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El pasado 6 de marzo, Tomás-Ramón Fernández Rodríguez, Catedrático emérito de Derecho Administrativo de la Universidad Complutense de Madrid y Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, presentó un interesante Documento de Trabajo auspiciado por la Fundación Transición Española, titulado El Estado de las Autonomías: un Estado débil devorado por diecisiete “estaditos”.

El tema es especialmente conocido por el profesor Fernández Rodríguez, ya que, siendo rector de la UNED, formó parte de la Comisión de Expertos sobre Autonomías constituida en 1981 por acuerdo entre el Gobierno de Calvo Sotelo (de UCD) y la Oposición del PSOE. Dicha comisión se creó a raíz del intento de golpe de Estado del 23 de febrero, cuyos instigadores ponían en tela de juicio el contenido del Título VIII de la Constitución dedicado a la Organización Territorial del Estado, y fue presidida por el profesor Eduardo García de Enterría.

El trabajo realizado ahora por Tomás-Ramón Fernández, se muestra crítico con el vigente desarrollo del Estado de las Autonomías y recoge una inteligente serie de recomendaciones para la revitalización y sostenibilidad de las comunidades autónomas. De hecho, aboga efectivamente por la reforma del Título VIII de la Carta Magna para “reordenar el modelo autonómico” y evitar la “destrucción de la unidad estatal”, como remarcó el ex ministro centrista Rafael Arias-Salgado en el acto de presentación.

En su documento, Fernández Rodríguez, sostiene: “Una Constitución y, por lo tanto, un Estado, no pueden sostenerse si falta el acuerdo mayoritario de la comunidad política. Si queremos que España siga existiendo como tal –y yo lo quiero y como yo muchos, muchísimos, millones de españoles– es absolutamente imprescindible ofrecer cuanto antes a todos ellos un nuevo proyecto capaz de suscitar el consenso perdido”.

Y añade que esto “hay que hacerlo ya, sin demora alguna, antes de que los nacionalistas catalanes y/o los vascos, aunque este segundo frente aparece, hoy por hoy, más calmado, planteen su propio proyecto, más o menos, independentista”; precisando que “si no fuese así, vendría a resultar que unos pocos habrían decidido el destino de todos, lo que es rigurosamente inadmisible en términos estrictamente democráticos”.

En sus notas finales Tomás-Ramón Fernández recuerda la expresión que ya se usaba en la Baja Edad Media: Quod ab omnes tangit ab omnibus aprobetur. Y sentencia: “Lo que a todos atañe debe ser aprobado por todos y a todos los españoles atañe, sin duda, a todos les concierne, a todos les perjudica que una parte de España se segregue del resto porque, sea cual sea esa parte, la amputación debilita el conjunto”.

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