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Barack Obama se quedó sin uno de los líderes militares más destacados que, además, caía bien a la Administración de EEUU. El general John Allen, el actual jefe de las tropas de la OTAN en Afganistán, elegido por el presidente de EEUU para ser el próximo comandante supremo de la OTAN en Europa, presentó la renuncia y anunció que se retira de las Fuerzas Armadas.

El país, que todavía está en guerra, no tiene secretario de Defensa: los republicanos  se desviven por evitar que el candidato de Obama, Chuck Hagel, ocupe este puesto.

Crisis en el Pentágono

No hay dudas de que el general Allen se fue porque quiso. Al despedirse de las tropas en Afganistán explicó que quería centrarse en los problemas de salud de su esposa. Hace tiempo le prometió que abandonaría el Ejército para estar con ella y la hora llegó.

Por lo tanto, la administración de Obama perdió, además de a un buen general, al que tenía que ser comandante supremo de la OTAN en Europa al regresar desde Kabul. Es el cargo militar de EEUU más importante fuera del país.

Las relaciones entre el Pentágono y la Casa Blanca siempre han sido complicadas. Cabe recordar un caso reciente: los militares no se llevaban bien con Donald Rumsfeld, secretario de Defensa del gobierno de George W. Bush entre 2001 y 2006 Rumsfeld no dejaba de idear nuevas campañas y los militares debían llevarlas a cabo, pero las campañas fracasaban, como habían avisado los militares. Desde entonces no hay confianza.

En cuanto a Obama, al principio discutía públicamente con los anteriores comandantes en Afganistán sobre lo que había que hacer: ¿atacar? ¿retirarse? ¿primero atacar y luego retirarse?

Al final el presidente estadounidense se peleó primero con uno de los predecesores de Allen, el general Stanley A. McChrystal, y luego con David Petraeus. Con éste último restableció una buena relación que no obstante no fue duradera: en noviembre de 2012 Petraeus, ya director de la CIA, presentó su dimisión tras descubrirse una relación extramatrimonial.

Parece que la cúpula militar estadounidense está pasando por una mala racha, aunque intenta mantener la compostura.

Los problemas de los militares los podría solucionar la designación definitiva del exsenador republicano Chuck Hagel como secretario de Defensa, un cargo clave para impulsar los cambios en el Pentágono. Pero los republicanos del Senado bloquean el proceso de confirmación de su nombramiento.

El presidente de EEUU, Barack Obama, nominó a Chuck Hagel el pasado 7 de enero, y la próxima votación del Congreso tendrá lugar después del 25 de febrero, cuando los congresistas hayan vuelto del receso. Pero no está claro cuándo ni, lo más importante, cómo acabará la candidatura.

Es una situación inverosímil. En la historia del Congreso de EEUU tan sólo el 5% de los nominados ha sido rechazado y nunca la oposición había recurrido al obstruccionismo parlamentario que le permite la ley para impedir la confirmación de un secretario de Defensa.

Crisis política

Existen dos puntos de vista con respecto a lo que está sucediendo en torno a la candidatura de Hagel. Uno es republicano, muy bien formulado por la columnista de The Washington Post, Jennifer Rubin, que representa en este periódico demócrata a la oposición.

Rubin afirma: Obama se ha enfadado con los republicanos por haber tratado mal en el Senado a Susan Rice, que ni siquiera fue nominada como secretaria de Estado. Y por eso nominó a Hagel, una figura odiosa para la oposición estadounidense.

Lo hizo porque quiere un escándalo que demuestre a todo el mundo cómo son los republicanos. Si es así, no tiene precedentes: el presidente pone en peligro la seguridad nacional por salir ganando en una lucha entre partidos.

Aunque no fue Obama el que empezó esta lucha. El bloqueo de la confirmación de Hagel empezó, al igual que en el caso de Rice, con las preguntas al candidato acerca del famoso ataque del 11 de septiembre pasado contra el consulado de EEUU en Bengasi, en el que murió el embajador y otros tres funcionarios. Ni Rice, ni Hagel tienen nada que ver con este episodio, pero los republicanos insistieron en que dijeran si creen que la administración estadounidense mintió al pueblo de su país en aquella ocasión.

También salió a la luz la adversidad del futuro secretario de Defensa contra Israel. Le preguntaron si realmente había dicho en 2008 que “el Departamento de Estado es una sección del Ministerio de Exteriores de Israel”.

Hagel, por cierto, está obrando con mucha prudencia. Declaró en la audiencia que es Irán, el acérrimo enemigo de Israel (y también Corea del Norte y Pakistán) quien representa la amenaza más importante para Estados Unidos  y reiteró que es un “gran defensor de Israel”, al que considera un “amigo” de Estados Unidos. Pero puede que con esto no baste…

El otro punto de vista, el de los demócratas se resume en pocas palabras: un partido republicano como éste es una vergüenza para el país. Debería renovarse y deshacerse de los que ponen en tela de juicio la democracia estadounidense.

¿No será que esta democracia se encuentra en un atolladero? En teoría se supone que el sistema bipartito, o multipartito, es una remedio universal para que el gobierno nunca se olvide de que lo están controlando. Pero, según vemos, no siempre es así.

Algo parecido sucedió con la monarquía absoluta que también parecía en su momento un sistema impecable. Pero sólo es así hasta que llegue al poder alguien como el Emperador ruso Pedro III, alguien absolutamente inepto para gobernar.

Crisis de la infraestructura

El nombramiento del secretario de Defensa no es el asunto más importante de la política actual estadounidense. Sí lo es el dinero. Los problemas financieros se debaten todos los días.

En verano de 2011 Obama y el Congreso decidieron que si no llegan a ponerse de acuerdo sobre el presupuesto público, deuda interior y otras cuestiones fundamentales de la economía nacional, habrá que proceder a la reducción de gastos.

Esto es lo que sucedió: republicanos y demócratas de una comisión especial  fracasaron en su intento de llegar a un acuerdo que reduzca el déficit estadounidense, desatando recortes automáticos de 1,2 billones de dólares a lo largo de los próximos 10 años a partir de la semana que viene.

La guerra entre los dos partidos continúa conforme a un guión bien conocido. Los republicanos quieren hacer ver que a pesar de no haber ganado las elecciones presidenciales son capaces a obligar a Obama a hacerles caso. Obama, a su vez, les provoca para hacer ver a los electores que los republicanos de hoy día son ineptos para gobernar.

¿Qué más? Hace poco hubo un incendio en la localidad estadounidense de Kansas City, donde un camión se estrelló contra un conducto de gas cerca de una popular  zona comercial en el mismo centro de la ciudad.

Esto lleva a pensar en otra crisis sistémica de la que suele hablar el presidente del país, la crisis de las infraestructuras. Obama menciona siempre el envejecimiento de la red vial, de los puentes, la insuficiente infraestructura de comunicaciones, pero no es sólo eso. El centro comercial de Kansas City fue construido en pleno siglo de oro de la arquitectura estadounidense, en 1922. Lo sucedido hace recordar que el Siglo de Oro terminó hace casi cien años.

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