Alexander Dugin

Los redes sociales o tecnologías controladas por Google, Twitter, YouTube, Facebook, Instagram, etc., se oponen a Rusia no porque dependan del gobierno de Estados Unidos. De hecho, son completamente independientes de él y podemos decir que se trata de herramientas al servicio del globalismo o de una oligarquía supranacional que nadie ha elegido. Por supuesto, nadie tampoco les ha dado el derecho a dominar sobre el resto del mundo.

Resulta interesante que estas redes sociales o medios de comunicación también se opongan a los presidentes de los Estados Unidos que no sean de su agrado, usando todo su poder para luchar contra ellos: ¡Eso fue lo que sucedió con Donald Trump cuando fue presidente! Su cuenta de Twitter fue cerrada porque a alguien no le gustaba lo que decía. No obstante, podemos preguntarnos: ¿a quién no le gustaba el discurso de Trump?

Ahora mismo las redes sociales se han retirado de Rusia: nuestro país está siendo castigado por el globalismo. Sin embargo, esta lucha no se reduce a las redes sociales: recordemos que Internet fue diseñado y creado por el Pentágono. Estados Unidos es el país que controla y domina estas tecnologías en nombre del resto del mundo. Lo mismo sucede con el sistema de pagos SWIFT, el dólar y toda la infraestructura económica mundial de carácter especulativo o financiero. Claro, es en estos momentos cuando se hace evidente que han creado un mundo dominado por su tecnología y sus reglas económicas.

Todo el que acepte estas reglas inmediatamente se convierte en su rehén. Lo mismo podemos decir de Microsoft y a Apple, o tecnologías como el Iphone, que están en manos de una oligarquía globalista que se oculta tras la fachada de Estados, sociedades, gobiernos y corporaciones impersonales. Es el dominio del Gran Capital: no se las puede aceptar y creer que se es libre al mismo tiempo. Nuestra única opción es que Rusia se desconecte por completo de Occidente. Ahora mismo Rusia esta dejando de lado su esclavitud con tal de crear su propia alternativa estratégica.

La tecnología no es neutral al igual que el mercado no se basa en el emprendimiento y la libre competencia. Todo eso es un mito: tanto el mercado como la tecnología tienen un mismo amo y en el momento en que las cosas empiezan a tomar una dirección que no le gusta a quienes lo dominan, se cambian las reglas porque ellos tienen el poder para hacerlo. Es más, la tecnología, por su misma esencia, lleva toda clase de venenos: materialismo, explotación, violencia y, en última instancia, vicios. Su objetivo es sustituir al ser, la realidad, el trabajo, la vida, los sentimientos, la moral y el amor por un simulacro.

Podríamos decir que la tecnología es alienación que, tarde o temprano, sustituye lo real por lo virtual, creando un mundo de desinformación, simulacros, ilusiones electrónicas y control de la conciencia de los seres humanos. La tecnología es el enemigo por excelencia de la humanidad y Rusia está padeciendo en estos momentos por ello.

Por supuesto, no existe una tecnología sin dueño. Spengler sostenía que cuando una cultura muere termina por convertirse en civilización tecnológica. Hoy somos testigos de lo que quiso decir: en Occidente ha muerto la cultura y la tecnología se ha salido de control. Es por esa razón que Occidente le ha declarado la guerra a todos aquellos que todavía tienen una relación real con el ser. Muchos rusos han caído en la trampa de la tecnología y creen que es imposible existir sin ella: son víctimas de la guerra psicológica lanzada por la civilización tecnológica occidental. No obstante, resulta imposible rechazar por ahora totalmente la tecnología y sus sistemas operativos, pues quedaríamos totalmente indefensos ante nuestros enloquecidos enemigos. Nuestra única alternativa es desarrollar tecnologías, redes y otros sistemas que se adapten a nuestra propia particularidad histórica. Debemos crear una tecnología que no aliene y destruya, sino nos ayude a renacer y transformar. Eso implica que de ahora en adelante la tecnología tenga una dimensión espiritual.

Rusia tendrá que superar una prueba muy difícil. Cada hora que pasamos luchando en Ucrania es una prueba de que estamos enfrentándonos al globalismo y a la oligarquía mundial. Si queremos triunfar, debemos llevar a cabo un cambio drástico en la realidad. Ha llegado la hora de implementar estructuras, mecanismos y promover una nueva forma de personalidad que nos permita un despertar como pueblo. Rusia se ha preparado para superar esta difícil prueba a lo largo de los siglos de su trágica, pero hermosa, historia. Ahora las máscaras se han caído y Rusia se enfrenta al mal absoluto. Hemos salido de la Matrix, nos han desconectado: caminamos tambaleantes porque no nos hemos acostumbrado todavía a vivir fuera de ella. Los amos de la tecnología creen que moriremos ya que no contamos con sus artilugios, pero nosotros somos ahora un pueblo libre y podremos empezar a ejercer nuestra libertad.