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La administración militar está poniendo trabas a la repatriación de soldados caídos en combate, en los campos de Rusia, con la División Española de Voluntarios para luchar contra el comunismo, más conocida popularmente como División Azul. Estos soldados dieron “Todo por la Patria”, como reza en las puertas de entrada de todos los acuartelamientos españoles, encuadrados en unidades militares bajo la Bandera de España.

El Teniente General Aramburu sentenció que murieron lejos de España pero por España, y contribuyeron con el ejemplo de su valor y buen hacer militar a que fuera respetada la neutralidad española, disuadiendo posibles planes de invasión de nuestros territorios. La excusa para evitar o retrasar la repatriación es exigir al familiar que solicita su repatriación que corra con los gastos de la misma, sin especificar su cuantía, seguramente para que tenga efectos disuasorios. El problema no es que sea una decisión política, sino que las instrucciones vienen firmadas por mandos militares (Dirección de Asistencia al Personal) cuyo último responsable es Jefe del Estado Mayor del Ejército, el General Fulgencio Coll Bucher.

Si el problema es financiero, también podía el Cuartel General del Ejército, dentro una lógica meramente “capitalista”, pasar la factura a los familiares de los repatriados caídos en combate en Afganistán. Pero las ceremonias de homenajes a los caídos que realizan todas nuestras unidades militares de forma periódica y en actos solemnes, se hacen en honor de todos los caídos de todos los tiempos. Si no estamos dispuestos a cumplir con nuestros caídos, como manda la tradición, y estamos dispuestos a dejarlos en el campo por un mísero puñado de euros, más vale que por vergüenza suprimamos los actos de honores a los caídos, tan bonitos pero vacíos de contenido, e incluso los toques diarios de oración en todos los acuartelamientos. La División Azul escribió una de las mayores gestas bélicas de España del siglo XX, reconocida internacionalmente. Allí quedaron en el campo del honor los laureados capitanes Massip y Huidobro, Teniente Galiana, Alférez Rubio Moscos, Cabos Pérez Castro, Generoso Ramos y Ponte Anido.

¿Alguien se ha preocupado de su paradero? ¿No tiene nada que decir la Real y Militar Orden de San Fernando? Actualmente hay facilidades de las autoridades rusas, así como datos y procedimientos que hacen factibles su localización e identificación. Las gestiones para localizarlos se están realizando de forma privada. ¿También el Ejército va a cobrar a los familiares los gastos de repatriación de los laureados y medallas militares? Los caídos de la División Azul quedaron en campo enemigo y su recuperación y entrega a los familiares que lo requieran entra de lleno en el Espíritu de Compañerismo del Credo de la Legión: “con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos”. Por cierto, la Legión tiene más de cien legionarios que, cumpliendo con los espíritus de combate y de acudir al fuego, se alistaron en la División Azul y allí sucumbieron en lucha, sin que ni siquiera hayan merecido el honor, bien ganado, de que se inscriban en el Libro de Oro de La Legión.

Un caso concreto. Miguel García Mena nació en Huércal-Overa (Almería) en el año 1921, hijo de Andrés y María. Se alistó en División Azul como soldado. Siendo destinado a la 6ª Compañía del II Batallón, del Regimiento 262. Su batallón fue mandado, a finales de enero de 1943, urgentemente, a taponar una brecha abierta por los soviéticos a nuestros aliados alemanes. El batallón cumplió con su misión y cerró la brecha, en unas condiciones climatológicas muy adversas, con gélidas temperaturas y copiosa nieve. El coste fue muy alto.

El batallón fue transportado al combate en 24 camiones, y solamente un camión fue suficiente para transportar de regreso a los que quedaron ilesos. El capitán Massip consiguió la Laureada de San Fernando, a costa de su vida. El soldado Miguel García Mena fue herido, el 22 de enero en uno de estos combates, por una bala en el pecho. Evacuado, no pudo llegar a ningún centro hospitalario y falleció en el trayecto. Fue enterrado en el cementerio de campaña español de Sluzk, junto a sus compañeros caídos en esta batalla, en una fosa común, pero perfectamente localizado. Recientemente, al levantar el cementerio, sus restos han sido trasladados al cementerio militar de Pankovka, cerca de Nowgorod (Rusia), donde reposan en la fila 29, fosa 1478.Su hermana Carlota solicitó oficialmente, en febrero de 2011, la repatriación de sus restos, perfectamente localizados e identificados, para que descansen junto a los restos de sus familiares en el cementerio local.

La contestación del Ejército de Tierra, firmada por un coronel, es que los gastos correrían a cargo del interesado (podemos suponer del caído). Ha pasado un año y la hermana sigue sin tener más noticias, cuando el trámite en estos casos no lleva más que unas semanas.

Colectivo Alborán

*El ‘Colectivo Alborán’ lo forma un grupo de altos mandos del Ejército español, retirados y en activo, que cuentan con una cualificada experiencia militar y una notable preparación académica. A todos ellos les une un denominador común: el amor a España y la preocupación ante los acontecimientos que vive nuestra nación.

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