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Los medios de comunicación ya nos deleitaron con la curiosa confesión personal que Mariano Rajoy le hizo a Artur Mas el pasado 1 de febrero: “Vivo en el lio”.

Aquella era una verdad que Rajoy adornó con un cierto toque sorpresivo, pero que, al mismo tiempo, defraudaba prematuramente a sus votantes más perspicaces. Porque, aun estando recién estrenado como presidente del Gobierno, Rajoy no venia de papar moscas en Babia, sino de ejercer como político en activo durante casi 30 años, desde que en octubre de 1982 fuera elegido diputado del Parlamento de Galicia, ostentando el liderazgo de la oposición durante las dos legislaturas anteriores y habiendo sido además, entre otras muchas cosas, ministro destacado en los gobiernos precedentes de José María Aznar (algo tenía que saber, pues, del “lio” en cuestión).

Rajoy siempre tuvo fama de hombre con buena cabeza, aunque vago y remolón, como si el haber sido en su momento el registrador de la propiedad más joven de España, hubiera agotado su capacidad de mayor esfuerzo personal o pudiera servirle de licencia para “vivir de la renta”. Cosa que realmente viene haciendo de forma muy holgada desde hace años, a costa de su plaza como titular del Registro de la Propiedad de Santa Pola, que en curioso régimen de interinidad permanente, le gestiona su amigo Francisco Riquelme, con quien se reparte los beneficios del negocio al 50 por 100, estimados en un millón de euros al año (astucia legal que retrata perfectamente al personaje);al margen de lo que como político en activo viene ingresando por otras vías (PP, Congreso de los Diputados, presidencia del Gobierno…).

Y la realidad es que en el mundo de la política, la del partido y la gubernamental, Rajoy también se ha rodeado de diligentes colaboradores “alfombra” que le hicieran el trabajo del día a día para vivir más relajado y poder brillar más en asuntos de interés superior, es decir para ejercer de “listo” oficial, que es lo que es, frente a Rodríguez Zapatero “el tonto”, dicho sea sin acento peyorativo alguno. A los otros, a los que tienen ideas propias o enfrentadas a las suyas, o alientan la más leve crítica sobre su persona, les aplica rencoroso la cicuta del silencio, sin mirarles siquiera a la cara y, si sobreviven, les relega a los sótanos del partido con dieta de pan y cebolla, como suelen hacer todos los malos políticos.

Quizás, de ese cómodo formato de vida venga su sorpresa al enfrentarse directamente con un verdadero lío cuando, aupado por otros más que por su propio hacer, se vio en la presidencia del Consejo de Ministros con la dura realidad del momento encima de la mesa, vivita y coleando. Pero lo más grave del caso es que, camino de cumplir su primer año al frente del Gobierno, Rajoy no haya sabido desenredar aquel “lío” de partida y que, él y su equipo de ministros (la mayoría de ellos grises, alguno un auténtico “pisacharcos” y todos superados por las circunstancias), lo hayan llevado a tamaño descomunal.

La rentrée política de Rajoy después de sus irrenunciables vacaciones (ya se sabe que ver trabajar a los demás mientras uno se toma una copa y se fuma un puro, puede cansar lo suyo), es de órdago a lo grande. Si a principios de año reconocía que se encontraba en un “lío”, antes de las fiestas navideñas se va a encontrar con la España moderna en derribo total, tanto en el plano económico, como en el político y social, aunque a él siempre le quedarán sus pensiones políticas, el Registro de la Propiedad de Santa Pola, que no es poco, y algunas de sus frases más recurrentes.

Por ejemplo, la última del “Yo no tengo varitas mágicas y nunca prometí milagros”(“ABC”, 02/09/2012), que sí que los prometió aunque sin el poder de Jesucristo. De hecho, cuando era jefe de la oposición insistió hasta la saciedad en que sabía todo lo que se tenía que hacer para conjurar la crisis, perfectamente y punto por punto. Y, todavía más, reiterando por activa y por pasiva que con su mero acceso a la presidencia del Gobierno España recuperaría la confianza de los mercados, se multiplicarían las inversiones, se acabaría el paro… y “aquí paz y después gloria”…

CRISIS ECONÓMICA: ESPERANDO LA “SOPA BOBA”

Pero no ha sido así, porque en materia económica las malas noticias son abrumadoras. Además, se acompañan con la perspectiva poco refutable de que, si seguimos en la dinámica actual, las cosas irán irremediablemente a peor, con escenarios ciertamente terribles a uno/dos años vista.

Los informes interanuales evidencian un crecimiento continuo en la tasa de paro y en el volumen del desempleo, sin vislumbrarse un punto de inflexión ni tampoco una estabilización a corto ni a medio plazo.

Crecen la inflación (que en agosto se ha situado en el 2,7 por 100, es decir 0,5 puntos más que en el mes de julio) y la recesión económica (el PIB cae un 1,3 por 100 en lo que va de año y el crecimiento negativo previsto en un -0,1 por 100 pasa a ser del -0,4 por 100), mientras el déficit de la Administración central del Estado al 30 de junio se dispara hasta el 4,62 por 100 del PIB (superando ya el margen del 4,5 por 100 previsto para el 2012) y las fugas netas de capital alcanzan en el último semestre los 220.000 millones de euros (más de 56.000 millones sólo en el mes de junio), cifra jamás registrada con anterioridad y equivalente al 28 por 100 del PIB. Y, claro está, decrecen el consumo, el ahorro (torpemente penalizado por Rajoy),los ingresos del IVA, el crédito financiero…

Todo eso, con las voraces autonomías lanzadas, una tras otra, a pedir el rescate nacional antes que aplicadas al ajuste de su particular orgía presupuestaria. Por supuesto, con el insano fin de seguir haciendo lo que a cada una le venga en gana y cuando le venga en gana: ahí está el último ejemplo (uno entre mil) de la disparidad con la que cada una de ellas pretende resolver el peliagudo tema de la asistencia sanitaria a los inmigrantes “sin papeles”, con inventos radicalmente distintos incluso entre las autonomías que gobierna el PP con la misma ideología política, y con el beneplácito expreso de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, que les reconoce encantada esa capacidad competencial…

Un panorama ciertamente desolador y desalentador, que además, marca la peor tendencia posible, en un proceso imparable de retroalimentación con constantes vías de agua abriéndose en la línea de flotación del sistema. Un “lío” creciente y, en efecto, desbordante para quien siempre ha vivido al pairo de la dura realidad civil, rodeado de pasantes y adláteres sin mayor capacidad ni entendederas para enfrentar situaciones, causas y soluciones de calado tan descomunal (más o menos lo mismo que sucedía con el “desaparecido” Rodríguez Zapatero).

Lo cierto es que la incapacidad del Gobierno para desenredar el “lío” de Rajoy, e incluso para diagnosticar con claridad el problema subyacente y definir estrategias de reconducción o meros “cortafuegos” de emergencia, es nula. Todo se mueve a base de “palos de ciego”, encubiertos además en artificios semánticos y en el puro maquillaje de la realidad, esperando la “sopa boba” del Banco Central Europeo (BCE), la rendición de Ángela Merkel o el tratamiento de “paños calientes” con el que los burócratas europeos más pusilánimes, encabezados por el presidente de la Unión Europea, Herman van Rompuy, y el de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, dos fenómenos que también tocan de oído, pretenden aliviar el cáncer terminal económico y político de la España moderna, que, por maquillado, no deja de anunciarse desde hace tiempo (lo del futuro del euro, quiéralo o no Mariano Rajoy, es cosa distinta).

Paréntesis: Van Rompuy es un economista teórico y licenciado en filosofía, experto en literatura japonesa y, de propina, gran analista del pensamiento cristiano, mientras que Durao Barroso, de origen político maoísta y con todo un record mundial de títulos “honoris causa” (más de veinte), es uno de los políticos portugueses menos brillantes de toda su historia, que ya es decir. François Hollande todavía tiene mucho que demostrar y lo mejor que se puede señalar de “los Marios” (Draghi y Monti) es que son italianos y visten con elegancia; o sea, que en la práctica del rigor sólo queda la Merkel, quien, por desgracia o por fortuna, conoce bien el paño de la Europa sur-periférica, acompañada por sus fieles seguidores de la “Europa fría”…

EL PAÍS VASCO Y GALICIA: LA AMENAZA DEL FRACASO ELECTORAL

Pero, por si el “lío” de Rajoy fuera poca cosa, tras el revolcón de su partido en las elecciones andaluzas del pasado 25-M (cuando, todavía subido en la burra, celebraba su mayoría parlamentaria absoluta a nivel nacional) y el tropezón de Asturias, su próximo fracaso electoral en el País Vasco (21-O) está más que cantado. Desde luego ganado a pulso al haber permitido a Patxi López tontear a su gusto con la política “identitaria” vasca, apoyando sus absurdos desmanes en favor de la izquierda abertzale, que es el brazo político de la canalla etarra, y que ahora machacará en las urnas a los ingenuos chaqueteros de Rajoy: caso cerrado por inutilidad funcional y perdido de por vida.

Pero la prueba de fuego del rechazo ciudadano a la política del presidente del Gobierno y del PP, no será esa batalla electoral vasca perdida con una insolvencia verdaderamente escandalosa, sino la de las elecciones gallegas adelantadas en coincidencia con aquellas, sólo en razón de una realidad bien patente en los sondeos de opinión y actitud preelectoral. Ni más ni menos que el deterioro galopante de Rajoy a nivel nacional, arrastrando a su partido al descalabro y difuminando cualquier posible acierto de gobierno en otros niveles políticos (por ejemplo, los casos puntuales de la Comunidad de Madrid o de la propia Xunta de Galicia).

Dicho de otra forma, las cabezas “pensantes” del PP (que algunas hay) ya pueden ir asumiendo que su naufragio electoral, iniciado en el 25-M andaluz, va in crescendo, como el “lío” de Rajoy, y que con absoluta certeza las próximas elecciones autonómicas (vascas y gallegas) dejarán al presidente del Gobierno pisoteado por sus errores políticos, que no son pocos, y su engreída suficiencia personal, que tampoco es pequeña.

Otra circunstancia política que debería preocupar seriamente al PP, porque define el rechazo que provoca en gran parte de la sociedad española, a pesar del sus éxitos electorales (en buena medida logrados “por defecto” del adversario), es la contrastada dificultad que tiene para pactar con otros partidos, incluso con los de ideología próxima (algo sin duda llamativo). Este cerrilismo relacional obliga al PP a tener que ganar siempre por mayoría absoluta, margen que hoy por hoy mantiene al límite en Galicia, con 38 diputados frente a 37 de la oposición (25 del PSdG y 12 del BNG).

¿De qué encuestas o datos han dispuesto entonces Núñez Feijóo y Rajoy para decidirse a adelantar los comicios gallegos sin esperar a que escampe la tormenta de la crisis, a que se vean de verdad esos “brotes verdes” que el PP saca a relucir de vez en cuando…? ¿Acaso saben, pero lo ocultan, que el “lío” inicial, de tan fácil solución para el Rajoy opositor, se ha convertido ya en un huracán de categoría 5, con tsunami latente incluido…?

Algo huele mal en este adelanto de las elecciones al Parlamento de Galicia y algo se deben temer sus promotores. Quizás, lo que más inquiete al PP, aparte del rechazo ciudadano a sus tijeretazos en las políticas sociales, sea el peligro de que el novedoso partido de Mario Conde, Sociedad Civil y Democracia (SCD), pueda convertirse en “bisagra del gobierno”, como lo ha sido UPyD en Asturias, con el tremendo riesgo de que un nuevo movimiento de “todos contra Rajoy” le desacredite ante las autoridades europeas de forma radical.

Dos cosas podrían llamar la atención en ese supuesto. Una sería el apoyo que Mario Conde tendría que recibir de votantes gallegos hasta ahora adeptos del PP (cosa grave). Y, otra, el que la propia denominación de su partido (Sociedad Civil y Democracia) incorpore el término “Democracia” con claro “efecto llamada”, como sucede con la UPyD (Unión Progreso y Democracia) de Rosa Diez, es decir como un atributo sagrado de la política, invisible en el PP y claramente reclamado por la sociedad española.

Esto puede parecer banal, pero no lo es. De hecho, se relaciona también con el movimiento “Democracia y Libertad en el PP” que mantiene un nutrido grupo de militantes activos de dicho partido, que no ocultan sus nombres y apellidos, con más de 200 delegaciones en toda España y página web al canto (www.democraciaylibertadpp.es). Porque eso precisamente, el negar de forma sistemática a los militantes del PP el pan y la sal de sus principios políticos más elementales (la democracia interna y la libertad para expresar opiniones y exigir conductas políticas coherentes), es, hoy por hoy, uno de los mayores errores de Mariano Rajoy, que instalado en el ninguneo generalizado de todo lo que se le ponga por delante (sea cercano o lejano, propio o extraño) confunde probablemente su actual mayoría absoluta, regalada por Rodríguez Zapatero, con un carisma electoral del que carece y carecerá de por vida.

Habrá que estar, pues, bien pendientes de cómo evoluciona la opción electoral de Mario Conde en Galicia, de los apoyos que pueda recibir desde las desencantadas filas del PP y, en su caso, del “tiro de gracia” que podría asestar a la carrera política de Mariano Rajoy en su propio terruño. Será significativo ver el grado de implicación del presidente del Gobierno en las campañas electorales de Galicia y del País Vasco, su discurso y su credibilidad final.

Al menos en las elecciones gallegas, Rajoy parece dispuesto a dar el callo, consciente de lo que se juega en ellas. La victoria del PP (que tendría que volver a ser de mayoría absoluta) se vendería como un respaldo social a la política gubernamental de recortes; pero ese toque “plebiscitario” tiene su riesgo: la dirección del PSdG ya ha advertido con acierto que “una derrota de Feijóo sería una derrota política de Mariano Rajoy”…

EL TEMIDO HACHAZO DE LA CONTESTACIÓN SOCIAL

Uno de los mayores enemigos de los políticos y de la imagen pública que proyectan (traducible en votos), es la incoherencia y la contradicción de sus propuestas con sus acciones reales de gobierno. Otro error habitual de Mariano Rajoy que le está cociendo en su propio jugo.

Sin ir más lejos, choca sobremanera, por ejemplo, que Rajoy aduzca la imposibilidad de una “unión monetaria europea” donde unos países --dice-- se financien al 0 por 100 y otros al 6 por 100 (lo que no deja de ser una pura especulación personal, porque la solvencia y la insolvencia de cada uno son evidentemente incuestionables), frente a la imposibilidad vital de un Estado desmadrado en taifas autonómicas (lo que en el caso de España es una evidencia real).

Y sorprende mucho más que el presidente del Gobierno acuse de “malévolos” a quienes afirman que supedita las decisiones políticas necesarias para solventar la crisis (un rescate “duro y puro” con los ajustes necesarios en todos los órdenes) a los intereses electorales del PP, cosa bien evidente y comprobada en las pasadas elecciones andaluzas del 25-M. Porque aquí, la única honorabilidad que hoy por hoy está en entredicho es la del propio Rajoy, que cuando era jefe de la oposición prometió unas cosas y después, como presidente del Gobierno, está haciendo otras, a menudo antagónicas o equivocadas y siempre insuficientes.

De hecho, ahí quedan su antigua postura de no negociación frente al terrorismo etarra y a favor de sus víctimas y su actual comportamiento inverso; su afirmación de no subir los impuestos, favorecer el consumo y primar el ahorro para combatir la crisis, frente a todo lo contrario que ha dispuesto más tarde; su declaración de mantener a ultranza las políticas sociales, desarboladas después con los recortes aplicados en sanidad y educación; sus promesas de despolitizar las instituciones y los organismos del Estado teóricamente independientes y la realidad que ha sancionado con posterioridad… En fin, un continuo “donde dije digo, digo Diego” en el que sus ministros en pleno le acompañan haciendo piña.

¿Dónde está el empleo que se iba a crear como consecuencia de la reforma laboral impuesta con su mayoría parlamentaria absoluta…?¿Y es que, con la del pasado viernes, no lleva tres reformas sucesivas del sistema financiero impuestas en menos de ocho meses, afirmando en cada ocasión su acierto definitivo…?

¿Quién puede creer ahora a Rajoy cuando afirma que no subirá ni el IVA ni el IRPF en 2013…? Bien al contrario, en el lógico entendimiento ciudadano de la política, conformado por sus reiteradas contradicciones, promesas incumplidas y mentiras abiertas, esas subidas del IVA y del IRPF ya se han de dar lamentablemente por descontadas. Ese, y sólo ese, es el valor que hoy por hoy tiene la palabra de  Mariano Rajoy (y la de la inmensa mayoría de los políticos).

Porque, ¿cómo calificar, sino de políticos torticeros, renegados de la justicia justa e insolidarios con las víctimas de ETA, a los miembros del Gobierno y portavoces del PP que, por ejemplo, justifican la excarcelación del terrorista Bolinaga, canalla entre la canalla, aduciendo para ello una “legalidad” falsamente imperativa, cuando lo sentenciado no es otra cosa que el cumplimiento íntegro de la condena…? ¿Y por qué encubierta razón, bajeza moral aparte, tratan de confundir públicamente la pura legalidad con sus resquicios más indeseables…? Esos ministros y dirigentes del PP que con cara de niños buenos dicen “acatar” una decisión judicial que “les repugna”, cuando es público y notorio que ha sido inducida por el propio Gobierno con Rajoy al frente, son en sí mismos más repugnantes que nadie.

Sigan Mariano Rajoy y su Gobierno por donde quieran, pero esa es una senda política y gestual muy desaconsejable para evitar la contestación ciudadana y el merecido “hachazo” que, a tenor de su comportamiento, el Gobierno del PP tiene cada vez más cerca. Y sin que se pueda confundir para nada con las algaradas y movilizaciones propiciadas por la basura sindicalista, aunque sin la menor duda todo terminará siendo coincidente y convergente en las urnas.

Aviso: Para alimentar el incendio social que se avecina, nada mejor que insistir también, como hace el Gobierno, en modificar la Ley Orgánica 2/2010 con el fin de aumentar los supuestos penales en la interrupción voluntaria del embarazo (por mucho que el caso se incluyera en el programa electoral del PP), defender la separación de sexos en los centros de enseñanza subvencionados en contra de la doctrina sentada por el Tribunal Supremo y alentar, como temen los socialistas, cuantas reformas legislativas satisfagan los delirios celestiales del Opus Dei.

Claro está que toda la carcoma, la carcunda, la estulticia y la ineptitud política con las que se está socavando la nación española, da para mucho más que una Newsletter. Algo tan evidente como que nuestra diagnosis crítica sobre la incapacidad de Mariano Rajoy para sacar al país de la grave crisis en la que está sumido, con enraizamientos morales e institucionales que, más allá de la economía, el Gobierno desprecia abiertamente, puede ser compartida o no por nuestros lectores.

Sin embargo, lo importante es que cada cual pueda sacar sus propias conclusiones en función de la información no manipulada que ponemos a su libre disposición y, por supuesto, de su interés personal para analizarla y valorarla, cosa a la que estamos sin mayor ni más oculta razón.

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