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Legionarios de Melilla han dicho “Basta”. Denuncian que se lleve a cabo la exposición organizada por el Gobierno autónomo de Melilla (PP), donde el artista almeriense Andrés García Ibáñez denigra al Cristo de la Buena Muerte, el Cristo de los Tercios Españoles. La serie “Los putrefactos”, en la que se encuentra integrado el cuadro,  llegará a Melilla tras no abrirse camino en ningún otro punto de España. La serie “Los putrefactos”, inspirada en el libro del mismo título que nunca llegaron a escribir Federico García Lorca y Salvador Dalí, contará con una sala permanente de exposiciones, pese a que la técnica y la figuración no están nada de moda en el mundo del arte, y menos en España. “Mi obra resucita heridas no cicatrizadas”, es “subversiva” de la España rancia y tradicional, indica el pintor.

La responsable de la exposición es la consejera de Cultura de la Ciudad Autónoma, Simi Chocrón, de obediencia judía, quien recientemente se vio envuelta en otro escándalo relacionado con la edición de unos libros sobre el Judaísmo en Melilla. Según ha publicado Alerta Digital, la titular de Cultura se gastó 70.000 euros en la compra de unos libros manipulados y tergiversados sobre Melilla y el Judaísmo.

El diario Norteafrica.com informa que alrededor de 14 militares pertenecientes a La Legión se reunieron hace unos días con un representante de este medio para “expresar el sentir de todos los legionarios” frente a la exposición del pintor almeriense. En uno de sus lienzos, aparece el Cristo de la Buena Muerte escoltado grotescamente por un sacerdote castrense, dos legionarios barrigudos y la cabra mascota del Tercio Gran Capitán. “No podemos permitir que nuestro Cristo de la Buena Muerte, ni tampoco la Legión Española, sirvan para esta clase de insultos. El Cristo de la Buena Muerte ha sido venerado por miles de legionarios que dejaron su vida por España. Es el símbolo más sagrado de la Legión y de sus caballeros”, señalaron los reunidos.

Según el mismo diario melillense, los legionarios conminaron a las autoridades a que tomen cartas en el asunto “por las buenas o por las malas”. “No estamos amenazando a nadie, pero nos están insultando y riéndose de todos nosotros, los legionarios vivos y los que murieron, y esto ha sobrepasado todas las barreras. El comandante general, Álvaro de la Peña Cuesta, debe intervenir de inmediato e impedir que el pintor Andrés García Ibáñez exponga en Melilla”, señalaron al periodista.

Norteafrica.com agrega que los legionarios instaron al jefe militar de la ciudad a que, en caso de que la exposición se celebre finalmente, presente una queja oficial tanto al presidente de Melilla, Juan José Imbroda, como al Ministerio de Defensa.

Por último, los legionarios indicaron que, si el comandante general rehúsa las obligaciones que el honor le exige, “estaría haciendo un flaco favor a la Legión, a los legionarios y al arma de Infantería”, del que forma parte el alto mando castrense.

Las obras del resentimiento

En “El Cristo de la muerte” (2004), un Jesucristo crucificado con cara cadavérica es custodiado por legionarios, una cabra y un religioso.
En “La mortificación del penitente” (2005), unas jóvenes Manolas (mujeres de luto que en la Semana Santa lloran la muerte y celebran la resurrección de Cristo) vestidas con parafernalia sadomasoquista fustigan a un penitente encapuchado.

Otras obras, como las dedicadas a retratos de Manolas, son menos figurativas y, en la deformación del rostro, recuerdan al británico Francis Bacon, aunque la mayor inspiración de Ibáñez en esta serie son “las pinturas negras de Goya”.

Nacido en 1971 en Olula del Río, el pintor almeriense tiene una concepción “fatalista” de la condición humana -así lo plasma en sus cuadros sobre “La masa”, el pueblo ciego y alienado-, por lo que ve poca solución a lo que considera el mayor problema de la sociedad española: su putrefacción.

“La putrefacción es algo consustancial a la sociedad y avanza inexorablemente”, afirma con ironía, pese a la seriedad de sus reflexiones. Cabría preguntarse a qué clase de “putrefacción” se refiere.

Siguiendo el concepto de Dalí y Lorca, para Ibáñez lo putrefacto es “todo lo que está muerto pero se resiste a morir”, en este caso las tradiciones retrógradas de la sociedad española que prosperaron durante la España franquista, y que “deberían revisarse urgentemente”. Aunque el pintor olvida la impresionante cantidad de vivos con los que cuenta el pueblo, que opinan y viven, se emocionan y vibran con lo contrario, arropando al Cristo de Mena y a la Legión cada vez que la imagen pasea por las calles.

Aunque, a pesar de ello, el artista continúa opinando que, “No hay que mantener las tradiciones por el hecho de serlo, algunas de ellas atentan seriamente contra la democracia y el pensamiento moderno”. Sin embargo, contra la democracia también atenta la corrupción, y no hay políticos en esta serie de “Putrefactos”.

Con su particular “revisión” del papel de la religión y otros poderes fácticos tal como él los percibe, Ibáñez aspira a “sacudir la mente” de sus conciudadanos, aunque, al mismo tiempo, está casi resignado a que al menos esta parte de su obra no vea la luz en su país.
Pero como para él pintar es “una obsesión”, y esa obsesión dicta lo que pinta, se ve en la obligación de seguir por la vía “crítica”, aunque haya perdido ya -en este caso, de mutuo acuerdo- los encargos que solía hacerle la Iglesia católica para pintar frescos.

Ibáñez, criado en un entorno tradicional y educado durante años con el Opus Dei, reconoce que es un producto de las circunstancias que le ha tocado “sufrir”.

 

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