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Quede claro que el adjetivo ‘felón’ incluido en el título de esta Newsletter se utiliza sin ánimo injurioso y en su expresión referida a quien comete una mera deslealtad política; su antónimo es ‘leal’ o ‘fiel’. Y que ‘Rey Felón’ tiene su antecedente más conocido en las referencias históricas a Fernando VII (1784-1833), quien como Príncipe de Asturias fue llamado El Deseado y, ya entronizado, El Felón: sería, de cualquier forma, el rey peor enjuiciado de la historia de España.

El paralelismo entre la cambiante percepción social del ‘felón’ Fernando VII y, salvando las distancias, la del ‘felón’ Alberto Ruiz-Gallardón, tiene su último apoyo en una de las sugerentes crónicas de Raúl del Pozo sobre el ‘caso Bárcenas’ titulada “Tercer Hombre: Bárcenas tiene los papeles”, publicada en su habitual columna de El Mundo (17/05/2013). En ella, aparte de continuar desvelando aspectos ciertamente comprometedores sobre la trama de financiación ilegal del PP y los pagos en dinero negro que durante años han podido recibir sus más altos dirigentes, que tienen a la actual cúpula del partido con el agua del descrédito ciudadano al cuello, deslizaba una operación política en curso quizás mucho más ilustrativa de su agitada situación interna.

Se trata, nada más y nada menos, que del reconocido empeño de Ruiz-Gallardón, criticado como ningún otro ministro de Justicia, por acceder a la Presidencia del Gobierno, desplazando a Mariano Rajoy y ocupando su sillón al frente del Consejo de Ministros. El veterano Raúl del Pozo, pluma informada y afilada, lo enjareta de esta forma: “(…) Mientras saborea el vino de ‘Juanito Perdigón’, el TH [el Tercer Hombre] me explica que los papeles [de Bárcenas] están más vivos que nunca y que el principal interesado de que sigan vivos es Gallardón, porque de confirmarse su autenticidad, Rajoy, Arenas y otros dirigentes estarían liquidados. Sólo quedaría Alberto, apoyado por Aznar, por eso Rajoy ha enviado al ex el siguiente mensaje: si sigues enredando con Alberto le voy a dar un puntapié a tu mujer en la alcaldía. El otro día en FAES Aznar le dijo a un célebre economista: la solución es Alberto”.

LA ‘SOLUCIÓN ALBERTO’ Y EL ‘PUNTAPIÉ A ANA BOTELLA’

En diciembre del año pasado, ElEspíaDigital.Com advertía la posibilidad de que, si se confirmaba un reajuste del Gobierno en los primeros meses de 2013, finalmente frustrado por la escasa inclinación de Rajoy a realizar cambios de cualquier tipo, la defenestración del ministro Ruiz-Gallardón estaría cantada, no por su torpe enfrentamiento con jueces y fiscales, que sería más que suficiente, sino por auto-promocionarse como sustituto del actual jefe del Ejecutivo, al corte de un “Monti español”, justo cuando en Bruselas se contemplaba la posible intervención de España.

Coincidiendo con aquel apunte ‘confidencial’ del pasado 2 de diciembre, El Mundo publicaba una amplia entrevista de Victoria Prego a José María Aznar en la que el ex presidente reconocía -con indudable inteligencia pese a quien pese- el angustioso calado del problema político de España, poniendo en evidencia la incapacidad de Rajoy para comprender y afrontar la crisis en su realidad global (ver la Newsletter titulada “Aznar, el problema político de España y la incapacidad de Rajoy para afrontarlo”).

La entrevista llevaba a portada un titular puesto en boca del propio Aznar tremendo (“Sufro observando a España”), y se iniciaba con otra afirmación que, a modo de subtítulo, envolvía una demoledora crítica tácita de la miopía con la que Rajoy pretende atajar la metástasis autodestructiva del país, de forma ciertamente estéril: “Es imposible afrontar la crisis económica sin afrontar la crisis política”. Además, el ex presidente deslizaba este amago o conato de postulación: “Estoy siempre al servicio de mi país, pero no para hacer cualquier cosa. No puedo decir si estoy disponible o no”. Estaba claro que la “solución Alberto”, o cualquier otra maniobra para poner a Rajoy en su sitio, ya latían intramuros del PP. 

De hecho, apenas un mes después se volvería a apuntar en esta misma web la estrategia trepadora del actual ministro de Justicia, evidenciada con el tejemaneje que, tras el ‘caso Divar’, suponía poner a un socialista al frente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo (“El Gobierno solivianta a la Justicia, soporte vital de la libertad y la democracia”):

(…) Más allá todavía, y según se ha rumoreado en medios informados de la Unión Europea tras los comentarios que el propio Ruiz-Gallardón habría deslizado ante algunos de sus mandatarios más significados, no cabe desechar la idea de que, en un momento crítico dado, aspire a postularse (o a que le postulen) como “el Monti español”; es decir, como un presidente de Gobierno transitorio y de consenso político, sin necesidad de convocar elecciones legislativas anticipadas. Caso en el que su particular relación con el PSOE allanaría el terreno y los pactos parlamentarios necesarios.

De esta forma se entiende también que fuera un candidato del PSOE, Gonzalo Moliner, el que se alzara con la presidencia común del CGPJ y el TS, nombramiento muñido, como hemos dicho, por dos peones de Alfredo Pérez Rubalcaba (Soraya Rodríguez Ramos y Antonio Camacho) y el “segundo” de Alberto Ruiz-Gallardón en el Ministerio de Justicia (Fernando Román)...

Pero, todavía más, ese texto anticipaba a continuación la misma sospecha de conexión entre Ruiz-Gallardón y la publicación de los ‘papeles de Bárcenas’ El País después (ahora) señalada de forma precisa por Raúl del Pozo: “Por otra parte, parece que en el cuartel general del PP (Génova 13) ya se ve con recelo la especial relación de ‘confianza’ que Ruiz-Gallardón mantiene con ‘El País’, y en concreto con algún redactor de lo publicado sobre las ‘fotocopias de Bárcenas’ (dos días antes de dicha explosión informativa se les vio comiendo juntos en un restaurante navarro muy próximo a la sede central del PP, ‘La Manduca de Azagra’, en la calle Sagasta 14), lo que hace pensar que, cuando menos, el ministro de Justicia sabía lo que se estaba cociendo periodísticamente, guardándolo para sí…”.

Claro está, que, como comenta Raúl del Pozo en su implacable seguimiento del ‘caso Bárcenas’, las evidencias que conectan la ‘solución Alberto’ con el reducto de los Aznar-Botella y con el malestar generado en el entorno de Rajoy, están ahí. Y confirman el entendimiento político y personal existente entre la alcaldesa madrileña y el ex alcalde que la apañó el puesto por la puerta de atrás.

Para empezar, no parece casual que el debate sobre la candidatura a la Alcaldía de Madrid, con unas elecciones de fecha fija a celebrar nada menos que en mayo de 2015, se haya abierto de forma tan prematura y desairada para quien, hoy por hoy, preside la Corporación Municipal. Incluso antes de celebrarse los comicios más inmediatos para la renovación del Parlamento Europeo, previstos en mayo de 2014 y de muy difícil digestión para el PP.

Y tampoco puede pasar desapercibida la inmediata defensa de Ana Botella que en ese contexto del ‘puntapié’ ha hecho el ‘felón’ del caso. Con ocasión de la entrega de las Medallas de Madrid en la festividad de San Isidro, y cuando todas las encuestas vaticinan la pérdida de la mayoría electoral absoluta en la ‘Villa y Corte’ (hasta ahora un excepcional almacén de votos del PP), el ex alcalde no dudó en sentenciar: “Tenemos la mejor alcaldesa de Madrid que podríamos tener, que es Ana Botella y, por lo tanto, cuando uno tiene lo mejor, hacer especulaciones no conduce a nada”. Ahí queda eso…

UN PEQUEÑO APUNTE SOBRE UNA AMBICIÓN GRANDE

El idilio político de Ruiz-Gallardón con Ana Botella tiene todas las trazas de ser una expresión más de su personal ambición política. En 2003, recién elegido alcalde de la capital del Reino tras haber presidido la Comunidad de Madrid durante dos legislaturas seguidas (1995 a 2003), y cuando el Aznar entonces presidente del Gobierno anunció que renunciaba a optar a una tercera reelección, aupó a la inexperta concejala Ana Botella a toda una segunda tenencia de alcaldía, cargo de su máxima confianza, tutelando además en directo su maduración política al frente de la Concejalía de Empleo y Servicios Ciudadanos.

En las elecciones municipales de 2007, y también por el atajo ‘digital’, Ana Botella ya pasó a ocupar el número dos en la lista del PP, sin duda con el objeto de desarrollar la misma operación sucesoria que, al perder Rajoy las elecciones generales de marzo de 2008, se tuvo que retrasar hasta el 2011. Se trataba, en definitiva, de sentar a Ana Botella en la Alcaldía de Madrid al socaire de la histórica mayoría municipal del PP y a la sombra de Ruiz-Gallardón, sin tener que medir su capacidad electoral y su registro político enfrentada ‘cuerpo a cuerpo’ con los demás candidatos y sin el riesgo de ser destrozada en la campaña correspondiente.

Un objetivo de sucesión diseñado como un traje a medida, alcanzado por fin el 27 de diciembre de 2011 en paralelo con el salto de Ruiz-Gallardón al Gobierno de Rajoy, que como buena conjura política no tendría que quedar ahí ni romper su continuidad. Porque ¿acaso Ana Botella no podría ser ministra, o incluso vicepresidenta, en un hipotético Gobierno de Ruiz-Gallardón apoyado por el ex presidente Aznar…? Y ¿quién puede dudar de que, con Rajoy descabalgado del poder, el adaptable Ruiz-Gallardón no se va a convertir inmediatamente en el paradigma del “aznarismo”…?

Lo cierto y preocupante es que el dedo de Aznar nominó a Rajoy en 2004 como candidato del PP a la presidencia del Gobierno y que, ahora, como sostiene Raúl del Pozo, parece que el mismo dedo apunta la ‘solución Alberto’. Un desatinado refrán español dice que “un clavo saca otro clavo”; pero lo suyo es sacarlo con tenaza y que el PP no vuelva a tropezar en la misma piedra del candidato nefasto, porque si el actual presidente del Gobierno anda a patadas con la crisis, el ambicioso y despótico ‘felón’ que le está moviendo la silla la convertiría ipso facto en faraónica.

Paréntesis: A remolque de la manifiesta incapacidad de Rajoy para afrontar la crisis en su dimensión real y con la necesaria eficacia, parece que Aznar ha madurado su posible reaparición política, aunque no tengamos claro todavía en qué condición: candidato del PP en las próximas elecciones generales, promotor de la “solución Alberto”, mero azote de Rajoy... Lo evidente es que la meditada y estelar entrevista que concedió a Antena 3 el pasado 21 de mayo, puso en cuestión el liderazgo interno del PP; algo que algunos analistas consideran de gran trascendencia política e, incluso, un ‘golpe de mano’ de bandera propia contra el Gobierno de Rajoy…

RETRATO DESCARNADO DE UN POLÍTICO DE ‘DOBLE VIDA’

Mucho y con no poca mala leche se ha escrito sobre Alberto Ruiz-Gallardón en medios informativos de todo signo político, aunque todavía sean más ácidas las invectivas que ha recibido de conocidos periodistas radiofónicos, afincados incluso en medios ultra conservadores, quizás por eso de que “las palabras se las lleva el viento”, o por lo de “al mal amor, puñaladas”. Por ejemplo, las de Federico Jiménez Losantos reiteradas con insistencia en la Cadena COPE y a propósito de la posición política adoptada por el entonces alcalde de Madrid en relación con el atentado terrorista del 11-M, aunque en ese caso concreto terminaran tipificadas como injurias graves con publicidad en el procedimiento judicial que le interpuso el afectado (se adjunta la sentencia correspondiente para la información más objetiva de los lectores).

Un ejemplo significativo de la valoración periodística que merecía Ruiz-Gallardón en su mejor momento político, tras haber obtenido una segunda mayoría absoluta como alcalde de Madrid, es el artículo publicado por Juan José Millás en El País (26/08/2007) justo con el título “La doble vida de Ruiz-Gallardón”. Siendo su contenido de especial relevancia en el contexto de nuestro análisis, merece la pena leerlo en su integridad:

Si unos extraterrestres de derechas hubieran diseñado un Caballo de Troya para invadir la Tierra, les habría salido Ruiz-Gallardón, pues lo que a cualquiera (excepto a Bush) se le ocurre antes de ocupar un territorio ajeno es estudiar sus costumbres, su historia, su idiosincrasia (qué rayos querrá decir idiosincrasia), así como las debilidades de sus habitantes. De acuerdo con tales estudios, la organización más sólida de este planeta es la Iglesia católica, que cumplidos los 21 siglos de existencia sigue dando la lata como el primer día. ¿Y cuál es su secreto, se habrán preguntado los marcianos? Muy sencillo: predicar cosas distintas y hasta contradictorias según la dirección del viento o las necesidades del estómago. Por eso en unos sitios la Iglesia es partidaria de la pena de muerte, mientras que en otros se escandaliza por la existencia del aborto. Por eso predica la pobreza desde un trono de oro. Por eso es capaz de manifestarse a favor de la libertad al tiempo que da cobertura moral a asesinos declarados como Pinochet, o Franco, o Videla. Cuando los seres humanos ven fuera las contradicciones que llevan dentro, se enamoran. A todos nos gustaría ser de forma simultánea personas de orden y sinvergüenzas recalcitrantes, señores y truhanes, prosistas y poetas, y eso no lo ha logrado nadie con la finura de la Iglesia, que da trabajo a banqueros teologales, a obispos castrenses y a curas comunistas. Cabe de todo en ella, pues lo que no se vende en la primera planta se vende en la segunda, y lo que ni en una ni en otra, en Oportunidades. 

Con este modelo antropológico en la cabeza, los extraterrestres pusieron manos a la obra intentando concentrar en un solo individuo toda la compleja y sutil maquinaria del Vaticano. Necesitaban, pues, que su Caballo de Troya hiciera el bachillerato en los jesuitas (si buscas el término jesuita en un diccionario de sinónimos aparecen las siguientes alternativas: hipócrita, falso, doble, sibilino), y que después estudiara Derecho, que es una carrera de orden, y más tarde hiciera oposiciones a fiscal, ocupación que garantiza un sueldo hasta la muerte. Todo en un tiempo récord, pues a los 23 años Ruiz-Gallardón había tomado ya posesión de su puesto en la Audiencia Provincial de Málaga, donde enseguida (¡deprisa, deprisa!) pediría la excedencia para dedicarse a la política. Su biografía era perfecta desde cualquier cabeza biempensante, extraterrestre o no. Convenía, para completarla, que el joven político militara en las juventudes de AP, que fueron la versión ‘Neandertal’ del PP, al que Aznar retrotraería luego al ‘Australopiteco’. 

Tenemos, pues, a un Ruiz-Gallardón joven, guapo, abogado, fiscal y con profundas raíces familiares en el franquismo (está casado con la hija de un ex ministro del general asesino), virtudes a las que añade un catolicismo practicante y un verbo untuoso, cuyo ADN coincide al 100% con el de los portavoces de la Conferencia Episcopal. Para que el pastel eclesial estuviera completo, sólo faltaba añadirle algunos ingredientes contradictorios, como el de ser demócrata o el de estar a favor del aborto, del divorcio y de los matrimonios entre homosexuales. De este modo, la derecha vergonzante le votaría por parecer de izquierdas, y la izquierda retraída, por parecer de derechas. 

Todo era perfecto. Allá donde el joven fiscal en excedencia iba, triunfaba simultáneamente como hombre profundamente conservador a la vez que radicalmente progresista. Si en un discurso convenía citar a Vallejo o a Azaña, los citaba. Si quedaba bien que le gustara la ópera, le gustaba la ópera. Si vestía tener una consejera de izquierdas, ponía a una consejera de izquierdas al frente de Cultura, que no hace daño a nadie. Uno de los años de sus numerosos mandatos felicitó las pascuas con una cita de Rilke que decía: “El que ha osado volar como los pájaros, una cosa debe aprender: a caer”. 

Todas estas historias daban la imagen de un tipo culto, sentimental, incluso sensiblero, que ganaba elecciones como el que hace rosquillas. Pero junto a este Ruiz-Gallardón que enamoraba a madres e hijas marcianas por igual, aparecía otro terrible: aquel, por ejemplo, que en la noche electoral del 6 de junio de 1993, una vez confirmada la cuarta victoria consecutiva del PSOE en las elecciones generales, se manifestó en rueda de prensa, junto a Javier Arenas Bocanegra, para denunciar, en una maniobra brutalmente desestabilizadora un ‘pucherazo’ electoral. Se cuenta que el propio Rey tuvo que llamar a José María Aznar para que pusiera orden en el seno de sus filas. Quienes tenemos razones históricas para temer a la derecha de la que procede gran parte del PP, no lo olvidaremos jamás. Pero tampoco conviene dejar de lado a aquel otro Gallardón pelota que, con tal de agradar a su jefe, confeccionó una carrera política completamente absurda a Ana Botella, de la que llegaría a decir, para justificar su ignominiosa acción, que era una rebelde. 

Quiere decirse que los extraterrestres se han pasado de rosca. Tal cúmulo de atributos discordantes puede resultar verosímil en una institución, no en una persona física, aunque le hayas fabricado un currículo descomunal. Un día, durante el transcurso de una cena en la que me colocaron cerca de Gallardón, le escuché decir que había que casarse con el Abc y acostarse con El País, lo que resume a la perfección la idea (basada por otra parte en estudios de toda solvencia) que los extraterrestres de derechas tienen de nosotros. 

Pero es que, transcurridos más de cinco años y regresados a la rabiosa actualidad, el incansable captador de los “ruidos de la calle”, Raúl del Pozo, acaba de escribir una crónica titulada “Príncipe o zascandil” (21/05/2013) que sigue situando al personaje en el mismo ejercicio oportunista, siempre al borde de la felonía:

Pocos personajes de las gradas de San Felipe, donde aún puede imaginarse el tinglado y el mentidero de la Corte, han levantado tanta expectación como Gallardón, jesuita y camaleón, el más progre de los conservadores, el eterno delfín de la política española, hasta que llegó al Gobierno Rajoy y empezó a jugar de extremo derecha. Para complacer a esa ala de su partido, que le detestaba, descuidó el centro. Sus alternativas sobre la cadena perpetua, el aborto eugenésico y la justicia gubernamental de pago lo han puesto en la posición teórica de espectro de la derecha-derecha, donde hay líderes y lideresas más fuertes que él.

Alberto ha recuperado el apoyo de las sotanas y ha provocado las protestas de las puñetas. Se ha enfrentado con los jueces del Supremo. Su propuesta de reforma del CGPJ ha sido rechazada por la mayoría de los magistrados, que no quieren oír hablar del vicepresidente fantasma, una especie de comisario de batallón. Los jueces consideran ese vicepresidente como una provocación o una injerencia política, aunque un jurista de reconocido y reforzado prestigio me dice: “Alberto es un incomprendido. Puede haberse equivocado, y eso es raro en él siendo inteligente y fiscal, y puede que haya olvidado que el mundo de las togas es un cachivache que se resiste a los cambios. Tiene gracia que los jueces hablen de comisarios cuando cada asociación de magistrados cuenta con un delegado de partido”. “Gallardón sería un gran personaje de Shakespeare”, ha declarado el actor Peris-Mencheta que interpreta el papel de Marco Antonio, y recita el monólogo que ya es el de Marlon Brando, un excelso discurso sobre la manipulación política. Yo también creo que Gallardón está más cerca de Shakespeare que de Arniches, pero no acierto a encontrar para él máscara o coturno. ¿Es acaso Bruto, que prepara el magnicidio virtual del César? ¿Cayo Marcio Coroliano, el que odia a la chusma inepta? ¿Macbeth, el traidor?, ¿Yago, el malo? ¿Hamlet, el indeciso?, ¿El Príncipe posmoderno o un zascandil, como lo definen en Génova?

Tiene razón el intérprete: cuando ya no nos sirven las frases vacías del protocolo verbal que usan los políticos, hay que recurrir a la originalidad de Shakespeare, capaz de decir algo que calme esas ansias de saber, aunque la originalidad del genio no sea tal. Sin Plutarco no habría Shakespeare. Metió la pluma en “Vidas paralelas”, copió ideas y personajes, mejorándolos. La cultura es una poligamia, aunque los personajes del autor sean de una pieza. En la vida real los seres humanos son más complejos. Gallardón, quizás una síntesis de Marco Antonio y de Bruto, no será nunca un personaje secundario como decidió que lo fuera el director del montaje.

Objeción: En este artículo, yerra la afirmación de que “cada asociación de magistrados cuenta con un delegado de partido”, puesta por Raúl del Pozo en boca de “un jurista de reconocido y reforzado prestigio”: es obvio que al menos dos de ellas, absolutamente independientes, no lo tienen. Como también es obvio que, partidistas o no, todas están enfrentadas al ministro Ruiz-Gallardón…

“CUANDO EL RÍO SUENA, AGUA LLEVA”

Otro refrán español (“Cuando el río suena, agua lleva”), advierte sobre cosas patentes que reclaman atención y no deben ser pasadas por alto, al margen de su posible uso maledicente. Con algo más de sentido filosófico, Luigi Pirandello lo llevó al título de su obra “Así es (si así os parece)”; una aproximación al psicodrama literario que nos anima a considerar seriamente ‘la doble vida de Ruiz-Gallardón’, al estilo de Juan José Millás, o a reconocer al personaje en cuestión como ‘príncipe posmoderno o zascandil’, siguiendo la propuesta de Raúl del Pozo.

Ésta no es una cuestión baladí, porque Ruiz-Gallardón sufre de ambición política mórbida y no cejará hasta alcanzar la Presidencia del Gobierno. Dios nos coja confesados si antes no fenece en el empeño, porque, lejos ya de su antigua imagen de ‘Príncipe Deseado’, hoy se muestra verdaderamente como ‘Rey Felón’ de la derecha española (aunque en la sede central del PP se le conozca, de momento, como El Zascandil).

Muchos y definitivos son los problemas que Ruiz-Gallardón ha cargado sobre sus espaldas en el año y medio consumido de la presente legislatura. Desde la caída progresiva de su valoración social, que ha llegado a límites sin precedentes para un ministro de Justicia, hasta su posible imputación en el ‘caso Urdangarin’ por el pago de 144.000 euros que, bajo su autoridad, hizo la “Fundación Madrid 2016” al duque de Palma por unos trabajos presuntamente ficticios, de los que el juez Castro no encuentra el menor rastro…

Pero lo realmente aterrador de su actitud política es que, si se analizan todas las decisiones ministeriales que ha adoptado y las reformas legales que ha promovido (al margen de las de orden funcional de la Administración de Justicia, que se empeña en perjudicar todavía más), la mayoría de ellas chocan frontalmente con el sagrado muro de la constitucionalidad. Desde el ‘tasazo’, hasta su polémica intención de reformar la vigente Ley Orgánica 2/2010, conocida como ‘ley del aborto’, que despenalizó la interrupción voluntaria del embarazo durante las primeras 14 semanas del mismo.

Y pasando, por poner otro ejemplo de exasperación social, por el indulto de un conductor kamikaze condenado en sentencia firma del Tribunal Supremo a 13 años de prisión por lun delito de homicidio (entre otros), defendido por el despacho de abogados (Uría Menéndez) en el que trabaja un hijo del propio ministro de Justicia, Ruiz-Gallardón, que propuso y obtuvo la medida de gracia…

La realidad es que, tras enhebrar un continuado comportamiento político de corte dictatorial y plagado de decisiones claramente cuestionables en un Estado de Derecho, alimentando un insólito y gravísimo enfrentamiento con jueces y fiscales, hasta el punto de haber provocado una huelga sectorial, el ministro de Justicia no ha dejado de mostrase como un peculiar ministro de INJUSTICIA, agujereando el Poder Judicial, que es el soporte vital de la libertad y la democracia, como si fuera un queso emmental. Y, quizás por eso, el mayor empeño de Ruiz-Gallardón no sea otro que parchear su propia y destructiva obra con la politización a ultranza del Tribunal Constitucional, y tratando de aumentar todavía más las del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo (la Justice, c’est moi).

En eso, y no en otra cosa, es en lo que está afanado el Excelentísimo Señor Ministro de Injusticia, como el soberbio ‘Caballo de Troya’ que es -caiga donde caiga y caiga quien caiga-, según percibió Juan José Millás con gran finura y anticipación. Lo lleva en la sangre de camaleón impenitente, como asegura Raúl del Pozo, y en el mismo cromosoma partido que tienen todos los asesinos de Montesquieu.

Nada tiene que ver Ruiz-Gallardón con Atila, el poderoso rey de los hunos conocido como ‘el azote de Dios’, aunque llegado el caso podría dejarle en mantillas. Pero no se le puede negar el parecido con Othar, su caballo tarpán, del que dice la leyenda que “por donde pisaba no volvía a crecer la hierba”. Tengamos cuidado, pues, con promover tonterías como la “solución Alberto”, porque el personaje, versión hombre o versión caballo, se las trae.

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