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La matanza de Tremseh en Siria no es lo que parecía en un primer momento. Una vez más, un primer relato sobre la guerra civil siria ha quedado desmentido, no por completo, por algunos hechos conocidos después. El ataque del Ejército sirio sobre una ciudad situada en una zona en la que los insurgentes cuentan con un amplio apoyo, apareció descrito como una represalia indiscriminada contra la población civil, similar al ocurrido en Hula. A pesar del reducido número de periodistas extranjeros sobre el terreno, Hillary Clinton no tuvo dudas: había “pruebas indudables de que el régimen había asesinado a civiles inocentes de forma deliberada”.

Los vídeos y las denuncias de la oposición siria construyeron un relato que ha quedado puesto en duda por el primer informe de un equipo investigador de la ONU, según la crónica desde Beirut de Neil MacFarquhar, del NYT. Sí hubo un ataque de los militares sirios con tanques y artillería, pero parece que en su mayor parte se trató de un enfrentamiento directo con un alto número de insurgentes refugiados en Tremseh. El ataque se dirigió “contra grupos específicos y casas” en las que se encontraban milicianos y desertores. La posibilidad de que hubiera también víctimas civiles obviamente no se puede descartar, pero la mayor parte de los cadáveres corresponde a hombres de entre 19 y 36 años, que podrían ser combatientes. Es cierto que algunos quizá no lo sean pero, a diferencia de Hula, no hay un alto número de cuerpos de mujeres y niños, en cuyo caso se puede descartar que participaran en los combates.

El Observatorio Sirio de Derechos Humanos, con sede en Gran Bretaña, afirma que 90 de los 130 muertos identificados son hombres jóvenes: “La mayoría de las personas muertas en Tremseh son combatientes rebeldes del pueblo o de los pueblos cercanos”.

Con tal número de bajas en un enfrentamiento claramente desequilibrado, el uso de la palabra matanza es adecuado. Pero en los titulares de los medios y las declaraciones de los políticos escribirla evoca una represalia contra la población civil. Y no es lo mismo que lo que ha ocurrido, aunque todas las vidas valgan igual.

También desde Beirut, Martin Chulov, de The Guardian, recoge algunos testimonios de habitantes de Tremseh. “Dispararon en la cabeza a los civiles [se refieren a francotiradores apostados en azoteas] y luego quemaron sus cuerpos. Esposaron a civiles y les dispararon en la cabeza. Quemaron tiendas y casas con familias dentro. Después, miembros del FSA [siglas en inglés del Ejército Libre de Siria] intentaron entrar en el pueblo para ayudar a enterrar a los mártires y atender a los heridos pero no pudieron”.

Chulov es un buen periodista con amplia experiencia en las guerras de Irak y Siria, pero en este caso el valor de sus fuentes es discutible. Intentan negar que hubiera rebeldes en la zona, cuando otras versiones, no sólo de la televisión oficial siria, afirman lo contrario. Cabe la posibilidad de que los militares se llevaran consigo algunos cadáveres para borrar pruebas, pero es algo que no ha ocurrido en otras matanzas de las que sí ha habido evidencias claras.

La idea de que los rebeldes intentaran entrar en el pueblo destrozado para enterrar a los muertos es insostenible. Combaten al Ejército en condiciones de manifiesta inferioridad, a pesar de la ayuda que reciben del exterior, y sólo pueden arriesgarse a un enfrentamiento directo si es inevitable. No van a entrar en un pueblo ocupado o controlado por los militares sólo para enterrar cadáveres, algo que pueden hacer perfectamente sus habitantes. Una guerrilla sobrevive si es capaz de salir con el menor número de bajas de un combate de estas características para volver a luchar al día siguiente en mejores condiciones. No es la Cruz Roja.

La versión oficial de la televisión también es ridícula, según la cual los milicianos asesinaron a habitantes civiles de Tremseh. El pueblo está en una zona habitada por suníes, entre los que los rebeldes gozan de amplios apoyos. No es extraño que eliminen –porque lo han hecho anteriormente– a gente de estos pueblos que colabora con el régimen, pero no se dedican a represalias indiscriminadas en zonas en las que más tarde o más temprano van a necesitar la asistencia de sus residentes.

Diferenciar información y propaganda no es sencillo en una guerra civil

Diferenciar información y propaganda no es sencillo en una guerra civil, y está quedando bastante claro en Siria. La propaganda del régimen sirio resulta fácil de desdeñar: siempre son “grupos terroristas” los que atacan a la población civil mientras el Ejército se limita a responder. Me parece estar escuchando las versiones que daban los militares norteamericanos sobre los incidentes con muertes de civiles que ocurrían en Irak.

También la oposición siria ha difundido información falsa que habitualmente aparece reflejada en los medios de comunicación europeos y norteamericanos como si fueran los hechos incontrovertibles.

Leo ahora que en junio Jon Williams, de BBC, tras pasar tres días en Damasco, resaltó lo importante que es que los periodistas cuenten también lo que no saben. A las pocas horas de ocurrir hechos dramáticos como los de Tremseh, es muy difícil o imposible conocer con exactitud lo que ocurrió.

Williams revela un dato que desconocía sobre la matanza de Hula. Diplomáticos occidentales le contaron que no es cierto que muchos de los cadáveres de los 49 niños y 34 mujeres asesinadas allí tenían cortada la garganta. Que estaban muertos es evidente, pero fue la descripción de esa brutal forma de morir la que provocó algunas de las reacciones de condena más contundentes.

Fuente: Íñigo Sáenz de Ugarte

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