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El ciudadano menos informado sabe que, cuando los electores otorgan a un político la Presidencia del Gobierno con una mayoría parlamentaria absoluta servida en bandeja de plata (es decir, sin habérsela ganado a pulso y sólo por demérito del oponente), es, sin duda alguna, para que haga lo contrario de lo que malamente venia haciendo su predecesor y no para que siga en la misma estela política del defenestrado. Algo que Rajoy no parece entender correctamente.

Una cosa es emular al vencedor y otra, mucho menos comprensible, hacer un seguidismo del contrincante vencido, porque, siendo la primera práctica poco afortunada, la segunda siempre es desastrosa. Francesco Guicciardini (1483-1540), historiador y estadista florentino autor de Storia d’Italia, obra maestra de la historiografía moderna, y de Redazione di Spagna, que es un acertado análisis socio-político de la Península Ibérica escrito a raíz de su experiencia como embajador de la República florentina en la España de los Trastámara, lo dejó escrito con meridiana claridad: “La imitación del mal supera siempre al ejemplo; por el contrario, la imitación del bien es siempre inferior”.

Dicho de otra forma, la imitación supone, en efecto, un talento menor en el que imita, pero es que, además, por lo general éste suele hacer suyos los defectos del imitado, acrecentándolos. Y en ese preciso hacer es en el que Rajoy está sorprendiendo a propios y extraños, volcado en el mismo “zapaterismo” que el electorado español ya identificó como paradigma del “mal gobierno” y reprobó de forma masiva, otorgando la mayoría absoluta a quien tenía más a mano.

LA BROMA DE LA “ALIANZA DE LAS CIVILIZACIONES”

Cuando en la sesión de la 59 Asamblea General de la ONU celebrada el 21 de septiembre de 2004 José Luis Rodríguez Zapatero, entonces presidente del Gobierno, se sacó de la manga la “Alianza de Civilizaciones” como propuesta para combatir el terrorismo internacional por una pueril vía pacifista, con las tragedias terroristas del 11-S y del 11-M todavía calientes, los españoles comenzaron a barruntar que estaban siendo gobernados por un visionario o, cuando menos, por un político inmaduro.

El caso se las trajo, porque suponía un cambio fundamental en el modo de entender las relaciones entre Occidente y el mundo árabe y musulmán, contradiciendo el “choque de civilizaciones” descrito por Samuel Huntington en 1993‎. Una “zapaterada” sobrevenida, imposible de sustanciar por la total identificación que hace el Islam de la política con la religión.

Como líder de la oposición, Mariano Rajoy consideró inmediatamente, y con acierto, que la propuesta lanzada por ZP era “sobre todo propaganda”, además de “muy poco útil”. Con posterioridad, en 2006, no dudó en declarar a la Agencia EFE que era “uno de esos cantos de sirena” que “no importan a nadie” y que no servían para hacer frente a las amenazas del terrorismo islamista. La Cadena SER también ha rescatado otra elocuente frase pronunciada por Rajoy el 7 de febrero de 2006: “Esto de la ‘Alianza de Civilizaciones’ es una cosa de broma”.

Además, en 2008, durante un desayuno con periodistas, Rajoy se refirió despectivamente a un encuentro de la “Alianza de Civilizaciones” celebrado en Madrid, definiéndolo irónicamente como “una reunión a la que asisten mandatarios importantes: los presidentes de Finlandia, de Eslovenia, de Malasia, de Argelia y el propio señor Rodríguez Zapatero”

Y, por si todo ello fuera poco, según el periódico digital “Mundo Árabe.org”, editado por Ahamed Hijazi, en marzo de 2006 el portavoz de Exteriores del PP, Gustavo de Aristegui, se reunía en Washington con un grupo de senadores, congresistas y altos representantes de la Administración Bush, ultra conservadores, para intentar crear un lobby que buscara el descredito internacional de la “Alianza de Civilizaciones”.

Sin embargo, cuando el pasado mes de marzo Rajoy viajó a Seul, ya había cambiado su opinión sobre el proyecto “zapaterista”. En un encuentro con el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, el dirigente español se reorientó sin el menor complejo hacia la política exterior más proverbial de ZP, mostrándose dispuesto a mantener el “compromiso político” con la antes denostada iniciativa del ex presidente del Gobierno y ex secretario general del PSOE.

Seis meses más tarde, durante su primera intervención en la Asamblea de Naciones Unidas, celebrada el pasado 25 de septiembre, Rajoy eligió ese mismo tema, usado cuando estaba en la oposición para ridiculizar al presidente Rodríguez Zapatero dentro y fuera de España, como emblema del papel diplomático que ahora desempeña nuestro país para atajar los conflictos que se plantean entre occidente y el mundo árabe y musulmán.

Claro está que fuentes de Asuntos Exteriores explicaron en paralelo que este amoldable cambio de criterio obedecía a “razones estratégicas” y que era fundamental para poder ocupar uno de los dos puestos de miembros no permanentes del Consejo de Seguridad durante el bienio 2015-2016 (que en realidad solo sirven para “pintar la mona” frente a los miembros permanentes). Una posibilidad para jugar de recogepelotas en Naciones Unidas que España se disputa con Nueva Zelanda y, sobre todo todo, con Turquía, que parte como favorita.

Horas antes de que Rajoy tomase la palabra ante los jefes de Estado y de Gobierno que asistieron en Nueva York a la cumbre anual de la ONU, la vicepresidenta Sáenz de Santamaría ya se había colocado la venda en la herida de la incoherencia. En una entrevista concedida a la Cadena SER, justificó la actual defensa de la “Alianza de Civilizaciones” con el argumento de que cuando se llega al poder “uno asume las posiciones institucionales del Gobierno anterior”, añadiendo enfáticamente que “no se puede cambiar de un día para otro de planteamiento” (¿aunque sean absurdos?).

Pero lo que ahora está ocultando el Gobierno del PP es que la misma idea de optar a un puesto “no permanente” en el alto órgano decisorio de la ONU, cuyo desenlace no se conocerá hasta 2014, fue una apuesta personal de Rodríguez Zapatero vinculada justo a la “Alianza de Civilizaciones”, como acaba de hacer Rajoy.

En 2005 esta iniciativa fue asumida como propia por Kofi Anann, entonces secretario general de la ONU, con el fin de “promover respuestas eficaces a las amenazas de la paz mundial”, contando con el respaldo principal (incluido el financiero) de Rodríguez Zapatero y de Recep Tayyip Erdogan, presidente islamista de Turquía. Y con la perspectiva de que ambos países fueran elegidos en su momento por los 193 países miembros de Naciones Unidas para sentarse temporalmente en su Consejo de Seguridad (cosa que ya hemos hecho en cuatro ocasiones anteriores, como muchos países de tercera fila, sin mayor oficio ni beneficio).

RAJOY TAMBIÉN ABRAZÓ LA POLÍTICA PACTISTA DE ZP CON ETA

Pero el indigesto sapo “zapateril” que se acaba de tragar Mariano Rajoy, no es, ni mucho menos, causa aislada. Simplemente, es el último de una larga serie de esperpentos “continuistas” que nada tienen que ver con la política institucional de España en el ámbito exterior.

A la escandalosa liberación del etarra Iñaki De Juana Chaos, cuyo victimario terminó abrasando políticamente a ZP, siguió, de forma inconcebible, la decepcionante excarcelación del también cruel asesino Josu Uribetxebarria Bolinaga. En este caso, las razones de la emulación, iniciada de forma absolutamente gratuita por el Ministerio del Interior bajo mando del PP, se envolvieron en una falsa apelación de “respeto a la Justicia”, cuando ésta no tenía que haberse pronunciado más allá de su condena inicial del reo y firme a todos los efectos.

Un caso realmente vomitivo que las posteriores declaraciones de Rajoy reiterando el cuento hipócrita de que “nunca pactare con ETA”, jamás le devolverán la confianza y el respeto de las víctimas del terrorismo. Aún más, todo indica que antes de las elecciones vascas del próximo 21 de octubre veremos nuevos compromisos deferentes con los presos de ETA, porque la genética pusilánime y continuista de Rajoy en la debilitación del Estado español, rabiosamente acelerada por ZP, condiciona de forma inexorable la racionalidad de sus decisiones e indecisiones políticas.

LA CONTINUIDAD DE LOS JEMES Y DEL SEDCNI SOCIALISTAS

Tras considerar el daño causado a las Fuerzas Armadas (FAS) y al Centro Nacional de Inteligencia (CNI) por la desastrosa política de ZP en el ámbito de la defensa y la seguridad, los observadores y analistas independientes quedaron sorprendidos cuando, al asumir la Presidencia del Gobierno, Rajoy tomó la inconveniente decisión de confirmar en el cargo a los Jefes de Estado Mayor de los tres ejércitos (JEMEs) y, peor todavía, al Secretario de Estado-Director del Servicio de Inteligencia (SEDCNI). Conniventes todos ellos con el frangollo liado por el “zapaterismo” en ese sensible entorno de la seguridad nacional.

En el caso de las FAS, en el que el relevo total de la cúpula de mando llegó demasiado tarde, el escándalo se mantiene, tras casi un año de gobierno, con el incumplimiento gubernamental de la promesa formal hecha por el PP de reformar la nefasta Ley de la Carrera Militar, pasando olímpicamente de los desastres que comporta la norma y que, gracias a la displicencia de Rajoy, se están consolidando de forma irreversible.

La continuidad de Félix Sanz al frente del Servicio de Inteligencia, adosándole una “número dos” que ya está evidenciando su escaso peso específico, es, si cabe, más incomprensible, dada la naturaleza de su cargo, su arraigada vinculación al PSOE y la puesta “patas arriba” del Servicio de Inteligencia protagonizada por su predecesor socialista, Alberto Saiz. La “tangana” promovida por el PSOE dentro del CNI (en política conviene tener algo de memoria), ha dado paso al “camelo” de la Inteligencia Económica promovido personalmente por el último SEDCNI de ZP, convertido ahora en colaborador entusiasta de Rajoy, y que tiene absorbido el seso del Gobierno (empezando por la vicepresidenta), incapaz a su vez de entender el origen de la crisis, señalar con acierto las claves más profundas del problema y no digamos de resolverlo.

Las expresiones más conocidas de ese novedoso campo de actividad del CNI, ajeno a su verdadera naturaleza y función (porque la Inteligencia en el ámbito de la tecnología y la seguridad industrial es otra cosa distinta), y por supuesto ridículas en comparación con el aparato técnico de los ministerios y organismos del Estado afectos a la política y la actividad económica, han sido verdaderamente bochornosas. Ahí está, para empezar, el caso de las dos expropiaciones seguidas en Argentina y Bolivia contra empresas españolas, que cogieron al Gobierno en offside total, y, más recientemente, la patochada sobre la “guerra energética” entre China y España filtrada al diario “ABC” (24/09/2012).

Tras una espectacular llamada en portada (“China maniobra contra el sector energético español, según el CNI”) y un titular interior a toda página no menos llamativo (“El CNI alerta de maniobras de China contra el sector energético español”), que anunciaban falsamente un informe sugerente, no había más chicha que el lógico interés de algunas petroleras por ocupar la posición dejada por Repsol en Argentina y Guinea Ecuatorial, incluidas las chinas (CNPC, PetroChina, Sinopec…) que hoy por hoy son las más activas del mundo. En definitiva, el hipotético informe de Inteligencia Económica del CNI no era sino un remedo que fusilaba directamente las informaciones que se vienen publicando desde hace meses en fuentes abiertas (prensa convencional y sectorial), pero con peor comprensión y explicación.

Más curioso todavía es el interés mostrado por el CNI en el mundanal entorno de “Eurovegas” (es de suponer que a través de sus expertos de Inteligencia Económica). La revista “Interviú” desvelaba en su edición 1.897 (3 al 9 de septiembre 2012) que el CNI investigaba un intento de extorsión vinculado a dicho proyecto, fuera por supuesto de sus competencias formales e inmiscuido en los canales policiales naturales para perseguir ese tipo de posibles actividades delictivas…

El montaje de Félix Sanz con la “Inteligencia Económica” del CNI, es tan engañoso que, según fuentes próximas al caso, en la Moncloa se ha llegado a plantear la necesidad de que el Servicio de Inteligencia investigue la “conspiración de los mercados contra la economía española”… A este paso, el CNI de Rajoy, que lamentablemente sigue siendo el de ZP, se dedicará a investigar la cuadratura del círculo y a descubrir el sexo de los ángeles o el huevo de Colón.

Todo ello, con el menoscabo de otras funciones sustanciales del CNI, o de su abandono (el apoyo a la Directiva de Defensa Nacional, la contención de la inmigración ilegal, el control de las mafias internacionales afincadas en España, la detección de yihadistas durmientes, la lucha contra la corrupción institucional, la protección de los intereses estratégicos en el exterior…). Y, por si fuera poco, aparejando la “Inteligencia Económica” con el absurdo de la “Cultura de Inteligencia”, que no deja de constituir una mamandurria económica de reparto entre amiguetes, vergonzosa en un país que no sabe siquiera lo que es la “Cultura de Defensa” y que por desgracia todavía anda a patadas con la “Cultura General”.

UNIDAD MILITAR DE EMERGENCIAS: DE “GUARDIA PRETORIANA” DE ZP, A “NIÑA BONITA” DE RAJOY

Otro paradigma del continuismo “zapateril” con el que Mariano Rajoy está caracterizando su acción de gobierno, es el de no querer siquiera reformar organizativa y funcionalmente la Unidad Militar de Emergencias (UME). Una necesidad que ha quedado en clara evidencia con el record alcanzado este verano de hectáreas arrasadas por los incendios forestales (unas 200.000 al día de la fecha).

Es más, la UME, otrora denostada por el PP, que llegó a calificarla ab initio como “guardia pretoriana” de ZP, pasaría de inmediato a ser, según hoy aseguran sus mandos, la “niña bonita” del presidente del Gobierno. Con Rajoy, se seguirán dando, pues, los absurdos de su dependencia política y su despliegue territorial, y que siga siendo mandada nada menos que por un teniente general (apoyado por un general de división como segundo jefe), mientras el grueso de las unidades de combate más emblemáticas de las Fuerzas Armadas (BRILEG, BRIPAC, BRIMZs…) operan bajo las órdenes de generales de brigada con menor rango.

De hecho, todos los tenientes generales que han terminado mandando la UME, ya habían ocupado previamente en empleos inferiores destinos de mucho mayor relieve y prestigio militar. ¿Por qué extraña razón Rajoy ni siquiera se plantea corregir este tipo de absurdos “zapateristas” tan fáciles de enmendar?

Como ya afirmaba Guicciardini a principios del siglo XVI, y nosotros hemos recordado en la introducción de esta Newsletter, el mayor problema de quienes imitan al mal gobernante es que, en ese afán, suelen acrecentar en sí mismos los defectos del imitado.

OTRA “MARIANADA”: UN SOCIALISTA AL FRENTE DEL CGPJ

Rodríguez Zapatero nos desesperó con las “zapateradas” (que en realidad eran vulgares patochadas políticas) y Rajoy, embutido en un papel muy similar de introvertido sabelotodo, comienza a llevarnos por la senda no menos recalcitrante de las “marianadas”. Un Plutarco redivivo quizás podría dedicar a tan sugestiva pareja de estadistas una de sus conocidas “vidas paralelas”, claro está que sin alcanzar el esplendor de la contraposición entre Alejandro y Julio César o entre Demóstenes y Cicerón.

El propósito de Plutarco no era otro que mostrar, en cada caso, el carácter moral de los biografiados, apoyado en la narración de los acontecimientos políticos de sus respectivas vidas y en la educación y natural disposición de cada uno de los personajes, relatando las anécdotas que mejor pudieran revelar su personal humanidad. Así, el filósofo y moralista de Queronea, que fue sacerdote mayor del dios Apolo en el Oráculo de Delfos y encargado de interpretar los augurios de sus pitonisas, utilizaba a veces, según ha dejado escrito, “un lance fútil, una palabra, algún juego…” antes que “las grandes batallas ganadas, donde podían haber caído diez mil soldados”“las cosas sobre las disposiciones naturales de los hombres”. para aclarar sabiamente

Pero esta práctica analítica no fue, ni mucho menos, la seguida por Rajoy al decidir que la vacante forzada de Carlos Divar en la presidencia conjunta del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y del Tribunal Supremo (TS) fuera ocupada por Gonzalo Moliner. Bien al contrario, volvió a remedar la vía “ocurrente” de ZP designando un candidato “progresista” promovido por el jefe de la oposición, Pérez Rubalcaba; es decir, actuando en plena sintonía con el “zapaterismo” defenestrado el 20-N y aborrecido de forma especial por los ciudadanos más afines al PP.

La natural respuesta a esta nueva “marianada”, no se hizo esperar. Apenas transcurridos dos meses desde la toma de posesión de Moliner, el conjunto de las asociaciones de jueces y fiscales se ha enfrentado con dureza al máximo representante del Poder Judicial torpemente apadrinado por Rajoy en connivencia con el PSOE.

Aun más, la Junta de Jueces de Madrid, con su decano a la cabeza, el magistrado José Luis González Armengol, ha pedido ya formalmente la dimisión del presidente del CGPJ por “incumplir sus funciones como miembro de un órgano colegiado, deslealtad frente a la carrera y no garantizar la independencia judicial en las negociaciones y acuerdos privados que ha mantenido con el Ejecutivo, ocultando su verdadero alcance a la Carrera Judicial”. Y ello con independencia de anunciar otras acciones de reivindicación del conjunto de la “carrera judicial y fiscal” que auguran serios enfrentamientos con la política continuista de Mariano Rajoy.

La sorprendente actitud “zapateril” de Rajoy se podría ilustrar con algunos otros ejemplos significativos de resistencia a las reformas políticas y de prácticas edulcorantes de la realidad económica, cosa innecesaria porque ya ha demostrado que su palabra vale poco y, sobre todo, que carece del coraje político necesario para afrontar con éxito estos críticos momentos. La traición a su programa electoral y sus cambios de postura a conveniencia, le van mostrando poco a poco como un político mareado, asustado y nada previsible, marcado con la misma o parecida impronta del inefable ZP: si ambos, uno enfrente del otro, se mirasen en un mismo espejo de doble cara, es muy posible que sólo viéramos el anverso y el reverso de una imagen personal idéntica.

La diferencia política más acusada entre Rodríguez Zapatero y Rajoy quizás confronte la simplicidad del primero, que permitía ver venir sus torpezas desde lejos, con la retorcida reserva del segundo, capaz de aplicar a su mejor amigo la cicuta del silencio mientras le baila el agua interesada a su peor enemigo. Lo malo es que el actual presidente del Gobierno se empeñe en remedar al Zapatero más genuino, porque corre el riesgo, no de alcanzar su escasa altura política y sus ocho años en el gobierno, sino de quedarse sólo en un “Zapaterín” de tres al cuarto.

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