Alexander Dugin

Hemos entrado en una fase de guerra abierta con Ucrania y resulta inútil seguir llamando eufemísticamente a este conflicto Operación Militar Especial. Por otro lado, no es una guerra de Rusia contra Ucrania, sino de Occidente contra Rusia: en el mismo momento en que las tropas estadounidenses comenzaron a lanzar misiles dirigidos hacia nosotros podemos hablar de una declaración “bélica”.

Pasado este punto hemos entrado en un conflicto, especialmente ahora que se han usado misiles para volar la central nuclear de Zaporiyia y provocar un desastre nuclear. Rusia hubiera sido capaz de cumplir todos los objetivos de la Operación Militar Especial si Estados Unidos, la OTAN y Occidente no estuvieran apoyando al régimen terrorista de Kiev. No obstante, la guerra ya ha comenzado y Occidente no deja de escalar el conflicto, hemos llegado a un punto irreversible. Es necesario que tanto el pueblo como el gobierno ruso comprendan esto. Es por eso que ya en lugares como Chechenia y Crimea ha comenzado a declararse la ley marcial y la movilización general. Muy pronto esto también ocurrirá en otros territorios fronterizos.

Para entender las razones del actual conflicto debemos dividir la geopolítica rusa contemporánea en tres períodos:

1.      Un primer período que empieza en 1991 con el colapso de la URSS y la capitulación de Rusia frente a Occidente. Nuestra capitulación implicó el descuartizamiento de nuestro territorio (Rusia-URSS = Imperio Ruso) y el continuo desmoronamiento de la Federación de Rusia a causa del separatismo de muchos de nuestros territorios. Occidente impulsaba en ese entonces el lento proceso de desintegración de nuestro país, aunque Yeltsin – de forma bastante torpe e inconsistente – trato de frenar ese proceso cuando se lanzó a la Primera Guerra Ruso-Chechena. La derrota de Rusia implicaba la aceptación tácita de aquello que llaman en Occidente la “descolonización” de todo nuestro territorio, es decir, la desintegración de nuestro país y el dominio político de los liberales (un gobierno prooccidental impuesto por los vencedores).

2.      El segundo período comenzó con la llegada de Vladimir Putin al poder y el cambio de nuestra política interna, lo cual implicó la restauración de la soberanía nacional rusa y la supresión de los procesos separatistas– algo que parecía imposible en ese entonces –. El gobierno ruso también decidió que el mejor curso de acción era no enfrentarse directamente a Occidente y creo la ilusión de que Rusia estaba de acuerdo con el globalismo y de ese modo evitar la vigilancia occidental, así ganábamos tiempo para realizar otras cosas. La estrategia funcionó y nuestra victoria en la Segunda Guerra Ruso-Chechena implicó que estos pasaron de ser separatistas y enemigos de Rusia a convertirse en fieles aliados. El separatismo también dejó de operar en otras regiones de nuestro país. Fue así como reforzamos nuestra soberanía y comenzamos nuevamente a influir en la política internacional. Sin embargo, Occidente empezó a percibir esto con miedo y reaccionó de forma negativa, lo que preparó las condiciones del actual conflicto. Los globalistas decidieron tomar el control directo de Ucrania en el 2014 y fue así como organizaron y apoyaron un golpe de Estado que llevó a una oscura junta de neonazis rusofobos al poder. Ahora todos ellos trabajan para Estados Unidos y la OTAN. Moscú decidió en ese momento reunificarse con Crimea y apoyar al pueblo del Donbass en su lucha, pero este equilibrio terminó por romperse el 24 de febrero del 2022.

3.      Ahora estamos entrando en el tercer período geopolítico de la Rusia contemporánea que implica una guerra abierta con Occidente. Sin duda será un período muy difícil y decisivo de nuestra historia, por lo que es imposible evitar o impedir tales acontecimientos. La única alternativa que queda es la rendición completa, aunque eso no detendrá la guerra geopolítica de Occidente contra Rusia que pasa de una etapa caliente a una fría en ciertas condiciones. Ahora estamos en una etapa caliente. Occidente no puede permitir la existencia de una Rusia soberana, independiente y autónoma. Lo mismo se aplica a China y otros países que quieren conservar su soberanía. Para el globalismo solo pueden existir los Estados liberales, militarmente integrados a la OTAN y que promuevan la creación de un Gobierno Mundial. El resto deben ser destruidos. Es aquí donde queda claro el profundo racismo de Occidente: cualquiera que piense diferente debe ser borrado de la faz de la tierra. Tal forma de ver el mundo no es una novedad, pues Occidente siempre ha visto las cosas de ese modo, especialmente ahora que el liberalismo se ha fusionado con la ideología de género y el odio abierto que profesan las élites globalistas contra las instituciones tradicionales como la religión, el Estado, la familia, la ética y la creación de seres post-orgánicos y una vigilancia totalitaria. Es el nuevo “mundo feliz” en medio de una Matrix tecnológica.

Es precisamente por eso que Occidente rechaza la idea de una Rusia soberana. Esa es la razón por la cual Occidente apoya abiertamente organizaciones terroristas y atentados contra nuestro país, nuestro pueblo y civilización. Estamos en guerra y nada se puede hacer para impedirla. De hecho, era imposible evitar esta guerra desde el principio, pues existe una lógica de la historia que lo impide: quienes desean mantener la hegemonía de la unipolaridad a cualquier costo siempre se enfrentaran a todos aquellos que se les oponen y aboguen por la creación de un mundo multipolar. Quien sea que gane esta guerra decidirá el futuro del mundo, si es que queda alguien vivo. Rusia ya está luchando esta guerra y es muy posible que China, otro polo soberano del mundo multipolar, se sume a este conflicto dentro de poco.

Ahora bien, no debe sorprendernos que en los últimos días estén estallando tantos conflictos alrededor de Rusia, especialmente entre nuestros aliados: la guerra entre Azerbaiyán y Armenia o Tayikistán y Kirguistán está volviendo a un primer plano; y ni hablar de las promesas de los políticos georgianos de abrir un segundo frente contra Rusia en el Cáucaso, la reactivación artificial del conflicto entre Transnistria y Moldavia, las continuas amenazas contra Bielorrusia y su presidente Alexander Lukashenko o los intentos de aislar la región de Kaliningrado y los bombardeos llevados a cabo contra regiones rusas como Crimea, los oblast de Belgorod, Voronezh, Kursk, Rostov y Krasnoda. Todos estos son intentos de los Estados Unidos de poner en marcha la estrategia de la Anaconda con la intención de estrangularnos. No obstante, los rusos buscamos una forma de sobrellevar el peso de todo esto y por eso realizamos la última cumbre de la OCS: buscamos aliados para la multipolaridad fuera de Occidente.

La Tercera Guerra Mundial ha comenzado. ¿Qué hacer?:

1.      Antes que nada, aceptar las cosas como son, ese es el primer paso. La opinión publica rusa es incapaz de captar la profundidad de los acontecimientos que se están produciendo como tampoco entiende el significado de la historia y la irreversibilidad – fatalidad – que implican tales cambios. Pongamos un ejemplo: un ladrón entra a una casa y asesina a los dueños mientras estos duermen. En otra ocasión este mismo ladrón entra a una casa, pero los dueños están despiertos y comienza a pelear con él. En caso de que nadie en Rusia este despierto para cuando este momento llegue, significa que no habrá salvación.

2.      El segundo paso es declarar el estado de excepción: no en todas partes, pero sí en los sitios más vulnerables, especialmente en las zonas fronterizas donde ya ha comenzado la guerra. Igualmente se debe incluir las áreas donde las autoridades perciban que es posible que estallen conflictos ¿Acaso no se hizo lo mismo durante la epidemia del Covid? Hubo lugares donde se introdujeron medidas muy duras y otras partes donde no. No obstante, el Kremlin controló la situación. Es necesario imponer la ley marcial y esgrimir el siguiente eslogan: “Todos al frente, todos marchando hacia la Victoria”. Es nuestra responsabilidad y en caso de que cometamos errores debemos corregirlos. Pregunta: ¿estamos listos para hacerlo?

3.      El tercer punto tiene que ver con reorientar nuestra economía hacia la guerra: los patriotas odian las políticas económicas de nuestro gobierno, pero hasta ahora Rusia se ha mantenido a flote a pesar del asedio que estamos sufriendo. Muchos creían que la economía era el eslabón más débil de nuestro país, pero ha resultado ser todo lo contrario. Sin embargo, este es un asunto secundario, lo principal es poner nuestra industria y sistema financiero al servicio de la guerra. Los soldados que luchan en el frente necesitan equipo urgentemente: armas, vehículos, drones, chalecos antibalas, dispositivos de comunicación, ropa y medicamentos. Es un asunto de vida o muerte suministrar estos elementos a los soldados y voluntarios que combaten contra nuestros enemigos. El sabotaje y la corrupción deberán recibir la pena capital. El hecho de que nuestros combatientes no cuenten con lo que necesitan para luchar es muy triste.

4.      En cuarto lugar, es necesario comenzar la movilización general de la sociedad. La mayoría de los expertos dicen que no es necesaria, pero faltan suministros y personal cualificado para librar la guerra. Existen muchas personas que pueden ir al frente, pero no contamos con los suministros para equiparlos. Es necesario crear las condiciones tanto materiales como psicológicas para que puedan luchar: pasar de la paz – o la ilusión de la misma – a la guerra requiere de buenos argumentos y los medios de comunicación deben proveerlos.

5.      Finalmente, es urgente promover una cultura del despertar y la sociedad debe entender las razones de nuestra lucha: la educación, el arte y los medios de comunicación deben ser reorientados para cumplir estas expectativas. Los científicos, artistas, filósofos, periodistas y profesores deben responder una y mil veces las siguientes preguntas: ¿Quiénes somos? ¿Quiénes son nuestros enemigos? ¿Por qué luchamos? ¿Cuáles son las causas de la guerra? ¿Cuáles son las tradiciones, ideales y valores por los que estamos dispuestos a derramar nuestra sangre, soportar muchas penurias y recibir varios golpes? ¿Quiénes son los que nos agreden? ¿Por qué nos odian tanto? ¿Por qué quieren destruirnos? ¿Qué clase de mundo quieren construir? La cultura del despertar será nuestra ideología, la ideología de la victoria.

Ahora bien, mucha gente sigue pensando en términos de fidelidad y traición, algo que resulta imposible en las condiciones actuales. No se puede hacer nada y ya no hay vuelta atrás. Aquellos que están de nuestro lado han decidido defender nuestras ideas, mientras que aquellos que se pusieron del lado de nuestros enemigos han firmado su sentencia de muerte. Por otro lado, Occidente y Rusia no pueden ser evaluados según los mismos criterios: Occidente busca imponer su soberanía sobre todo el planeta, mientras que Rusia combate por mantener su forma de vida y existencia. Occidente todavía goza de muchos territorios, en cambio, nosotros nos encontramos entre la espada y la pared: no tenemos a donde ir. Ahora Occidente está atacándonos en nuestro propio territorio y no podemos esperar que tengan misericordia de nosotros, todos lo sabemos. Lo único que nos queda es alcanzar la victoria en nombre de los que han muerto, los que todavía están vivos y los que aún no han nacido y quizás no tengan oportunidad de nacer. Todo eso depende de nosotros.

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