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Alexander Dugin. Hace relativamente poco se produjo un golpe de Estado en Guinea. Es interesante que este pequeño país africano, muy rico en minerales, se haya vuelto famoso.

El joven coronel Mamady Doumbouya derrocó al anciano presidente Alpha Condé. Pero, ¿a quién le importarían tales acontecimientos? Pues a mucha gente, porque África se está volviendo cada vez más importante para todos. Y eso incluye a Rusia, que durante mucho tiempo la había ignorado. No obstante, nuestros ojos regresan a este lugar.

África vuelve a ser importante ahora que estamos transitando de un mundo unipolar a un mundo multipolar. Mientras duro el momento unipolar, producto del colapso de la URSS, parecía obvio que sólo Estados Unidos y sus socios menores dominarían el mundo. Sin embargo, este sistema dejó de funcionar en algún momento y tras la vergonzosa retirada de los estadounidenses de Afganistán y el rápido triunfo de los talibán (después de 20 años de insensata y brutal ocupación, sumado a una costosa guerra que no llevo a ningún lado), da la impresión de que el actual liderazgo globalista, a cargo de un presidente senil, se ha vuelto cada vez más patético. Han comenzado a aparecer nuevos actores internacionales y ahora son estos nuevos actores los que juegan un rol muy importante dentro de la geopolítica mundial.

Rusia y China, como nuevos polos del mundo multipolar, han sido los primeros en asumir este papel. Por otra parte, la vieja Europa, dirigida por Inglaterra y Francia (anteriormente hechas a un lado por los estadounidenses), trata de volver a ser relevante. Tanto Gran Bretaña como Francia, veteranas potencias coloniales, han comenzado a comprender que la OTAN se está cayendo a pedazos, sin hablar de que la hegemonía de Estados Unidos se está viniendo abajo y, por lo tanto, ha llegado el momento de perseguir sus propios intereses.

Todos estos acontecimientos afectan a África. Por su parte, Rusia y China intentan ofrecerles a los africanos otra clase de alianzas y estrategias dentro de este mundo multipolar. China hace grandes inversiones en África, mientras que Rusia vende tecnología militar y se dedica sobre todo a cooperar en sectores energéticos y en la minería. Sin embargo, ni China ni Rusia, a diferencia de Occidente, desean imponer una ideología o una política especifica a los africanos. Por lo tanto, a África le conviene mucho la multipolaridad, porque sería la oportunidad para superar de forma definitiva el difícil legado dejado por el colonialismo occidental. Es por eso que Rusia y China serían aliados naturales para conseguir este objetivo.

Países como Turquía y otros Estados musulmanes han comenzado a participar activamente en este juego multipolar.

Ahora bien, todo esto ha reavivado los recuerdos del imperialismo francés y británico. Y aunque Estados Unidos está retirándose lentamente de todas partes, tampoco se puede descartar su interés en explotar África, solo que en el marco de la nueva y desconocida multipolaridad.

El golpe de Estado en Guinea sucede en medio de esta lucha. El depuesto presidente Alpha Condé había establecido fuertes lazos con Rusia, especialmente en todo lo que tiene que ver con la explotación del aluminio. Además, Condé tenía importantes relaciones con Ankara y Pekín. No obstante, Condé también era un aliado de Francia, ya que Guinea siempre hizo parte de la zona de influencia francesa en África Occidental; las relaciones de Condé con Sarkozy eran bastante cordiales, mientras que con Macron eran muy turbulentas. Muchos medios de comunicación reaccionaron instintivamente al golpe del coronel Doumbouya diciendo que lo más probable era que Francia estuviera implicada.

Guinea siempre ha conocido la lucha entre dos grupos étnicos rivales: los malinka y los fulbe (o peul). El depuesto presidente Condé pertenecía a la etnia malinka. Su principal oponente, Cellou Dalein Diallo, es fulbe. Pero la etnología no explica el golpe de Estado que ha acontecido, pues el actual jefe de la junta militar, Doumbouya, pertenecen al mismo grupo étnico que el depuesto presidente Alpha Condé, siendo ambos de la etnia malinka.

Por lo que volvemos al mismo problema, ¿acaso Francia está detrás de todo esto? En realidad, no. Una de las figuras políticas más importantes de África, Kemi Seba, conocido enemigo del colonialismo (sobre todo de la Françafrique) y duro crítico de la globalización y del liberalismo promovido por Soros, publicó un comunicado en el que apoyaba el golpe de Estado realizado por el coronel Doumbouya. Kemi Seba llamó a Alpha Condé un “dictador” y un “lacayo de Francia” que estaba al “servicio de Soros”. Todo aquel que sea amigo de Soros debe ser considerado como un enemigo de la humanidad. Eso lo entienden hasta los niños más pequeños. Por lo que este golpe militar no es necesariamente malo para Guinea.

Los defensores de la multipolaridad observan con cautela lo que sucede. Por otra parte, la “junta” militar de Guinea (como la llaman los medios de comunicación extranjeros) ha prometido mantener todos los lazos y acuerdos que ha firmado con Rusia y China. Además, no se puede descartar que es nuevo gobierno, harto de que Alpha Condé se aferrara desesperadamente al poder, termine asumiendo una posición favorable a la multipolaridad.

Rusia se interesa cada vez más y más en África y eso lo vemos en el acercamiento de nuestros políticos a países como RCA, Mali, Sudán y Somalia. Aunque no todo va bien. No obstante, Rusia es un polo del mundo multipolar y debe participar en todas partes del mundo con la intención de mantener la paz y promover la amistad, la solidaridad y la voluntad de cooperación entre los pueblos. Los rusos nunca han colonizado o esclavizado a los africanos, por lo que somos diferentes a los países occidentales como Francia. Es por eso que debemos preguntarnos: ¿no debería ser nuestra tarea liberar a los pueblos y sociedades de África? Tradicionalmente hemos tenido muchos lazos de amistad con estos pueblos. ¿No deberíamos retomar este camino?

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