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Coincidiendo con su entrega inicial, la entonces ministra de Defensa, Carme Chacón, anunció en julio del año pasado la construcción de cinco unidades más: tres para patrullaje (BAM-P), una para salvamento y rescate (BAM-SR) y otra de investigación oceanográfica (BAM-IO)

Los estudios iniciales del primer programa de Buques de Acción Marítima (BAM), se iniciaron en 2005, estimando un consumo de 3.130.000 horas de trabajo, 270.000 de ellas de ingeniería. Un año más tarde, el 31 de julio de 2006, Navantia y la Armada española firmaron la Orden de Ejecución de las cuatro unidades previstas.

El primer BAM (“Meteoro” P-41), fue entregado a la Armada en la Base Naval de Rota (Cádiz) el pasado 28 de julio, en un acto presidido por la entonces ministra de Defensa, Carme Chacón. Tras realizar las pruebas pertinentes, la Armada tiene prevista su entrada en servicio en el transcurso del próximo mes de marzo.


Las principales características técnicas de estos buques son:

  • Eslora Total: 93,90 m
  • Manga Máxima: 14.20 m
  • Puntal a Cubierta de Vuelo: 7.2 m
  • Desplazamiento en Plena Carga: 2575 t
  • Calado de Escantillonado: 4,4 m
  • Velocidad Máxima: 20.5 kn
  • Autonomía (a 15 nudos): 8.000 millas
  • Dotación: 35 efectivos
  • Capacidad adicional: 35 efectivos

BAM P-1 “Meteoro”

Junto a un mantenimiento ágil y económico, los BAM incorporan tecnología de última generación en sistemas de combate, comunicaciones y de mando y control, además de equipos médicos avanzados. Pueden operar en alta mar de forma prolongada y bajo condiciones meteorológicas adversas. imprimirSu polivalencia les permite desempeñar una gran variedad de misiones: escolta, protección y control del tráfico marítimo, apoyo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en el control de los espacios marítimos,  salvamento y rescate marítimo, protección del medio ambiente y lucha contra la contaminación…

Esta versatilidad fue destacada por la titular de Defensa durante la entrega del “Meteoro” P-41, señalando que “un mismo BAM tiene capacidad para vigilar nuestras costas, para actuar como hospital de emergencia en caso de catástrofe humanitaria o para combatir la piratería en las aguas frente a Somalia”. Una flexibilidad que según Carme Chacón “exigen las misiones del siglo XXI”.

 

Coincidiendo con el acto formal de aquella entrega, Chacón asistió también a la inauguración del Muelle nº 4 de la Base Naval de Rota, construido para incrementar la capacidad de apoyo a las Fuerzas Marítimas de la Alianza y enmarcado dentro del Programa de Inversiones en Seguridad de la OTAN. Su ejecución ha tenido un coste de 46,50 millones de euros, de los que la Alianza ha asumido 24,32 millones (un 52,3 por 100 del total) y España 22,18 millones (el 47,7 por 100 restante).

El nuevo muelle, que tiene una longitud de 398,5 metros y una anchura de 51.5 metros, permitirá utilizar las portas-rampas de buques tipo “Castilla” y del L-61 “Juan Carlos I”. Además, dispone de centros de transformación eléctrica, conexión a redes de datos y telefonía, suministro de agua potable y sistema de descarga y gestión de aguas sucias procedentes de los buques, cubriendo además todos los suministros de combustibles.

El punto crítico

El Ministerio de Defensa inició hace unos años un ambicioso programa de renovación y modernización de la flota de la Armada española. En él se han ido incluyendo las fragatas F-100, los submarinos S-80, el buque de proyección estratégica “Juan Carlos I”, el buque de aprovisionamiento de combate y los buques de acción marítima, con la finalidad confesa de adecuar sus medios materiales a las nuevas amenazas.

La sustitución de los antiguos patrulleros por los BAM es una de las principales prioridades de ese programa, cuya operatividad permitirá, en efecto, sustituir a otros buques de mayor porte y coste (tipo Fragata) en misiones de control del espacio marítimo como la reciente “Operación Atalanta” desarrollada en el Índico. En cuanto a las versiones de investigación oceanográfica y de salvamento y rescate, los nuevos BAM sustituirían a buques que actualmente desarrollan las mismas funciones y que se encuentran también en sus últimos años de servicio, como el BIO “Las Palmas” o el buque de salvamento “Neptuno”.

Todos estos programas de construcción naval, algunos de ellos todavía en curso, están consolidando un conjunto de capacidades operativas de la Armada española que, en algunos aspectos, cabría discutir profundamente. Pero lo cierto es que también se han diseñado para desarrollar un sector industrial caracterizado (supuestos estratégicos y tecnológicos aparte) por su gran conflictividad laboral, e incluso para aliviar las tensiones sociales y políticas que produce de forma intermitente. De esta forma, la eventual modernización de la Armada no deja de ser un subproducto de la política industrial y de empleo público y, sobre todo, un fenómeno que no se da, por ejemplo, en relación con las superiores necesidades de modernización material del Ejército de Tierra.

¿Dirige la Armada española, o al menos orienta, su modernización material? ¿O, sin poder desarrollar una política de prioridades propia, se limita más bien a vestir el muñeco comercial de Navantia con una flota poco coherente con las necesidades reales de la defensa nacional? ¿Dónde situaríamos en ese caso los BAM y dónde los portaeronaves F-1 y L-61?

La discusión sobre la modernización de las Fuerzas Armadas es un tema serio y delicado que trasciende sin la menor duda la noticia puntual de la entrada en servicio del primer BAM, cuyo programa total de nueve unidades quizás sea uno de los mayores aciertos en la planificación de la flota de la Armada. Pero como comentario marginal si que cabe recordar que el objetivo político prioritario de los presupuestos de Defensa (que no son los de otros ministerios, incluido el de Industria), es obvio: dotar a las Fuerzas Armadas de los recursos económicos necesarios para dimensionarlas y mantenerlas eficazmente operativas en relación con el Objetivo de Fuerza Conjunto (OFC), derivado de la Directiva de Defensa Nacional (DDN) y proyectado en el Plan Estratégico Conjunto (PEC), tanto en el plano material como en el de recursos humanos.

Una prioridad que el plano material deben considerar los principios de necesidad, realismo y coherencia, de forma que se pueda definir y desarrollar un proceso continuado de Plan/Programa/Presupuesto que garantice la máxima eficacia y eficiencia de las inversiones, respondiendo con horizontes de medio y largo plazo a cuánto debe gastarse y a cómo y quién debe gastarlo. O dicho de otra forma, gastando lo necesario pero de la mejor forma posible.

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