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En un artículo de opinión titulado “La corrupción revisitada”, publicado el pasado 6 de marzo en “El País”, Enrique Gil Calvo, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, describía la corrupción no como un fenómeno puntual de nuestra historia más reciente, sino como un factor sintomático arraigado en el actual Estado constitucional. Y afirmaba que para las generaciones maduras que han vivido la Transición, el síndrome de la corrupción ya resulta fastidioso “por reiterado, redundante y archisabido”, hasta el punto de padecer la familiar sensación del déjà vu, del retorno de lo ya vivido en tiempos pasados.

Dice Gil Calvo, que la corrupción política desatada en España hace veinte años, causa del mandato terminal del presidente González y de la primera gran crisis del PSOE, fue anatemizada por todas las fuerzas opositoras con tres palabras definitivas: paro, despilfarro y corrupción. Una especie de jaculatoria malévola que hoy se podría parafrasear aplicándola perfectamente al primer año del mandato presidencial de Rajoy, marcado de forma parecida por el paro, el empobrecimiento y la corrupción.

Los elementos coincidentes entre las dos “recrecidas” de la corrupción (la vivida durante el “felipismo” y la actual del “marianismo”), son evidentes: mayorías parlamentarias absolutas, extremada concentración del poder, financiación ilegal de los partidos políticos, proliferación de “conseguidores”, opacidad contable, guerra de trincheras periodísticas… Pero, sobre todo, ambas manifestaciones del fenómeno han conllevado la misma falta de respuesta por parte del poder político, con una triple y reiterada cerrazón para reconocer las evidencias publicadas, ofrecer explicaciones y asumir responsabilidades; y con tácticas defensivas también parecidas, basadas en el victimismo y, a veces, en la desvergonzada denuncia de una conspiración contra el Gobierno absolutamente imaginaria, llegando incluso a calificar de “golpe de Estado” las legítimas protestas ciudadanas contra la corrupción y la política antisocial de Rajoy.

Pero, a pesar de la similitud de los factores que subyacen en las dos crestas más escandalosas de la corrupción, la actual es mucho más preocupante en la medida que se trata de una “repetición” del fenómeno (lo sucedido en la última legislatura presidida por Felipe González fue algo “sobrevenido” en el nuevo régimen). Y también es más perniciosa, porque el descrédito que conlleva condiciona muy seriamente la superación de la crisis económica, acompañada con una situación agónica de las instituciones públicas.

La primera embestida de la corrupción (la generada con el PSOE), podía tener remedio porque entonces existía un partido de recambio razonable en la oposición (el PP). Pero hoy, y a fuerza de mostrarse intensivamente, la corrupción se ha convertido en una adicción insuperable y en una lacra de muy difícil erradicación, sin que exista una alternativa política capaz de asumir tal responsabilidad con un mínimo de credibilidad…

LA CORRUPCIÓN ABRASA AL GOBIERNO DE RAJOY

Mariano Rajoy está afrontando su segundo año de mandato presidencial bajo el estigma de una corrupción pública que, debido a su impunidad efectiva, ha venido progresado de forma geométrica (por supuesto desde hace bastantes años) hasta instituirse como un derecho adquirido o una “licencia de corrupción”, cuya consecuencia es la fatal tolerancia ciudadanía. Estamos, pues, ante “la banalización de la corrupción” -sostiene el profesor Gil Calvo-, dicho como lo diría la filósofa alemana de origen judío Hannah Arendt, especialista en “teórica de la política”, partidaria de la democracia “directa” frente a la “representativa” y pensadora tan respetada como influyente en el siglo XX.

Claro está que esta banalización de la corrupción, hoy palpable en España, tiene su origen en el mal gobierno y no en la naturaleza de los gobernados. Dante Alighieri, “il Sommo Poeta” de Italia (el Poeta Supremo), ya lo advirtió en el tránsito del Medioevo al Renacimiento: “Tú ves que el mundo es mezquino porque está mal gobernado, no porque nuestra naturaleza esté corrompida”.

Y esa es una percepción muy asentada en nuestra actual y más denigrante realidad que se podría remarcar con otra afirmación de Ortega y Gasset no menos acertada: “El encanallamiento no es otra cosa que la aceptación como estado habitual y constituido de una irregularidad, de algo que mientras se acepta sigue pareciendo indebido”. Pues en eso estamos, encanallados en la corrupción.

La situación es tan cierta que, dentro de un marco general extremadamente tenso y explosivo, la corrupción y el fraude se han convertido de forma progresiva en la segunda gran preocupación ciudadana, superada sólo por el paro. Es más, para el 40 por 100 de la población encuestada por el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) en su Barómetro del pasado mes de febrero (Estudio nº 2.978), esta lacra es “el principal problema que existe en España”. Una inquietud que se sitúa incluso por delante de las de índole económica, que ya es decir; y desde luego muy por delante de otras graves preocupaciones sociales relacionadas con el desgaste y la mala imagen de la clase política, con la asistencia sanitaria, el sistema educativo, la banca o la política de recortes…, que antes prevalecían sobre el fenómeno de la corrupción.

En línea con las preocupaciones ciudadanas más ciertas, el CIS aprecia también un aumento desbordante de quienes definen la situación política como “mala” o “muy mala” (un 85,7 por 100 de los encuestados, frente al 77,4 por 100 medido en enero). Con el añadido de que quienes la ven “buena” o “muy buena” ha bajado al 1,4 por 100, un porcentaje residual que prácticamente es la mitad del valor medido hace un mes, que ya era sólo del 2,6 por 100.

También crece el porcentaje de encuestados que perciben la situación económica como “mala” o “muy mala”, ya que ahora suman un 92,3 por 100, frente al 90,8 registrado en el mes de enero. Una percepción pesimista situada casi al límite de lo absoluto que se acompaña con el crecimiento progresivo de quienes ven el futuro económico igualmente sombrío, puesto que el 41,2 por 100 de los encuestados estiman que dentro de un año estaremos en peor situación económica (un 40,2 por 100 en enero), al tiempo que decrece el número de quienes opinan que mejorará, que rebaja el 19,2 por 100 del mes de enero al 14,5 registrado en el Barómetro de febrero.

LA NEFASTA PROYECCIÓN EXTERIOR DEL “CASO BÁRCENAS”

Nada más conocerse las revelaciones periodísticas que apuntaban al cobro por parte de la cúpula del PP de sobresueldos en negro durante al menos 20 años, el prestigioso “Financial Times” (03/02/2013) publicaba un durísimo editorial sobre el presidente Rajoy y la gestión del “caso Bárcenas”, titulado “Rajoy in crisis”, reclamando que se abriera al respecto “una investigación exhaustiva, transparente e independiente”.

El influyente rotativo de la City londinense señalaba con acierto que Rajoy “se enfrenta a la batalla de su vida”, considerando que “esta bomba [el ‘caso Bárcenas’] no podía haber detonado en peor momento”. Y añadía: “El gobierno tiene que llegar al fondo de todo este asunto, por ahora no probado, si quiere sobrevivir”.

Además, el diario británico calificaba de “insuficientes” la auditoria interna “superficial” que ya había presentado el PP y las propias explicaciones de Rajoy asegurando que todo lo publicado era “falso”. El editorial recordaba también que el extesorero del PP, Luis Bárcenas, ya estaba implicado en otro escándalo de financiación ilegal, el “caso Gürtel”.

El “Financial Times” cuestionaba la decisión del presidente del Gobierno español de publicitar su declaración de la renta y de patrimonio porque, en buena lógica, “no podrán probar los pagos secretos en efectivo”. Y concluía su llamativa editorial de forma ciertamente contundente: “España sigue luchando contra la crisis económica más desgarradora de la era democrática, en un momento en que casi todas sus instituciones, desde la monarquía hasta el poder judicial, muestran signos de putrefacción. Debe haber una investigación exhaustiva, transparente e independiente de las supuestas cuentas de Bárcenas. Ni el gobierno ni el país puede permitirse ninguna cosa inferior”.

Inmediatamente, el no menos prestigioso semanario internacional “The Economist”, publicaba otro editorial, titulado “Spain’s government: Another blow” (Otro golpe), centrado también en la ola de corrupción que sacudía España.

En él, se explicaban las diferentes acepciones de la palabra “chorizo” para aclarar a los lectores desconocedores del argot español que también designa a un “estafador o tramposo”, destacando que en las protestas en contra del gobierno de Rajoy muchos manifestantes blandían en sus manos barras de pan al tiempo que gritaban “There isn’t enough bread for so many chorizos!” (“¡No hay pan para tanto chorizo!”), frase que ha hecho fortuna entre los “indignados” españoles.

Este grito de protesta servía a “The Economist” para explicar el estado de shock de la sociedad española en relación al problema de la corrupción política. A continuación, recordaba las palabras de Rajoy negando de forma contundente haber “recibido o entregado dinero negro”, pero comentando también las declaraciones del exdiputado del PP Jorge Trias Sagnier en las que confirmaba la existencia de dichos pagos.

Después de explicar los pormenores del “caso Bárcenas”, el semanario se preguntaba si su escandalosa dimensión lograría “derribar al Gobierno de Rajoy”, señalando que la “lentitud” de la justicia española jugaría a favor del actual líder del PP. Para “The Economist”, ya no se trata de que pueda caer uno u otro partido en el Gobierno: el problema es que “los españoles han perdido el respeto a sus políticos”.

 

En ese sentido, el editorial recordaba los casos de corrupción que implican a CiU, al PSOE, al PSC o, incluso, a la Casa Real, con el “caso Urdangarin”. El semanario sostenía que “los indignados tienen más razones que nunca para estarlo” y pedía también “una investigación pública independiente” para restaurar la credibilidad del Gobierno, considerando que las explicaciones de Rajoy no eran “suficientes”.

“The Economist” remarcaba que “los españoles tienen el derecho a saber si las empresas de la construcción que inflaron la burbuja inmobiliaria financiaron al PP y, si es así, qué hubo a cambio”. Y concluía su editorial con esta recomendación: “El problema al que se enfrenta España es que la gente que puede acabar con este caos es la gente que lo creó. Junto a una investigación, Rajoy debería comenzar conversaciones con las demás formaciones para reformar el sistema de partidos. De otro modo, él y sus adversarios tradicionales pueden ahogarse en una ola de populismo”.

En ese marco proyectivo de la corrupción política en el exterior, el “caso Bárcenas” (que como siempre hemos sostenido en realidad es el “caso Gürtel-Bárcenas”) llegó de forma inmediata a las redacciones de los medios informativos de todo el mundo, difundiendo miles y miles de noticias de elaboración propia o “rebotadas” que transmitían una deplorable imagen de España, ciertamente tercermundista.

Así, la canallesca corrupción de España ha venido siendo noticia principal en los periódicos más conocidos de todos los continentes, como “The Wall Street Journal” y “Los Ángeles Times”; “Le Monde”, “Der Spiegel”, “The Guardian”, “Le Parisien” y “Público”; “Clarín”, “La Nación”, “El Tiempo”, “Excelsior”, “El Mercurio”, “Folha de Sao Paulo”… Y en multitud de cadenas televisivas (desde la CNN a la BBC, pasando por Euronews), o en las agencias de noticias (desde Reuters a TMNews), etcétera.

Por poner otro ejemplo de esta arrasadora contundencia informativa, baste recordar como el “Frankfurter Allgemeine Zeitung” (FAZ) denunciaba “el poco respeto por el servicio público” que tienen los políticos españoles, poniendo de ejemplo en contrario las recientes renuncias de la ministra de Educación de Alemania, Annette Schavan, por plagiar su tesis doctoral, y la de Benedicto XVI, al considerar que ya no tenía la fuerza necesaria para ejercer su mandato al frente de la Iglesia. El FAZ aprovechaba los últimos escándalos de corrupción que tan notoriamente afectan a la vida política española para lamentar la “falta de cultura de renuncia” que hay en nuestro país.

El prestigioso rotativo alemán señalaba que las dimisiones de Schavan y del Papa eran ejemplo de personalidades que han sabido poner “la estima por el servicio público" por encima del interés personal. Y, en contraposición, relataba lo que ocurre en España, donde los políticos se aferran al cargo y las dimisiones se ven “como un signo de debilidad”, recordando una frase muy utilizada en nuestro país: “Aquí no dimite ni Dios”.

El FAZ citaba de forma expresa el caso de la ministra de Sanidad, Ana Mato, salpicada por el escándalo de corrupción que, en relación con la “trama Gürtel”, afecta a su ya exmarido Jesús Sepúlveda. Y con cierta retranca irónica señalaba: “No piensa en dimitir. Dice que su exmarido llevaba la contabilidad”; considerando que esto sería, sin más, “causa de dimisión en un país democrático”.

A continuación, se señalaba que Ana Mato es “solo un pequeño elemento de un asunto de corrupción que amenaza con convertirse en el peor escándalo de la España democrática”, hablando de la evasión fiscal y de la financiación ilegal de partidos y afirmando que en España, durante años, “las relaciones de corrupción han sido práctica habitual”.

Con todo, el diario alemán denunciaba que el presidente del Gobierno había creado “una barrera” y que se envolvía en el “silencio oficial por el que Rajoy es célebre”. Y añadía al mismo tiempo que entre los españoles estaba creciendo la desconfianza hacia sus gobernantes y hacia la oposición, subrayando: “Nada es capaz de aclarar este escenario desolador”.

El artículo del FAZ citaba también las palabras del embajador de Estados Unidos en España, Alan Solomont, instando a que el “caso Bárcenas” se aclarara “agresivamente y rápidamente”. Dos conceptos que, según se decía en la información, “suenan raro” en España, donde prima el “después, despacio, sin agresividad”.

Pero el “Frankfurter Allgemeine Zeitung”, además de aludir a los políticos españoles, también hablaba de la Familia Real. El artículo recordaba la abdicación de la reina Beatriz de Holanda a favor de su hijo Guillermo, de 45 años (edad del príncipe Felipe), y se preguntaba si el rey Juan Carlos, “sacudido por los escándalos”, no debería “retroceder un poco” en favor de su hijo, “que ya no es un adolescente”.

LA CORRUPCIÓN EN ESPAÑA ALARMA A LA UNIÓN EUROPEA

Dando informativamente la vuelta al mundo, el caso de la corrupción en España también recaló en la Unión Europea, donde ha motivado un informe político interno de la Comisión en el que se advierte sobre las consecuencias negativas que puede tener el descrédito de los políticos, vinculándolo a la creciente ola de escándalos destapados en España, con especial referencia al “caso Bárcenas”.

El documento en cuestión, advierte: “Ese es solo el último de una serie de casos de corrupción de perfil alto, incluyendo uno contra el yerno del rey Juan Carlos. Como consecuencia, los españoles han perdido la confianza en su clase política”. Y aunque Bruselas considera “muy prematuro” aventurar si existen potenciales amenazas para la estabilidad del Gobierno, se señala que “la creciente frustración podría llevar a muchos españoles a una completa desconexión de la política”, subrayando como efecto colateral el retroceso en las encuestas de los dos grandes partidos, PP y PSOE.

Sobre todo, y al margen de las consecuencias políticas, el informe interno de la Comisión sostiene que “los inversores internacionales están siguiendo estrechamente la situación”, como también han venido constatando algunos Servicios de Inteligencia occidentales, incluido el CNI. “Junto con la reforma aún por concluir del sistema bancario y las incógnitas sobre la estructura institucional (reforma de la Administración local, reforma del Banco de España, creación de una autoridad fiscal independiente, división de poder con las comunidades e independencia de Cataluña) la corrupción es otro lastre para la confianza de los inversores en España”, señala de forma expresa el documento.

De hecho, y según han publicado algunos medios informativos españoles, el Gobierno admite que, sin haberse llegado a concretar de forma palpable, sí que existe en Europa una cierta inquietud por la estabilidad de España (que se refleja en la prima de riesgo) y de Italia (en este caso debido a su último proceso electoral).

No obstante, Bruselas ha mantenido hasta ahora un respetuoso silencio institucional, casi inexpugnable, sobre el estallido del “caso Bárcenas”. Así, se puede citar el ejemplo de una portavoz del presidente Durão Barroso, que en una rueda de prensa multitudinaria rehusó pronunciarse sobre el caso hasta en siete ocasiones distintas. Ante las insistentes preguntas de varios medios sobre si había preocupación en Bruselas o sobre la tensión social que pueden generar escándalos de ese tipo, la portavoz europea aseguró que la Comisión no ha mantenido contactos con España sobre esta cuestión, limitándose a responder, una y otra vez, que se trataba de “un asunto interno”, aunque otra alta fuente europea admitiera al respecto que “todo lo que eleve la inestabilidad es malo”.

Por su parte, el vicepresidente de la Comisión Europea y responsable de Asuntos Económicos, Olli Rehn, al ser preguntado también en Bruselas sobre el impacto de la corrupción en España (11/02/2013), manifestó con gran prudencia que el gobierno de Rajoy debía hacer “todo lo posible” para “aumentar la estabilidad” y seguir con los ajustes y las reformas. Dentro de esa línea, en Berlín, que es un centro emblemático del poder europeo, se reitera fielmente la letanía de Bruselas y se sostiene que el “caso Bárcenas” es un “asunto interno”.

Cierto es que Bruselas guarda silencio en público sobre los riesgos que entraña la situación. Pero, más allá de su escueto informe interno (uno más de los que se emiten “asépticamente” sobre la situación política de cada país) y de la prudencia con la que se pronuncian sus portavoces oficiales, es indiscutible que la corrupción política en España está generando una gran preocupación en las autoridades europeas.

Una alta fuente del Eurogrupo reconocía ante los periodistas destacados en Bruselas, de forma por supuesto un tanto discrecional, que “los riesgos políticos y sociales” (sin mayor concreción) podían considerarse el elemento más preocupante para la estabilidad del euro.

En París, esta preocupación se reflejaba de forma más abierta, apuntando incluso a cómo este tipo de fenómenos podían afectar a las negociaciones, entonces en marcha, sobre el presupuesto comunitario. Una fuente afecta al procedimiento afirmaba: “La negociación es más complicada por la situación interna en algún país, con todo lo relacionado con las elecciones en Italia y con el debilitamiento de la imagen de Rajoy en España”.

La realidad intrínseca del caso es que en los medios oficiales de Bruselas, y desde luego también en los más informales, el fenómeno español de la corrupción inquieta profundamente y genera una gran expectativa sobre su desenlace. En encuentros off the record con la prensa, fuentes europeas solventes admiten los riesgos que entraña la situación política española y cuestionan tanto la timorata defensa de Rajoy (afirmó que “todo es falso, salvo algunas cosas”) como la ausencia de dimisiones, indicando que “en cualquier país del Norte la situación sería diferente”. Y, además, lanzan esta significada denuncia: “Hace tiempo que los socios europeos ponen el énfasis en las obras faraónicas, en los kilómetros del tren de alta velocidad, en la inflación de aeropuertos: con ese tipo de escándalos es difícil ver cómo Madrid puede reclamar nuevos fondos regionales”.

EL EFECTO “RACIMO” DE LA CORRUPCIÓN POLÍTICA

El descrédito que conlleva esta situación de corrupción política insostenible, desmenuzado en su momento por el corresponsal de “El País” en Bruselas, Claudi Pérez, en una documentada crónica titulada “La Unión Europea alerta sobre los riesgos de la corrupción en España” (08/02/2013), se traduce en una serie de amenazas sobre el desdibujado proceso de salida de la crisis que se muestran de muchas formas y con el mismo efecto multiplicador de las “bombas  de racimo”. El análisis del periodista de “El País” concluía con tres párrafos bien ilustrativos al respecto:

Las fuentes consultadas advierten de dos consecuencias inmediatas de la corrupción: por un lado, la desconfianza de los socios hará que la tutela sobre España, que ha solicitado un rescate financiero de unos 40.000 millones, sea aún más exigente en adelante. Por otro, fuentes diplomáticas ponen en duda que el equipo de Rajoy pueda mantener el ritmo de las reformas: la corrupción pasará factura en forma de una mayor debilidad del Gobierno; el déficit de legitimidad puede dificultar el anuncio de los recortes pactados con Bruselas para 2014. El propio documento [el informe interno de la Comisión] advierte de que la corrupción quita fuerza a los primeros indicios de mejora --caída de la prima de riesgo, regreso de la inversión extranjera, alza de exportaciones y un cierto alivio en la situación fiscal--, que no se refleja aún en la economía real: “Los españoles siguen teniendo solo vagas e insatisfactorias promesas acerca de que las cosas van a mejorar en el último trimestre del año”.

Fuera de las fuentes oficiales, los analistas coinciden con el examen interno de Bruselas sobre los riesgos asociados a la escalada de corrupción. Daniel Gros, director del Centro Europeo de investigación Política, explica que el caso Bárcenas “llega en un momento muy malo”. “Si el proceso judicial confirma los indicios, cabe esperar dimisiones al más alto nivel por el bien del país. La cuantía de los ‘regalos’ no importa tanto como la mala impresión que causa todo lo relacionado con los sobres, y la sensación de que esto es solo la punta del iceberg”. En Berlín, Ansgar Belke, del influyente ‘think tank’ DIW, asegura que el caso “contribuye a aumentar la desconfianza creciente del Norte respecto a los Gobiernos y Parlamentos del Sur”, en lo que supone una especie de peligrosa confirmación de los peores prejuicios para con España. “Hemos visto lo mismo en Grecia, y en tiempos pasados lo vimos en Alemania. Pero en plena crisis, alimentar las percepciones negativas [respecto a la periferia de la eurozona] es un problema grave de cara a encontrar soluciones europeas. Además de las dimensiones internacionales, a nivel interno al Gobierno le va a costar mantener la velocidad de los ajustes, pese a que tanto Bruselas como Berlín son conscientes del gran esfuerzo que ha hecho España al respecto. De ahí que Merkel haya dado todo su apoyo a Rajoy”.

Javier Noya, investigador del Instituto Elcano y director del Observatorio de la marca España, considera que el caso Bárcenas es “devastador” para la imagen de España. “Llueve sobre mojado, y el hecho de que nadie espere una dimisión no hace más que alimentar ese tópico de los virtuosos del Norte y los pecadores del Sur. Tras el desastre que supuso el pinchazo de la burbuja, el deterioro de la marca España se había detenido últimamente: ahora vuelve hasta el punto de que hay quien traza paralelismos con la Italia de Berlusconi, algo inédito”. Noya habla de “crisis de legitimación” con los casos que afectan a la jefatura del Estado y a la presidencia del Gobierno: “Con estos escándalos se une a la prima de riesgo económica, por las dudas sobre la recuperación de la economía y la deuda, una prima de riesgo política que hasta ahora solo teníamos por el descontrol de las cuentas autonómicas y las tensiones nacionalistas”. Wolfgang Münchau, director de Eurointelligence, resume el embrollo con brillantez: “He visto muchos escándalos políticos. Este no es el peor, ni de lejos, pero probablemente es uno de los más peligrosos por las fechas y las circunstancias. No hay que subestimar la dimensión europea y financiera en todo esto. La historia aún no es lo suficientemente grande, pero lo será si salen más acusaciones a la superficie. Si Mariano Rajoy no puede aclarar el caso con rapidez, todo esto va a ser terriblemente duro”.

LA PERCEPCIÓN INTERIOR DE LA CORRUPCIÓN

Al inicio de esta Newsletter, y citando a Enrique Gil Calvo, advertíamos que, para las generaciones maduras, el síndrome de la corrupción ya resultaba fastidioso “por reiterado, redundante y archisabido”, habiéndose convertido en un auténtico déjà vu, una sensación de permanente retorno a lo vivido en tiempos pasados. Pero las nuevas generaciones también caminan por la misma senda perceptiva.

Los resultados de la 32 oleada del Barómetro del Real Instituto Elcano (BRIE), cuyo trabajo de campo se inició el pasado 31 de enero, es decir sin que todavía el “caso Bárcenas” hubiera “cuajado” mediáticamente, es bien significativo al respecto. Sobre todo porque nadie se atrevería a calificar al ente patrocinador como “anti-gubernamental”.

A la hora de valorar el nivel de corrupción existente en nuestro país, los encuestados en el BRIE creen que España es el país más corrupto de todos los incluidos en la lista referencial de siete, con una nota de 8,3 sobre un máximo de 10 y quedando por encima de Italia, Grecia, Marruecos, China, Francia y Alemania. Este dato revela cierta “distorsión de la realidad”, dado que los estudios internacionales señalan que España no es un país tan corrupto como Marruecos o China; corrección subjetiva que, como tal, evidencia el elevado grado de malestar social que produce el fenómeno de la corrupción.

Además, algo más de la mitad de los españoles (el 51,7 por 100) ven la corrupción política como el problema más grave para la imagen de España en el exterior. Un valor muy destacado frente al que en ese mismo sentido  el 19,1 por 100 de los encuestados asigna al paro y la pobreza; el 5,9 por 100  a los problemas del sistema financiero y el 4,1 por 100 a las huelgas y protestas ciudadanas.

Por otro lado, la edición del BRIE que comentamos señala también que el 47,9 por 100 de los españoles menores de 45 años (casi la mitad) se ha planteado seriamente la posibilidad de la emigración para mejorar sus condiciones de vida, alto porcentaje que incluso se eleva al 67 por 100 en el caso de los menores de 30 años. Pero, además de joven, la nueva emigración española también sería muy cualificada, dado que la disposición a salir al extranjero aumenta de forma significada a mayores niveles de formación (mientras que el porcentaje de los jóvenes con estudios primarios dispuestos a emigrar es del 35 por 100, entre los universitarios se incrementa hasta el 65 por 100).

LAMPONES Y SINVERGÜENZAS PARA DAR Y TOMAR

Hace tiempo, pero con el tema de la corrupción política ya en apogeo, Víctor  Lapuente Giné, profesor de Ciencia Política en el “Quality of Government Institute” de la Universidad de Gotemburgo (Suecia), explicaba en un artículo publicado en “El País” (27/03/2009), titulado “¿Por qué hay tanta corrupción en España?”, que la principal causa del fenómeno es el alto número de cargos de designación política existente en las instituciones nacionales, autonómicas y locales. Es decir, que, básicamente, la corrupción nace de las redes clientelares lampantes que lamentablemente viven, no de su propio esfuerzo, sino de que su partido gane las elecciones que vengan al caso.

De aquel acertado análisis, rescatamos un párrafo revelador, esencialmente coincidente con nuestra anterior afirmación de que la corrupción tiene su origen en el mal gobierno, más que en la naturaleza de los gobernados:

Como la literatura moderna sobre corrupción señala, las causas de la corrupción no hay que buscarlas en una "mala cultura" o en una regulación insuficiente, sino en la politización de las instituciones públicas. Las administraciones más proclives a la corrupción son aquéllas con un mayor número de empleados públicos que deben su cargo a un nombramiento político. Y aquí, el contraste entre España y los países europeos con niveles bajos de corrupción es significativo. En una ciudad europea de 100.000 a 500.000 habitantes puede haber, incluyendo al alcalde, dos o tres personas cuyo sueldo depende de que el partido X gane las elecciones. En España, el partido que controla un gobierno local puede nombrar multitud de altos cargos y asesores, y, a la vez, tejer una red de agencias y fundaciones con plena discreción en política de personal. En total, en una ciudad media española puede haber cientos de personas cuyos salarios dependen de que el partido X gane las elecciones.

Una percepción que en el transcurso de los últimos años se ha arraigado en la sociedad con enorme fuerza, incluso en sectores que pueden considerarse de militancia política. Sin ir más lejos, ahí está el artículo de Jesús López-Medel publicado esta misma semana en “El Mundo” (04/03/2013) con el título “Políticos honestos pero silentes”.

En él, este abogado del Estado, que fue diputado del PP en tres legislaturas (VI, VII y VIII) y colaborador cercano de Rajoy cuando este se encontraba al frente del Ministerio de Administraciones Públicas en el primer gobierno de Aznar (1996-1999), lamenta el deterioro que desde la Transición viene afectando a toda la clase política, pidiendo que quienes no están salpicados por la corrupción denuncien la situación. Y lanza este grito:

Ante tanto sinvergüenza, el pueblo, muy escandalizado y con muchos sacrificios, reclama urgentemente una regeneración. Más que hartazgo, siente ira. No pueden seguir los mismos dirigentes, mirando para otro lado o dando un titular o unas medidas que absolutamente nadie cree. Como un escándalo tapa al surgido dos días antes, la clave es aguantar.

¿CAMINAMOS HACIA UNA CATARSIS REGENERACIONISTA?

Y, por poner otro ejemplo de por dónde están yendo las cosas, el mismo día en que López-Medel publicaba su “lamento de parte”, el pasado lunes 4 de marzo, el conocido periodista y experimentado analista de la realidad política española Pablo Sebastián fue algo más allá en el digital que lidera personalmente, “República.Com”, colgando un artículo cuyo título lo decía todo: “El relevo de las tres ‘R’: Rey, Rajoy y Rubalcaba”. Tras describir el problemático panorama político y social del momento, incluida la crisis institucional, y señalar sus aspectos más conflictivos, apuntaba esta salida regeneracionista:

(…) En estas circunstancias la disyuntiva que se nos presenta es la siguiente: que siga todo como está, a riesgo de: que estallen otros y mayores escándalos en torno a la Corona o la figura del Rey, lo que nadie puede descartar; o que Bárcenas deje a los pies de los caballos a Rajoy ante los tribunales y la opinión pública; o que se produzca por la fuerza la ruptura del PSOE ante los ojos atónitos de Rubalcaba. O, por el contrario, que se retiren los tres por las buenas y den paso a renovados líderes que no tengan sobre sus espaldas pasados reprobables y que cuenten con prestigio y con la autoridad política y moral necesaria para pactar, reformar y sacar España de su actual postración.

Naturalmente, la decisión de estos relevos compete a cada uno de ellos y a sus entornos familiares, en el caso del Rey, y respectivos partidos, en el caso de Rajoy y Rubalcaba. Pero se está fraguando un sentimiento general de que ninguno de los tres está a la altura de las circunstancias. Y ese sentimiento no solo afecta a una gran mayoría de ciudadanos sino también a los electores de este país y de cada uno de los dos grandes partidos mencionados, tal y como lo revelan las encuestas actualmente.

Además, ninguna de las tres “R”, la del Rey, Rajoy y Rubalcaba, están hoy en condiciones de reconducir sus propias situaciones de crisis y conflicto en un tiempo récord, y corren el serio riesgo de aumentar los problemas para que incluso se pueda dar el caso de que los relevos hoy controlables sean, en un futuro no muy lejano, incontrolados y adornados de una grave desestabilización política general, lo que nos llevaría al escenario del temido gran rescate de España por parte de la UE, si es que la UE, en ese caso, soportara una crisis de semejante tamaño en España e Italia…

Como es natural, a muchos españoles estos relevos les pueden parecer cosa excesiva, y en particular a los afectados. Pero lo cierto es que ellos son, por su indiscutible autoridad y responsabilidad, los auténticos culpables de que la corrupción y la degradación política (y también la crisis) hayan llegado a donde han llegado, como sosteníamos en la Newsletter 43 (“La Corona, el Gobierno y la Oposición, corresponsables del actual desastre nacional”).

Viendo lo que estamos viviendo, un análisis prospectivo razonable tampoco debería desechar el supuesto de la catarsis regeneracionista, al corte del tan traído y llevado “caiga quien caiga”. Así es como se está poniendo el patio.

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