Alexander Dugin

El 30 de septiembre del 2022 se ha producido una inflexión histórica: hemos alcanzando el clímax de una serie de sucesos trascendentales. Ese día todo tuvo un significado importante: las palabras, las acciones, las firmas y especialmente las expresiones, el contexto y la pronunciación de cada discurso.

Definitivamente ha sucedido un cambio tremendo: no se trató de un acontecimiento rutinario o la continuación de una tendencia anterior, sino de un nuevo comienzo. Los platónicos hablaban de “epístrofe”, que significa “cambio brusco de dirección”, “cambio de curso”, “cambio de rumbo” y, en sentido alegórico, “retorno a las fuentes”. El 30 de septiembre del 2022 se produjo una “epístrofe” en la política rusa, el conflicto en Ucrania y la historia del mundo.

La incorporación a Rusia de cuatro nuevos óblast – la RPD, la RPL, Jerson y Zaporiyia – tras la celebración de referendos populares se ha convertido en un evento de mucho mayor trascendencia que la reunificación de Crimea. Rusia ha comenzado a cuestionar el espíritu de los Tratados de Belavezha (los cuales Putin insinúa en su discurso) junto con toda la historia postsoviética y del resto del mundo. El discurso de nuestro presidente también mencionó varios conceptos importantes como la “Gran Rusia”, “país-civilización”, Primavera Rusa, “misión de liberación”, multipolaridad, “soberanía estratégica”, “desarrollo soberano”, anticolonialismo, rechazo radical de la hegemonía occidental y del orden mundial unipolar. Putin atacó el orden mundial creado por Occidente por ser racista, neocolonial e imperialista, un apartheid en todos los sentidos del término. Las máscaras han caído y Rusia nuevamente da un giro para abrazar su propia existencia histórica que implica una confrontación directa con el Occidente colectivo. Esta confrontación implica una lucha en todos los sentidos:

  • Geopolítico (la batalla entre el poder terrestre, Land Power, contra el poder marítimo, Sea Power, por el Rimland; el primero tuvo que aceptar su derrota y retirarse temporalmente);
  • Civilizacional (Rusia es un país-civilización particular y distinto del Occidente colectivo moderno y posmoderno, el cual durante toda su historia se ha proclamado universal y propone su modelo como el único verdadero; Rusia es una civilización única que tiene su propia identidad y tiene derecho a existir independientemente de Occidente);
  • Económico (las relaciones económicas entre Rusia y Occidente se han derrumbado a una velocidad asombrosa y la destrucción del North Stream por los anglosajones marca el divorcio económico definitivo);
  • Cultural (Rusia toma partido por los valores tradicionales, por el derecho del ser humano ha seguir siendo humano, la fe, la familia, la libertad y la justicia, rechazando con ello el individualismo, el post-humanismo, la cultura de la cancelación, los LGBT, el feminismo, la legalización de las perversiones y el satanismo occidental);
  • Y militar (tanto en Ucrania como en las nuevas fronteras occidentales de Rusia se está produciendo un feroz enfrentamiento militar donde nuestro enemigo de facto, aunque no de iure, es la OTAN, la cual ha armado y supervisado a los nazis ucranianos).

Todos estos puntos fueron expuestos explicita y literalmente por Putin durante el discurso que llevó a la adhesión de los cuatro nuevos óblast a Rusia, por lo que podemos decir que contiene los fundamentos de una ideología que acaba con una cita del filósofo Iván Ilyín, siendo este un juramento de fidelidad a Rusia y la Idea rusa. Por supuesto, tales palabras se encuentran lejos de la proclamación de la Idea de la Victoria, pero no dejan de ser bastante claras y consistentes con los principios que darán nacimiento a la misma. Solo se puede ganar esta guerra si somos realmente conscientes de lo que somos y de lo que está ocurriendo, solo así comprenderemos los riesgos, juegos, recursos y opciones que tenemos. Y eso fue lo que ocurrió el 30 de septiembre: se han acabado las medias tintas, compromisos, eufemismos, fórmulas simples e ilusiones sobre la verdadera naturaleza de Occidente. Este trascendental discurso de Putin estuvo precedido por una serie de medidas fundamentales, siendo cada una de ellas muy importante para poder comprender el contexto de los acontecimientos de ese 30 de septiembre. Tras nuestra reciente retirada de Járkov y el avance de las Fuerzas Armadas Ucranianas nuestros lideres han decidido tomar medidas claras. La celebración de referendos de adhesión de estos cuatro óblast – necesarios si se quería afianzar de forma completa e irreversible a estas regiones dentro de nuestro entramado jurídico y social – tuvieron el siguiente significado:

  • Anunciar la movilización parcial dentro de Rusia (condición indispensable para el fortalecimiento numérico y cualitativo del ejército ruso, que ahora está atravesando por varias dificultades);
  • Introducción de una legislación sobre la deserción (eliminando el problema de los 500 – rechazados por contrato –),
  • Endurecimiento frente a la perturbación del orden y aclaración de los conceptos de “ley marcial” y “tiempo de guerra”.

Paralelamente, los anglosajones volaron los gasoductos del Nord Stream en un intento de cortar definitivamente cualquier cooperación económica entre Rusia y Europa continental (principalmente Alemania). Mientras tanto, ha llegado al poder en Italia una coalición antiglobalista de derecha – no muy amistosa hacia Rusia, pero tácticamente útil –.

La ceremonia de reunificación y el discurso de Putin añadieron una dimensión crucial a todos estos acontecimientos técnicos absolutamente necesarios dentro del actual contexto internacional. Lo más importante es que nuestro presidente ha proclamado finalmente una ideología rusa basada sobre los principios de la Ortodoxia – junto a las otras confesiones tradicionales de nuestro país –, las ideas eslavófilas, eurasiáticos y el recuerdo de las hazañas del pueblo soviético. Ha quedado claro contra quién luchamos y por qué estamos en guerra. En su discurso Putin habló tangencialmente de Ucrania, ya que se dedicó antes que nada a atacar al Occidente colectivo, las élites liberales, el globalismo, el racismo civilizatorio, la hegemonía mundial y los desesperados intentos occidentales de mantener la unipolaridad a cualquier precio. Ucrania no fue considerada como un actor independiente, sino sólo como una herramienta al servicio del globalismo y movilizada por una ideología nazi rusofoba usada contra nosotros: más que un país Ucrania es un campo de batalla donde luchan diferentes civilizaciones, el hecho de que cuatro de sus óblast hayan elegido unirse a Rusia demuestra claramente lo que piensa el pueblo ucraniano; la mayoría de los ucranianos se encuentra a favor de volver al seno de nuestra civilización eslava. Cualquier avance de Rusia hacia su frontera occidental significará la liberación de más de nuestros compatriotas y la derrota de la hegemonía occidental junto con sus pervertidos y sangrientos patrocinadores. La lucha contra el régimen de Kiev es similar a una operación antiterrorista: no tiene sentido hablar con ellos, sino con sus amos. Y eso es lo que dice Putin en su discurso.

Rusia ha entrado en una nueva etapa ahora que comienza octubre del 2022: la etapa de la Idea rusa. Lo que suponíamos, predecíamos y esperábamos con ansias por fin ya tiene un nombre: Rusia es una civilización cuyo código cultural es la Tradición y que se contrapone a otro código que es antitradicional, anti-humanista, falso, agresivo, explotador, neocolonial, terrorista y malvado. Occidente es guiado por un código que considera que su civilización es un modelo universal que debe ser impuesto en todo el mundo y que nadie tiene derecho a desafiarlo. Uno tiene que elegir entre uno de los dos y cualquiera que no esté de acuerdo con Occidente será tildado de “fascista”, “agente de Putin” o “rusófilo”. La rusofobia se ha convertido en la ideología del globalismo occidental: una ideología que apesta a odio. Ser ruso o estar del lado de Rusia significa que uno está del lado de la Verdad. Tal dimensión ideológica nos obliga nuevamente a combatir a la oposición liberal dentro de Rusia y a las redes y grupos prooccidentales terroristas que operan dentro de nuestro país. La mayoría de estas redes son dirigidos desde Kiev.

Otro punto importante es la vergonzosa huida de muchos jóvenes por miedo a la conscripción y la guerra en un momento crítico y crucial de nuestro país: no se trata simplemente de un intento de salvar su pellejo o miedo a la muerte, sino de una capitulación frente al mal. Han cometido un crimen moral parecido al de Judas: primero contra su propia alma y luego contra su nación, Estado, antepasados, descendientes e historia. Lo importante no es qué piensa una persona común y corriente del actual gobierno ruso (del cual se puede desconfiar e incluso criticar), sino de nuestra lealtad hacia la Patria, la civilización y la cultura. Huir o no huir, traicionar o no traicionar a nuestra Patria es una elección existencial. El destino de Judas fue muy triste: no pudo asumir su crimen y terminó colgándose. Hoy, desgraciadamente, muchos jóvenes han huido de Rusia escogiendo seguir esta senda tortuosa llena de desprecio y asco. Pero también ha sucedido lo contrario: los que no sólo aceptaron movilizarse, sino ofrecerse como voluntarios a la luz de los actuales cataclismos históricos realizan una verdadera hazaña moral, espiritual y religiosa. Siguen el camino de la lealtad y el honor que conduce a la luz y la santidad. Han conseguido realizar su propia “epístrofe”: un regreso hacia su propia esencia y naturaleza espiritual.

Ante tales acontecimientos las cuestiones técnicas de la guerra pasan a un segundo plano, pues los territorios que van desde Luganks hasta Zaporiyia ahora nos pertenecen: liberar las zonas que aún se encuentran ocupadas por el enemigo se ha convertido en una tarea nacional. Sin embargo, no habremos terminado nuestro trabajo hasta que no liberemos todos los territorios de Novorrusia que van desde Járkov hasta Odessa. Solo entonces podremos comenzar a considerar que haremos con los territorios de Ucrania Occidental y Central. Sin embargo, esta es una cuestión aparte, ya que lo importante ahora es frenar la contraofensiva de los nazis de Kiev. Por supuesto, deberemos sacar conclusiones de nuestro fracaso y retirada de Járkov, algo que resulta bastante esencial. Ahora bien, hemos definido por fin nuestro marco ideológico fuera de la campaña militar. La guerra contra Occidente ha adquirido una dimensión completamente diferente: es una batalla espiritual entre el Bien y el Mal. En el momento en que un guerrero se da cuenta de esto en el fondo de su alma, la lucha pasa a tener un significado completamente distinto. Solo entonces la retaguardia en casa comienza a trabajar con tal de obtener la victoria, invirtiendo todas sus fuerzas con tal de ganar. Es así como los héroes pueden luchar hasta exhalar su último aliento con tal de defender su libertad. Toda guerra santa tiene estas características y esta es sin duda una de ellas.

No obstante, no hay tiempo para la euforia: es necesario que comprendamos la enorme responsabilidad histórico-metafísica que ahora recae sobre cada persona, es decir, sobre cada uno de nosotros, además de nuestro Estado y pueblo. Lo más importante ya ha ocurrido: todo tiene sentido y eso significa que todos los inconcebibles sacrificios que han roto nuestro corazón, tanto los del pasado como los del futuro, no han sido en vano.

Rusia ha pasado el punto de no retorno

Oleg Ladogin

Sin exagerar mucho, podemos decir que la actualidad se convertirá en un hito aparte en la historia de Rusia, junto con las conquistas de Pedro I, la guerra de 1812 y la Gran Guerra Patria de 1941-1945.

Por supuesto, el 30 de septiembre pasará a la historia rusa como la fecha de la devolución de las tierras que se separaron como consecuencia de la pérdida de la URSS en la Guerra Fría y su posterior colapso. El hecho de que el etnocidio de la población de habla rusa se llevó a cabo en el territorio de la antigua Ucrania postsoviética no requiere pruebas especiales. Basta con mirar la dinámica del cierre de escuelas con el idioma de instrucción ruso y la ley sobre los pueblos indígenas de Ucrania, donde simplemente no hay rusos entre ellos.

Después del golpe de Estado neonazi en Kyiv, durante ocho largos años la gente del Donbás fue objeto de genocidio, como dijo el presidente ruso, Vladimir Putin. Rusia ha venido a poner fin a esta larga guerra.

El discurso del presidente ruso en la ceremonia de firma de los tratados sobre la admisión de la República Popular de Donetsk, la República Popular de Lugansk, las regiones de Zaporozhye y Kherson en Rusia pasará a la historia incluso más que su famoso "discurso de Munich" de 2007, que dibujó un parteaguas en el concepto geopolítico de Rusia.

Quisiera llamar la atención sobre el hecho de que en este extenso discurso, que parecía inspirado por la "cuestión ucraniana", la palabra "Ucrania" se mencionó solo cinco veces. Ucrania no es de ninguna manera la razón principal de la operación militar especial en curso de Rusia. Al dirigirse a los militares que participan en la NMD y a sus familiares, el Presidente centró especial atención en “por qué está luchando nuestro pueblo, qué enemigo se nos opone, quién está lanzando al mundo a nuevas guerras y crisis, sacando su sangriento beneficio de esta tragedia”.

Este enemigo ya se ha quitado la máscara: los círculos gobernantes del llamado "Occidente colectivo" han demostrado con el ejemplo de Ucrania lo que están preparando para toda la humanidad. “Todo este tiempo Occidente ha estado buscando y sigue buscando una nueva oportunidad para golpearnos, debilitar y destruir a Rusia, con la que siempre han soñado, dividir nuestro estado, enfrentar a los pueblos entre sí, condenarlos a la pobreza y extinción”, dijo Vladimir Putin.

Occidente está dispuesto a pasar por encima de todo para preservar el sistema neocolonial, que le permite parasitar y saquear el mundo a expensas del poder del dólar y los dictados tecnológicos, cobrar verdaderos tributos a la humanidad y utilizar la principal fuente de ingresos. prosperidad inmerecida: la renta de la hegemonía. "Es precisamente en la codicia, en la intención de mantener su poder ilimitado, que hay verdaderas razones para la guerra híbrida que el 'Occidente colectivo' está librando contra Rusia". dijo el presidente. Recordó que las pretensiones de dominación mundial en el pasado se han hecho añicos más de una vez por el coraje y la firmeza de nuestro pueblo: “Rusia siempre será Rusia. Defenderemos tanto nuestros valores como nuestra Patria ahora”.

Después de que Rusia anexó cuatro nuevos territorios, todos los rumores sobre el "acuerdo" entre Rusia y Occidente, que fueron promovidos por "información privilegiada pro-Kyiv" sobre los antiguos territorios ucranianos, se disiparon sin ambigüedades. El jefe de Estado señaló que los acuerdos con Occidente valen poco: "Los acuerdos en el campo de la seguridad estratégica van a la papelera, los acuerdos alcanzados al más alto nivel político son declarados ficción. Firmes promesas de no expandir la OTAN hacia el este, como tan pronto como son comprados, nuestros antiguos líderes se convierten en un sucio engaño".

El presidente de Rusia mencionó que fue Occidente quien pisoteó el principio de la posguerra de la inviolabilidad de las fronteras, por lo que no tiene derecho moral a decidir qué personas merecen la autodeterminación y cuáles no. Los habitantes de Crimea, Sebastopol, Donetsk, Lugansk, Zaporozhye y Kherson han optado por Rusia.

La hegemonía de Occidente tiene un marcado carácter de totalitarismo, despotismo y apartheid, siguen dividiendo a los pueblos entre ellos y los demás. La rusofobia que ahora se extiende por todo el mundo es racismo banal. En contraste con la política colonial seguida por Occidente, fue Rusia la que lideró el movimiento anticolonial en el siglo XX.

Del mismo modo, las élites de Occidente actúan incluso con sus aliados. Estados Unidos todavía está ocupando Alemania, Japón, la República de Corea. "Estados Unidos, impulsando la renuncia total de la UE a la energía y otros recursos rusos, está conduciendo prácticamente a la desindustrialización de Europa, a apoderarse por completo del mercado europeo; todos entienden, estas élites son europeas, entienden todo, pero prefieren servir a los intereses de otros pueblos, esto ya no es servilismo, sino una traición directa a sus pueblos” señaló Putin.

El presidente de Rusia señaló que Occidente ha sobreestimado su fuerza y ​​ha sido durante mucho tiempo una ilusión. La guerra relámpago de sanciones contra Rusia fracasó, la mayoría de los estados se negaron a implementar las sanciones impuestas contra Rusia y "está claro que el modelo neocolonial actual está finalmente condenado".

Sin embargo, sus verdaderos dueños se aferrarán a él hasta el final, por lo que no se puede descartar que recurran a los viejos esquemas de superación de la crisis según el principio “la guerra lo borrará todo", dijo el presidente.

El jefe de Estado señaló la dictadura de las élites occidentales para introducir las ideas de "progenitor #1" y " progenitor #2", así como la idea de géneros múltiples, está dirigida contra todas las sociedades, incluidos los pueblos de propios países occidentales. Esto no es más que una completa negación del hombre, el derrocamiento de la fe y los valores tradicionales. Para nosotros todo esto es inaceptable, queremos un futuro diferente, el nuestro.

Según Putin, la mayoría de la comunidad mundial ve en la multipolaridad una oportunidad para fortalecer su soberanía, lo que significa ganar la verdadera libertad, una perspectiva histórica, su derecho a un desarrollo independiente, creativo, original, a un proceso armonioso. "Dentro de los más diversos países y sociedades, un movimiento de liberación, anticolonial contra la hegemonía unipolar ya se está desarrollando en su naturaleza. Su conciencia solo crecerá. Es esta fuerza la que determinará la futura realidad geopolítica". – claramente definido por el jefe de estado.

El Presidente enfatizó que hoy luchamos por un camino justo y libre, ante todo por nosotros mismos: "El campo de batalla al que nos ha llamado el destino y la historia es el campo de batalla de nuestro pueblo, de la gran Rusia histórica", "hoy luchamos , para que a nadie se le ocurra que Rusia, nuestro pueblo, nuestra lengua, nuestra cultura pueden ser arrebatados y borrados de la historia. Hoy necesitamos la consolidación de toda la sociedad, y esa cohesión sólo puede basarse en la soberanía, la libertad, la creación, justicia".

En la publicación "Rusia está pasando el punto de no retorno" del 23 de enero de 2022, basada en un análisis de la situación en torno a Ucrania y los resultados de las negociaciones sobre garantías de seguridad para Rusia y Estados Unidos + OTAN, se concluyó que Rusia no esperaba coordinar interminablemente nuevas reglas del juego con Occidente y jugará según sus propias reglas. Durante su discurso, el presidente dijo: "Rusia es una gran potencia milenaria, un país-civilización, y no vivirá de acuerdo con las reglas falsas y amañadas (de Occidente)".

Ahora podemos arreglar que Rusia ya ha pasado este "punto de no retorno", y al agregar cuatro nuevos sujetos, podemos existir solo jugando con nuestras propias reglas en un gran juego geopolítico, de lo contrario seremos destruidos.

El mismo material señaló que muchos subestiman el nivel de crisis del sistema mundial, que también se llama la "tormenta perfecta", una combinación de factores que inevitablemente cambiará el mundo. El presidente ruso lo formuló así: “El mundo ha entrado en un período de transformaciones revolucionarias de carácter fundamental”, “el colapso de la hegemonía occidental que ha comenzado es irreversible como nunca antes”.

Obviamente, con este discurso, Vladimir Putin señaló un nuevo vector geopolítico para Rusia como alternativa al sistema neocolonial existente en Occidente. Nadie debería hacerse ilusiones, ya está en marcha una guerra híbrida contra Rusia y, aunque ahora Occidente quiere luchar contra nosotros con la ayuda de los ucranianos, debemos estar preparados para el hecho de que las élites occidentales intentarán llevar el sistema a un colapso, al que se puede culpar de todo, o recurrir a la guerra en toda regla.

Vale la pena apreciar la importancia del momento histórico. En agosto de este año, China cedió ante los EE. UU. ante los ojos de la comunidad mundial al no responder adecuadamente a la provocativa visita de Nancy Pelosi a Taiwán. Ahora, casi como hace un siglo, solo Rusia es capaz de mostrar un camino alternativo para el desarrollo de la humanidad.

Occidente, con las ideas del transhumanismo de Klaus Schwab, ya preparaba para la gente común el destino de un acto sin rostro en un “campo de concentración digital”. Ahora bien, estas ideas antihumanas no están destinadas a hacerse realidad, y Rusia construirá su propio futuro, y nosotros, que ahora vivimos en él, debemos hacer todo lo posible para conseguirlo.

 

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