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Por Pedro Pitarch*

Van para cinco los años de fuertes reducciones y recortes en defensa nacional. Todos sus capítulos presupuestarios se han visto afectados. Bueno, todos no, porque el de inversiones se puso al día, al menos por lo que a deuda se refiere, con los 1.782 millones de euros aprobados como crédito extraordinario por Real Decreto Ley, a comienzos del pasado septiembre. El lobby armamentista campa pujante en Defensa; qué obviedad.

En este blog muchas voces han denunciado la pérdida de sustantivas capacidades reales de nuestra defensa. En el actual debate parlamentario del proyecto de ley de presupuestos generales del estado para 2013, las propias autoridades de Defensa han manifestado la enorme escasez de unos presupuestos, que continúan sumergiendo a la defensa nacional en la inoperancia. Lo cierto es que, aunque los inventarios de armamentos permanecen invariables o creciendo, los pilotos no hacen las horas de vuelo necesarias para mantener sus capacidades de combate, muchos barcos están amarrados, la mayoría de los vehículos lucen “sobre polines” y las maniobras y ejercicios son testimoniales. Y así el cuento de nunca acabar. La preparación de la Fuerza y sus apoyos están por los suelos. Qué más da tener buenos inventarios de armas y equipos si desaparece la preparación para manejarlos. Y lo que se pierde en preparación no se recupera fácilmente. Ojalá no tengamos necesidad de comprobarlo.

El Ministerio de Defensa se ha convertido en una especie de taquilla paga-nóminas-armamentos. A pesar de ello —a pesar de lo evidente— el mensaje político sigue siendo ambiguo y poco convincente. Los mismos responsables que advierten del peligro que supone tener unas FAS huecas añaden, a renglón seguido, que se está cerca del límite pero que todavía se mantiene capacidad operativa suficiente. Deben referirse a una, llamémosla ahora que está de moda, capacidad operativa virtual. Y, con lo virtual, todos contentos. Los responsables políticos porque tienen coartada. Los militares porque no tienen otro remedio y, además, “ya lo han dicho”. Y la oposición porque puede colgarse la medalla del magro gasto. La defensa nacional, en realidad, es lo de menos.

Claro que si de lo que se tratara fuera tener un gasto militar capaz de sostener solamente una capacidad de 4.000 militares en operaciones en el exterior, y una enteca parada anual (como la del pasado 12 de octubre), estaríamos en otro escenario de gasto. Porque si tales fueran hoy los objetivos de la defensa nacional (que uno así empieza a sospecharlo), con unas FAS de 35.000 efectivos (incluyendo los del órgano central) habría más que de sobra.

En ese escenario parecen excesivos los 7.400 millones que a buen seguro se gastarán en defensa en 2013 (5.900 del presupuesto, 800 de misiones en el exterior y 700 de armamento). Seamos claros; si solamente existieran aquellos objetivos, el margen para el ahorro sería todavía grande. Que la defensa nacional esté en paños menores parece no importar. Sugiero se pregunte a los jefes de batallón, a los comandantes de los buques o a los jefes de ala si las supuestas capacidades de sus respectivas unidades son reales o meramente virtuales.

Por cierto, y para que nos quedemos tranquilos los que sí estamos preocupados por estas cosas, ¿sabría y podría alguien explicar dónde está ese límite de la operatividad, al que tendemos desde hace casi cinco años, pero que todavía no ha sido alcanzado oficialmente?

* Teniente general del Ejército (R)

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