestigio, lo primero que cabe plantearse es la razón de su antagonismo con la posición gubernamental. Una política sobre la que, después de todo un año de recortes y tijeretazos mal medidos, inacción en lo fundamental y, en su caso, retrasos y decisiones contradictorias, es decir dando “palos de ciego” a diestro y siniestro, sólo cabe concluir que el equipo responsable “no sabe de la misa la media”.

El significado de este dicho popular no es otro que desarrollar un trabajo malamente por desconocimiento del oficio. Su origen se encuentra en el medievo, cuando la gran expansión de la religión cristiana obligaba a emplear en los oficios religiosos a sacristanes y monjes que, sin dominar el latín como los sacerdotes, mascullaban la misa para disimular su ignorancia, dando lugar al comentario jocoso del “no saber de la misa la media”.

Mucho ha evolucionado desde entonces el conocimiento humano y la propia realidad social, pero la expresión es perfectamente aplicable de forma generalizada a nuestros políticos actuales, sin duda con algunas honrosas excepciones. Hoy es habitual que los cargos ministeriales sean ocupados por personas carentes de la más mínima preparación para ejercer su labor específica, e incluso que cambian de responsabilidad de un día para otro por grande y complicada que esta sea; es decir, por personas de poca monta profesional que parecen y creen servir igual “para un roto que para un descosido”.

Del mismo modo que la religión se sirvió de “medios sacerdotes” para llegar con sus liturgias a todos los rincones posibles y expandir su poder espiritual, a pesar de la jocosidad con la que se les veía como ignorantes monaguillos venidos a más, los partidos políticos se sirven ahora de ministrillos de medio pelo que de vez en cuando celebran algún que otro acierto como si de su escasa sabiduría hubiera surgido el milagro. Pero no debemos olvidar que la mayoría de ellos realmente no saben de la misa la media y a veces son tan negados que, en vez de rodearse de colaboradores más preparados que les saquen las castañas del fuego, no permiten que nadie les haga sombra, porque la fama y el poder invaden su ego personal.

Una de las responsabilidades profesionales de Fernández-Villaverde que le mantiene muy vinculado a la realidad española, es la dirección de la Cátedra de FEDEA (auspiciada por Luis Ángel Rojo hace 25 años), en la que, según sus propias palabras, se intenta hacer un análisis objetivo, lo menos partidista posible, sobre la situación económica. En concreto, una de las tareas de su equipo consiste en elaborar un índice sobre la evolución de la economía, manejando muchas series econométricas distintas y utilizando métodos estadísticos modernos que permiten diagnosticar la situación y realizar análisis prospectivos.

Pues bien, vaya por delante que la conclusión más interesante de esos trabajos tiene un componente político evidente, hoy por hoy negado de forma práctica y contumaz por el Gobierno: “La crisis de España no es sólo el problema de la burbuja inmobiliaria. Más allá de la crisis coyuntural está una crisis estructural e institucional que requiere de cambios más profundos”.

MÁS PAÑOS CALIENTES PARA EL 2013

Pero es que, en paralelo, el balance macroeconómico del Ejercicio 2012 que han anticipado diversos medios de comunicación (por ejemplo “El País” 24/12/2012), no hace sino acreditar la conclusión del profesor Fernández-Villaverde. De hecho, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, deslizaba el 12 de diciembre en el Congresos de los Diputados el mensaje de que la economía puede ir a peor, tras un año plagado de recortes y reformas sin una acertada dirección política (“El Mundo” 13/12/2012): “Nos enfrentamos a un debilitamiento global de la economía, a una recesión importante en la zona euro y a una gran inestabilidad e incertidumbre de la que España no es ajena, habida cuenta de su difícil situación de partida”.

Cinco días más tarde, en una reunión Interparlamentaria del PP celebrada en Toledo, Rajoy ponía más paños calientes sobre la complicada situación socio-económica, tratando de buscar datos positivos realmente inexistentes ante la crudeza de la preocupante realidad del país. Reconociendo que 2013 será un año “muy complicado”, y con un nuevo paquete de reformas en ciernes sin especificar, alardeó de que “por fin” será “el año de la estabilización de nuestra economía; que terminará mejor de como va a empezar, y en el que tendremos fundadas esperanzas de creación de empleo para 2014”

Interprétense sus palabras en la habitual clave “marianista” de promesas falsas, mentiras ciertas, acciones timoratas y, en el fondo, falta de control de la crisis y de criterios para superarla, y pónganse en relación con la ausencia de los “cambios más profundos” necesarios en el análisis de Fernández-Villaverde (y en el de otros muchos especialistas prestigios) y saque el lector perspicaz sus propias conclusiones sobre lo que realmente nos va a deparar el próximo año. Con toda probabilidad más de lo mismo y en ración doble.

La realidad es que durante el 2012 el PIB ha seguido decreciendo (-1,6%), el número de parados ha pasado en cifras redondas de 5 a 6 millones (del 21% a más del 25% sobre la población activa), los parados registrados en el INEN han subido también aproximadamente de 4,4 millones a 5 millones, el déficit público previsible permanece en el -7%, la prima de riesgo se mantiene en la media de los 400 puntos básicos, la inflación continúa situada en torno al 3%, la deuda aumenta a cerca del 80%, etc…

Todo ello tras haber arremetido fiscal y laboralmente contra las clases menos favorecidas de la sociedad y “desmontando pieza por pieza el Estado social”, como ha reprochado Rubalcaba también en sede parlamentaria, hecha omisión por supuesto del mal gobierno previo socialista. En definitiva, y sin necesidad de mayor argumentación que la cantada por las cifras, sin saber, ni el Gobierno ni la Oposición, de la misa la media.

EL VERDADERO ORIGEN DEL PROBLEMA

El profesor Fernández-Villanueva advierte de forma tan sensata como ignorada por nuestra clase política que “el problema de la burbuja” no fue el dedicarse, por ejemplo, a construir casas innecesarias en mitad de Teruel, sino olvidar que España había llegado al límite de sus instituciones y de su modelo de crecimiento económico y que era necesario cambiar el país de una manera muy profunda.

En la época de la bonanza económica y el gasto desmesurado, no se tuvo la precaución (ni por parte del PP ni por la del PSOE) de sentar las bases del crecimiento a largo plazo, con lo que ahora hay que acometer una doble tarea: primero salir de la crisis coyuntural y, segundo, intentar sentar las bases del crecimiento a medio/largo plazo. Y esto, además, en una situación en la que el mundo ha cambiado y está cambiando de manera sustancial y a una gran velocidad, como argumenta Fernández-Villaverde, mientras los políticos españoles siguen mirándose el ombligo.

Las preguntas esenciales que plantea son estas: ¿Cuál es nuestra posición ante esta grave crisis coyuntural, pero también de agotamiento de nuestro modelo productivo en el largo plazo? ¿Qué va a hacer España ante una dinámica de cambio tan radical…?

Tras analizar algunas “ventajas” de España como país, básicamente que “somos capaces de hacer las cosas bien” (obviamente se refiere al ámbito empresarial y ciudadano más que al de la política), el profesor Fernández- Villaverde enumera una relación de problemas serios que condicionan la salida real de la crisis, no exhaustiva sino básica y que desde luego es imprescindible asumir y afrontar. Reproducidos literalmente en sus propias palabras, son estos:

1. Tenemos una estructura institucional que no funciona. Es un poco fuerte decirlo y quizás me hace ser un poco radical (algo que no va con mi personalidad, pues soy una persona muy conservadora, en el sentido tradicional del término, siempre un poco reacia a los cambios y a la idea de no seguir la tradición), pero creo que realmente en estos momentos estamos en una situación en la que hay que cambiar nuestra estructura institucional.

2. Tenemos un creciente dualismo de nuestra estructura económica. Era a lo que me refería antes con Zara: tenemos unas grandes empresas punteras, pero tenemos muchísimas empresas de baja productividad.

3. Tenemos un agudo envejecimiento demográfico, que es extraordinariamente grave.

4. Tenemos un fortísimo problema de endeudamiento privado.

5. Tenemos un altísimo déficit público, alrededor del 5% estructural. Este año cerraremos alrededor del 8%, pero estamos en medio de una recesión.

6. Tenemos lo que voy a llamar “una generación perdida”: 750.000 españoles que ni estudian ni trabajan ni hacen nada con su vida, excepto ver la televisión.

7. Y (personalmente creo que es lo más grave) un alto segmento de la población no ha interiorizado lo grave de nuestra situación y seguimos sin tener un gran consenso nacional acerca del profundo conjunto de reformas que necesitamos para solucionar los problemas de España.

A nuestro modo de ver, el primero de estos problemas (la necesidad de un cambio radical de la estructura institucional), representa justamente el “nudo gordiano” de la cuestión. Fernández-Villaverde señala al respecto: “España ha sufrido un abismal problema de liderazgo (de acción y conceptual) durante la última década. No es casualidad, sino la consecuencia de un mecanismo de selección de élites horrendo en los partidos políticos, en la alta Administración del Estado y en las distintas estructuras de la vida social y económica”.

La falta generalizada de preparación y conocimientos técnico-profesionales de la clase política (el no saber de la misa la media), asentada en una “partitocracia” radical, excluyente y anti social (en el fondo un sistema que encubre la “dictadura de los partidos” y, aún más, la de sus aparatos), dificulta como es evidente, cuando no lo impide, superar la crisis en sus afecciones del corto plazo, en sus aspectos de coyuntura. Pero la falta de liderazgo social, condicionado en esencia por las estructuras y el propio  funcionamiento de la política, es sin duda alguna el gran obstáculo para superar todos nuestros previsibles males futuros.

Un problemático horizonte de pobres perspectivas y graves amenazas, entre otras cosas por el gap (la “brecha”) diferencial que se está abriendo en todos los órdenes entre nuestro país y los más desarrollados, e incluso con otros muchos de economía emergente, maquillado por las fuerzas políticas ante la sociedad civil (quizás más por pura ignorancia que por malicia). La masiva emigración del empresariado más emprendedor y del capital humano más cualificado del país, no deja de ser una buena medida de su inmediata desertización económica e intelectual (la degradación política es todavía más evidente).

En las reformas estructurales e institucionales negadas de consuno por el PP y el PSOE (incluyendo la ley electoral, la ley de partidos y los reglamentos de las Cortes Generales), es donde radica la imposibilidad cierta de salir del grave atolladero en el que nos encontramos, sin perspectiva alguna de futuro. El actual sistema de partidos políticos “apalancados”, omnímodos y omnipresentes, pero en modo alguno omnisapientes, en una deriva brutal de falta de calidad y desprestigio social, es el “Maligno”, el “Gran Satán”, el origen causal de la actual espiral de deterioro general del país.

EL LIDERAZGO Y LA ESTRUCTURA INSTITUCIONAL

No es nuestra intención pontificar sobre el concepto de “liderazgo”, pero sí que conviene extraer de la mucha documentación existente sobre el tema alguna definición generalista.

Por ejemplo, la de Richard L. Daft, profesor de la Vanderbilt University (Nashville, Tennessee), quien define el liderazgo como: “La relación de influencia que ocurre entre los líderes y sus seguidores, mediante la cual las dos partes pretenden llegar a cambios y resultados reales que reflejen los propósitos que comparten. Los elementos básicos de esta definición son: líder, influencia, intención, responsabilidad, cambio, propósito compartido y seguidores” (La experiencia del liderazgo, Thomson Paraninfo, 2007).

Un apunte interesante sobre el tema sería considerar la diferencia entre el líder “legítimo” y el “ilegítimo”. En stricto sensu, el primero es aquella persona que adquiere el poder o la condición de líder de acuerdo con los procedimientos establecidos legalmente, mientras que el líder “ilegítimo” sería el que adquiere su autoridad a través del uso torticero de dicha legalidad o conculcándola directamente.

Sobre éste último cabe decir que ni siquiera se le debería considerar líder, puesto que una de las características del liderazgo es precisamente la capacidad de convocar y convencer y porque un “liderazgo por medio de la fuerza” o impuesto de cualquier forma indirecta no es otra cosa que la carencia del mismo. De hecho, el líder “ilegítimo” es inexistente en sí mismo, una pura contradicción, porque lo esencial  del “líder” es que tenga “seguidores”: sin seguidores no hay líder.

Ahora bien, ¿podemos considerar líder “legítimo” a quien no ha sido elegido directamente por sus seguidores; a quien, per se, no tiene seguidores…? Como es natural, no vamos a cuestionar frontalmente la democracia española, pero está claro que ni Rajoy ni sus predecesores en la Presidencia del Gobierno fueron elegidos directamente por quienes tendrían que ser soporte de su liderazgo: si no hay “elección específica” no hay “seguidores” y, como hemos dicho, sin estos no hay líder.

Cuando el votante de una circunscripción electoral concreta vota una lista cerrada e impuesta por el aparato de un partido para que, mediante una elección de segundo grado, todos los diputados elegidos de esa misma forma en el territorio nacional otorguen la Presidencia del Gobierno a persona ajena a su expresa decisión, es evidente que su “legitimidad” como “líder” queda en entredicho. Y más todavía si, además, el presidente en cuestión ha sido investido con los votos de otras formaciones políticas impropias.

¿Y qué decir de personas como Ana Botella (y otras muchas), que presiden una corporación de representación política al margen de la voluntad popular y como gratuita herencia del poder partitocrático…? ¿Es acaso este el tipo de liderazgo con el que vamos a afrontar nuestro problemático futuro…? ¿Son este tipo de personajes impuestos por la oligarquía política capaces de inspirar esperanzas y sueños y de asociar a los españoles en busca de un futuro mejor…? ¿Lo será, acaso, una Corona empeñada en que el sistema político y sus instituciones rechacen el menor proceso reformista…?

Zapatero, Rubalcaba, Chacón, Rajoy, Sáenz de Santamaría, Arenas y los demás… son absolutamente incapaces de ponerse en el lugar de las personas a las que teóricamente representan, aunque no de imponer a estas sus opiniones hueras y su falta de criterio. Como sabe cualquier experto en liderazgo, las personas se consideran y respetan entre sí conforme a un tratamiento recíproco: esa, y no otra, es la causa del desprestigio social que soporta nuestra actual clase política.

Pero sigamos la idea que Fernández-Villaverde tiene de la estructura institucional española. En su intervención, que ahora estamos comentando, pudimos escucharle este significativo lamento, que compartimos sin reserva alguna:

Si hay algo que me ha enfadado, en un sentido profundo de la palabra, durante los últimos cuatro años es que creo que hay un abismal problema de falta de liderazgo en España.

Hemos tenido dos Gobiernos, uno de un lado y otro del otro, que no han sabido afrontar los problemas, que se les han dicho las cosas una y otra vez y siempre se han pospuesto para el día siguiente. Las culpas son exactamente iguales para un lado y para el otro.

Y no solo es un problema de falta de acción; es un problema mucho más profundo, conceptual, de no entender realmente los problemas en los que estamos inmersos y de creer que con paños calientes esto se soluciona.

Y no es una casualidad que nos hayan tocado los Presidentes de Gobierno que hemos tenido. Es una consecuencia del proceso de selección de las élites políticas y sociales que es horrendo, que hay que cambiar. Es un proceso de selección en el cual tenemos unos partidos políticos muy cerrados, en los que lo que importa es la lealtad a los jefes y no el haber demostrado en algún momento una capacidad intelectual o profesional.

Tenemos una Alta Administración del Estado (y lo siento por aquellos de ustedes que sean funcionarios) que tiene un sistema de selección de personas que no es el que España necesita en el 2012. Y tenemos una estructura en la vida social y económica que ha sido capturada por los partidos políticos y que ha destrozado por completo nuestra capacidad de reaccionar ante nuestros problemas.

ANTEPONER EL INTERÉS PARTIDISTA AL INTERÉS DEL ESTADO

Realizando un análisis crítico de la forma ultra politizada en la que en España se eligen, por ejemplo, los gestores de entes tan puramente “administrativos” como los Ayuntamientos y los Rectorados de Universidad, y de la escasa profesionalidad con la que por esa causa se mal administran, Fernández-Villaverde llegaba a un caso concreto y sintomático:

Ayer miré la noticia del nombramiento de Elvira Rodríguez. Cuando uno pone el nombre de Elvira Rodríguez en Google Images, el hecho de que la primera imagen salga con un fondo del PP creo que ya lo dice todo.

Licenciada en CC Económicas por la Universidad Complutense de Madrid y Auditora del Estado, lo cual es un cargo importante, pero no está relacionado directamente con el Mercado de Valores; ha sido Directora General de Presupuestos en 1996, Secretaria de Estado de Presupuestos y Gastos, Ministra de Medio Ambiente, Consejera de Transportes, Presidenta de la Asamblea de Madrid y Senadora.

Todo muy bonito y fantástico. No sé si fue buena o mala Consejera de Transportes, o buena o mala Presidenta de la Asamblea de Madrid; lo que sí sé es que uno puede ser Presidente de la CNMV cuando cumple uno de los tres siguientes requisitos:

Es un jurista con experiencia en el mercado de valores;

Es un economista que sabe de mercados financieros;

Es una persona de la industria que lleva muchos años trabajando para los servicios financieros.

Elvira Rodríguez no cumple ninguna de las tres características. Y lo que es más importante: es una persona con una connotación política tan profunda que cómo le voy yo a explicar a un inversor extranjero, en Alemania o en EE.UU., que, si va a haber una OPA y la CNMV tiene que decidir si es adecuada o no, va a poner los intereses de los inversores por encima de los intereses de Cristóbal Montoro.

UN MENSAJE DE ESPERANZA

Después de pronunciarse sobre el resto de los “problemas” esenciales que conforman la “crisis global” de España, el profesor Fernández-Villaverde lanzaba este mensaje de “esperanza”:

España necesita básicamente tres cosas:

  • La fortaleza de entender lo que nos ocurre y de aceptar la realidad.
  • La determinación para efectuar todos los cambios que se precisan.
  • El sacrificio de saber que esto va a ser doloroso.

Si tenemos fortaleza, si tenemos determinación y si tenemos sacrificio ¿vamos a ser capaces de salir de esta situación? Sí; otros países han sido capaces de salir de situaciones mucho más difíciles.

Inglaterra cuando Margaret Thatcher gana las elecciones el 5 de mayo de 1971 está en una situación límite. Sin embargo Margaret Thatcher entiende que el Reino Unido tiene que ser la solución y acomete lo que hay que hacer. Un solo ejemplo brutal de la diferencia entre Rajoy y Margaret Thatcher:

  • Margaret Thatcher gana las elecciones el 5 de mayo; el 6 de mayo por la noche anuncia su Gobierno; el 8 de mayo por la mañana presenta su presupuesto.
  • Rajoy gana las elecciones el 20 de noviembre; anuncia su gobierno el 20 de diciembre y el presupuesto tiene que esperar hasta las elecciones andaluzas.

¿Necesita alguien decir algo más?

Otros países que han tenido crisis muy profundas han sido Suecia y Holanda.

  • Suecia se encontraba al principio de los 90 en una situación similar a la de España, con un gran boom inmobiliario y el sistema financiero colapsado por un problema fiscal gravísimo. Pero en Suecia hubo un gran consenso nacional para cambiar el país de arriba abajo y Suecia cambió profundamente. Lo hizo muy bien y hoy es uno de los países que menos ha sufrido la crisis (de hecho están creciendo al 4%, tan contentos.
  • Holanda, al principio de los 80, también tenía grandes problemas. También se sentaron y en buena parte lo sobrevivieron.

Mencionaba Alfredo Arahuetes que mis intervenciones públicas en la prensa, en las que intento ganar el mayor número posible de amigos (como ven) suelo hacerlas con Luis Garicano, que es profesor en el London School of Economics. Llamé ayer a Luis y le enseñé por Skype las transparencias. Me dijo: “Jesús, está muy bien la presentación, estoy de acuerdo con todo lo que dices, pero tienes que terminar con una idea positiva; tienes que decir que si hacemos lo que hay que hacer, se puede solucionar, pero hay que hacerlo”. Entonces, yo que soy un admirador del Reino Unido y de los británicos, pensé en un poema de Kypling, “IF”, que dice que, si tú eres capaz de una serie de cosas, “poseerás la tierra y todo lo que hay en ella”.

Y esto es lo que debemos tener en cuenta para España: que, si hacemos lo que hay que hacer, vamos a poder salir de esta; pero haciendo cambios simplemente cosméticos no vamos a poder salir, porque no es una crisis coyuntural, sino que se trata de algo mucho más profundo: es una crisis estructural de nuestra nación y de nuestro ordenamiento institucional.

Concluida la intervención del profesor Fernández-Villaverde con una cita de Joseph Rudyard Kypling, no parece ajena a sus comentarios, ni a los nuestros, esta otra de Platón, maestro de Aristóteles y fundador del la Academia de Atenas (el antecedente de las Universidades): “Marcharían mejor las cosas si cada cual se limitara a ejercer el oficio que le es conocido”.

Claro está que si la recomendación platónica fuera un mandato inapelable del destino, ni Rajoy ni Rodríguez Zapatero habrían sido presidentes del Gobierno; ni España tampoco sería el país de Europa con mayor número de políticos por cada mil habitantes. Según el estudio manejado por la propia Presidencia del Gobierno, del total de los 445.468 “cargos políticos” existentes en el conjunto de las administraciones públicas (funcionarios y personal facultativo o laboral aparte), más de 300.000 son “asilvestrados” por designación directa de los gobernantes: el triple que en Alemania, con el doble de población, y el doble que en Francia o Italia.

Esto es lo que hay.

(Leer:La salida de la crisis: cómo y cuándo”)

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