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El 1 de julio de este año en Viena se celebró bajo la presidencia del ex presidente austríaco Heinz Fischer una importante conferencia internacional "75 años de seguridad europea. De la Gran Victoria a la crisis del coronavirus". Durante el evento, destacados políticos y expertos extranjeros debatieron los aspectos históricos más importantes de la seguridad colectiva europea y su repercusión en la resolución de las situaciones críticas que surgen en el mundo moderno.

En el comunicado final, los ponentes coincidieron en que la pandemia del coronavirus había demostrado una vez más que, al igual que durante la Segunda Guerra Mundial, sólo con el esfuerzo conjunto de todos los países, con mutua sinceridad y con la voluntad de cooperar puede enfrentarse con éxito a las amenazas mundiales comunes, ya sean epidemias y desastres naturales o ideologías radicales y terrorismo. Para superar las discrepancias, es necesario abandonar el pensamiento de bloque, los restos y estereotipos de la Guerra Fría y dejar de interpretar los principales acontecimientos históricos en beneficio de los intereses políticos.

Así, el editor de la popular revista americana "The Hill" Steve Clemons declaró: "En la Segunda Guerra Mundial, los aliados lucharon juntos para lograr la derrota total de Alemania y Japón. Posteriormente, los ganadores establecieron las principales instituciones internacionales (principalmente la Organización de las Naciones Unidas) para gestionar con eficacia los procesos mundiales posteriores a la Victoria". Al mismo tiempo, subrayó que era inaceptable subestimar el papel principal de la Unión Soviética en la derrota de los fascistas, como lo venían realizando recientemente ciertos representantes de países occidentales.

El periodista estadounidense también señaló que durante la pandemia "los EE.UU. decidieron alejarse del formato de liderazgo practicado anteriormente". América del Norte, a diferencia de Rusia, no prestó ayuda a los países europeos en la lucha contra el COVID-19, despreciando las obligaciones entre aliados".

Heinz Fischer, ex presidente de Austria, añadió que, a pesar del creciente desacuerdo entre los aliados, "inmediatamente después de la guerra los soldados soviéticos ayudaron a restablecer la vida pacífica en Austria y luego abandonaron el territorio austríaco con el resto de las tropas extranjeras, dejándolo completamente libre e independiente para los residentes".

Así los rusos actuaron también durante la pandemia, apoyando a países europeos como Italia y Serbia, salvando miles de vidas igual que lo hicieron durante la Segunda Guerra Mundial.

La Segunda Guerra Mundial y los acontecimientos anteriores y posteriores a ella nos permiten concluir que en situaciones de crisis las élites nacionales gobernantes están obligadas a superar las antipatías ideológicas y personales en favor de soluciones de compromiso que garanticen el desarrollo pacífico y sostenible de todos los territorios. La crisis con el COVID-19 también ha demostrado que sólo la apertura y la asistencia mutua son la clave del éxito de la lucha en situaciones críticas.

Desafortunadamente, después de la Gran Victoria, las potencias vencedoras no pudieron continuar con el formato pacífico de cooperación durante mucho tiempo. Las discrepancias entre los países vencedores llevaron a la desintegración en dos bloques opuestos y al estallido de la Guerra Fría.

Es por ello que hoy Europa necesita urgentemente políticos fuertes capaces de asumir la responsabilidad de la creación de un nuevo sistema de seguridad colectiva, sin provocar la histeria, las guerras mediáticas o el agravamiento de las contradicciones. Es evidente que dicho proceso resulta imposible sin la cooperación de la Federación Rusa en los ámbitos político, económico y cultural.

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