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altSerbia está dispuesta a desarrollar y potenciar las relaciones internacionales con todo el mundo, incluida Rusia. Este es el principal mensaje que transmitió el presidente del país Tomislav Nikolic, durante su visita a Moscú el pasado 30 de octubre.

A pesar de su apretada agenda, el mandatario serbio encontró tiempo para contestar a las preguntas de La Voz de Rusia.

–¿Ha cambiado la posición de Serbia en el escenario político internacional desde que asumió la presidencia?

Este año Serbia ha conseguido un progreso importante: ha abierto puertas que estuvieron cerradas durante mucho tiempo y otras nuevas. Hemos reavivado lazos de amistad con muchos países y llevado las relaciones con algunos de ellos a un nivel más alto. Serbia ya no tiene enemigos, nadie habla negativamente del país, ya no es un país marginado ante los ojos de la comunidad internacional.

Económicamente, somos parte del mundo global. La crisis que todos estamos viviendo fue provocada por las grandes potencias, que tarde o temprano la superarán. Mientras tanto, a nosotros solo nos queda hacer frente a las consecuencias de algo en lo que no pudimos intervenir. Serbia, a día de hoy, ha acumulado una gran deuda, pero estamos implantando una nueva filosofía económica: renunciar al crédito, reconstruir la industria, consolidar relaciones estratégicas. Cada vez son más intensos nuestros contactos con Rusia, China, Emiratos Árabes, algunos Estados africanos. Desgraciadamente Europa es la única que ahora está a la cola del crecimiento económico.

¿Qué eventos culturales podría destacar en Serbia?

Este año se celebró un evento único en su género, el 1700 aniversario del Edicto de Milán, proclamado por el emperador Constantino en el 313, el cual decretó la libertad de culto y ponía fin a la persecución de los cristianos. Serbia fue sede de las celebraciones a las que acudieron los máximos jerarcas de la Iglesias ortodoxa de todo el mundo, incluido el patriarca de Moscú y toda Rusia, Kiril. Creo que fue una de las citas más representativas en la historia de la Iglesias ortodoxa moderna. Y doy fe de que los patriarcas, incluso los que discrepan entre ellos, estuvieron felices de reunirse.

El próximo año planeamos celebrar el centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial, al igual que algunos de nuestros aliados en la también llamada Gran Guerra.

Seguramente no faltarán quienes acusen a Serbia de ser responsable porque el conflicto hubiera estallado. Pero contamos con que Rusia, Grecia, Francia, Gran Bretaña y otros aliados en aquella guerra nos apoyen. Es lógico que los países perdedores quieran conmemorar esa fecha trágica. Pero Serbia, que, al igual que Rusia, sufrió numerosísimas bajas, también tiene derecho a rendir homenaje a los caídos en la Primera Guerra Mundial.

En muchas ocasiones nos dicen que vivimos mal porque nos lo merecemos. Ustedes saben que nuestros pueblos, el ruso y el serbio, tienen un carácter muy parecido: tienen un corazón abierto y generoso y el calor de un hogar para el visitante. Por desgracia, Serbia ahora no dispone de recursos suficientes para dar a conocer y promover su cultura, sus tradiciones, su potencial en el mundo, pero hacemos lo que podemos. Inauguramos el monumento a Nikola Tesla, en Nueva York, con el motivo del setenta aniversario de la muerte del gran científico serbio.

Nuestro país tiene mucho por lo que estar orgulloso y el año que viene será aún más revelador en este sentido.

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